Jueves, 8 de diciembre de 2016

| 1998/09/14 00:00

JUNTOS PERO NO REVUELTOS

Las diferencias políticas no han minado la relación entre Juan Mesa, ex secretario privado de Samper, y su hermano Gabriel, subsecretario general del presidente Pastrana.

JUNTOS PERO NO REVUELTOS

En un país donde la intolerancia suele mandar la parada no deja de ser insólito que dos contradictores políticos irreconciliables puedan vivir bajo el mismo techo. Más insólito aún si se trata de un samperista furibundo y de un pastranista consagrado. No obstante, esta curiosa escena _que sería algo así como dormir con el enemigo_ se viene presentando desde hace varios años en el hogar de Juan y Gabriel Mesa Zuleta. Por extraño que parezca estos hermanos, que se prestan el carro, almuerzan juntos todos los domingos y comparten sus vacaciones, no solo son como el agua y el aceite a la hora de hablar de política sino que han compartido el honor de trabajar en las toldas de dos de los presidentes más distanciados de los últimos tiempos: Ernesto Samper y Andrés Pastrana. El pasado 7 de agosto Juan, el menor de los cinco hijos de Humberto Mesa y Teresa Zuleta, abandonó su cargo de secretario privado de Samper. En esa misma fecha Gabriel, el tercero, fue nombrado subsecretario general del presidente Andrés Pastrana. Ante esta singular coincidencia no son pocos los que creen que Juan y Gabriel son la versión moderna de Caín y Abel. Sin embargo algo muy distinto piensa su familia. "La gente no entiende que podamos vivir todos juntos. A cada rato me preguntan si ellos dos se hablan", comenta con sorpresa la mamá, quien asegura que la vieja casona familiar no se ha convertido en un campo de batalla a pesar de que en sus cuatro paredes se haya recreado, quizás como en ningún otro hogar, la polarización que el país ha vivido en los últimos cuatro años. Los Mesa sostienen que la fórmula mágica para la paz se resume en una frase : "Dejar que cada quien maneje su avión". Según ellos, esta máxima les ha permitido aprender a respetar sus diferencias. "En mi casa el secreto es que nadie se mete con nadie. Por eso tenemos buenas relaciones", dijo a SEMANA Gabriel. Aunque su tradición conservadora se remonta a varias generaciones, los Mesa se consideran muy flexibles y aseguran que no se han dejado enceguecer por los fulgores de un partido. Esta forma de ver la vida les ha evitado más de un dolor de cabeza. Son tan diplomáticos que ambos pueden hablar durante horas sin que les hierva la sangre. En presencia de terceros no recurren a las pullas y es prácticamente imposible que digan una palabra impropia o que pierdan el control. Incluso hasta ahora nadie ha podido ni siquiera insinuar que el proceso 8.000 los haya desestabilizado.Para algunos esta fuerza les viene por herencia ya que su abuelo, Eduardo Zuleta Angel, fue un conservador que se entendió muy bien con los liberales. "Mi papá fue tachado de liberalizante por los conservadores extremistas. Pero la verdad es que si no hubiera sido por sus amigos liberales quién sabe qué nos habría pasado el 9 de abril", asegura Teresa, para quien el sectarismo político está mandado a recoger. Por esta razón ningún miembro de la familia vio con malos ojos que Juan se enrolara en las filas samperistas y que defendiera a capa y espada al ex mandatario liberal. Ni el propio Gabriel, pastranista de vieja data, trató de disuadirlo. "Yo nunca intenté convencerlo de lo que yo creía y él nunca intentó convencerme a mí", añadió.Este respaldo incondicional se ha hecho tangible en las dos últimas campañas presidenciales. En 1994, cuando Samper derrotó a Pastrana, lo primero que hizo Juan fue llamar a Gabriel y preguntarle cómo se sentía. En esta oportunidad el turno fue para Gabriel, quien tras conocer el triunfo de Pastrana llamó a Juan para averiguar cómo había recibido la noticia.Aunque ambos se reservan sus comentarios sobre su contraparte política son tajantes a la hora de afirmar que nunca filtraron información entre los dos bandos. "Somos muy cuidadosos con lo que hablamos. En la casa tratamos temas cotidianos y dejamos a un lado el trabajo", sostiene Juan.Hogar dulce hogarPero si el color del partido los separa, el amor por su familia los une. A pesar de ser hombres hechos y derechos _Gabriel tiene 31 años y Juan 26_ los dos han decidido vivir con sus padres. "Aunque son muy independientes en sus cosas no me los imagino viviendo solos en un apartamento. Les fascina estar con la familia", dice Teresa. Y es que para los Mesa la vida hogareña es lo más importante. Todos los domingos tratan de reunirse con sus hermanas, María Luisa, Elena y Paula, para compartir una velada sin las presiones de la oficina. Estos encuentros también están mediados por el código del silencio y si bien se toca el tema político a nadie se le ocurre preguntar por quién va a votar el otro. Para relajar el ambiente los problemas se quedan en Palacio y la familia se entrega al humor cachaco de Juan y Gabriel. Este carácter alegre y descomplicado les ha sido de gran ayuda en todas la etapas de la vida. Sobre todo en la adolescencia ya que a diferencia de otros muchachos que preferían mantenerse alejados de los adultos, los Mesa daban cualquier cosa por conocer a los ricos y famosos.Este interés fue cultivado por sus padres, quienes poco a poco los fueron introduciendo en el mundo de las relaciones públicas. Los resultados no se hicieron esperar y en cuestión de meses los jóvenes se estaban codeando con figuras de la talla de Alfonso Palacio Rudas, Darío Echandía y Hernán Echavarría Olózaga. Esta suma de desparpajo, talento y buenos contactos ha hecho posible que los hermanos Mesa se hayan sucedido en la Casa de Nariño. A pesar de estar a años luz en materia política, lo cierto es que Juan y Gabriel han logrado que su madre sea quizás el único ciudadano colombiano que lance vítores al mismo tiempo por Samper y por Pastrana. "Cómo no voy a quererlos si ambos quieren a mis hijos" dice.

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