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| 12/20/2014 10:00:00 PM

Kim Jong-un, el dictador sin humor

El tirano de Corea del Norte causó un escándalo internacional al bloquear la exhibición de una comedia de Sony.

Como cualquier lunes, el 24 de noviembre los empleados de Sony Pictures Entertainment llegaron a sus puestos de trabajo en Los Ángeles. Pero esta vez una calavera roja los esperaba en sus computadores. La imagen venía acompañada del mensaje “‘Hackeados’ por GOP -Guardians of Peace-. Ya los hemos advertido y este es solo el inicio. Hemos obtenido su información interna y sus secretos sensibles”. El ataque obligó a la empresa a desempolvar los faxes y a los empleados a usar papel y el lápiz para trabajar. Esa sería la consecuencia más manejable de la crisis. Nadie imaginaba la dimensión de la pesadilla.

Kim Jong-un, el actual dictador de Corea del Norte, no se permitió ser ridiculizado por Hollywood como su padre en 2004, cuando los creadores de la serie South Park estrenaron la película Team America: World Police, una sátira de marionetas que se burlaba de Kim Jong-il entonces dictador de la República Popular Democrática de Corea. En ese filme, la marioneta que lo representa con nombre propio es irascible, maniática, canta tonadas sobre su soledad, y en su momento es eliminada por la ‘Policía mundial’, que a su vez se mofaba del rol de los Estados Unidos en la escena geopolítica. El gobierno de Pyonyang reaccionó entonces tímidamente. Un diplomático norcoreano en la República Checa pidió a los teatros abstenerse de mostrar la película pues pintaba escenas irreales de la cultura política de su país. A esto, el gobierno checo respondió: “Es absurdo pedir eso en un país democrático”. Pyonyang tomó nota.

Pero el joven Jong-un, hijo y nieto de tiranos, está decidido a ser peor que sus antecesores.  Cuando el tráiler de la película The Interview, en la que James Franco y Seth Rogen usan su rol de periodistas para matar al líder norcoreano, apareció el 11 de junio, reaccionó a través de sus voceros. Primero, calificaron la película de símbolo de la desesperación estadounidense. Días después subieron el tono, y prometieron una respuesta sin piedad si no se tomaban cartas en el asunto. Que el gobierno de Estados Unidos no detuviera el lanzamiento de la cinta sería tomado como un acto de guerra.

Ja Song Nam, embajador de Corea del Norte ante las Naciones Unidas, llevó la queja hasta el secretario general Ban Ki-moon en una carta que expresaba que si permitía el estreno del filme,  el gobierno estadounidense promovía y patrocinaba el terrorismo. El embajador afirmó también que: “Los criminales que se burlan de nuestro líder y cometen actos hostiles contra nuestra República serán castigados como dicta la ley, sin importar donde se escondan”. El gobierno de Estados Unidos desestimó las amenazas, y el estudio y la casa distribuidora, asentados en un país democrático, no imaginaron represalias importantes. Seth Rogen, escritor y actor del filme, aseguró entonces que la ausencia prolongada de Kim Jong-un (que se desvaneció durante 40 días) parecía una estrategia de mercadeo para la película, y comentó: “Es como si le hubiéramos dado a Kim una lista de tareas para promocionar nuestra película, y la estuviera siguiendo al pie de la letra”.

Pero llegó el 24 de noviembre, y el caos se tomó Sony Pictures. La característica masiva y sofisticada del ataque cibernético permitía inferir que había detrás un bolsillo profundo. En un comienzo, más allá de la sospecha, el FBI no logró establecer lazos con Corea del Norte. Según afirmó Joseph Demarest, director asistente de la división cibernética del FBI, “el ‘malware’ que se utilizó hubiera vulnerado a 90 por ciento de las defensas que existen hoy en la industria, y me atrevería a decir que también las del gobierno”.

Las primeras reacciones de prensa se enfocaron en difundir correos entre altos ejecutivos del estudio que revelan opiniones muy controvertidas, y detalles de varias de sus estrellas y guionistas, pero el lanzamiento de The Interview siguió su curso normal. Entonces el grupo hacker escaló sus amenazas hacia el terrorismo. GOP amenazó con atacar los teatros que exhibieran la cinta, advirtiendo: “Les mostraremos, en cualquier lugar en que la película sea exhibida, el amargo destino que espera a quienes buscan diversión en el terror”.

En ese momento el escándalo llegó a su punto máximo, cuando en una decisión controvertida, las cadenas de teatros en Estados Unidos decidieron no exhibir la película. Y Sony contribuyó con lo suyo  al cancelarla, una medida que le costará más de 100 millones de dólares. La medida alcanzó a tocar a Steve Carell, actor que preparaba un thriller sobre Corea del Norte y cuyo proyecto también se fue al traste.  El comunicado oficial del régimen de Kim Jong-un, el dictador sin humor, raya con el sarcasmo: “El ‘hackeo’ a Sony es una acción justa ejecutada por  simpatizantes de la RPDC”.

Con el pasar de los días el lazo de los hackers con la República norcoreana se hizo más fuerte. Al cierre de esta edición, el FBI había identificado como sus principales sospechosos a miembros del Bureau 121, una unidad de seguridad cibernética norcoreana, y no se había descartado que un empleado de Sony con intereses personales les hubiera ayudado. El ataque se lanzó desde servidores de todo el mundo, muchos de estos en China, pero uno detectado en Bolivia coincidió con otro ‘hackeo’ lanzado por el gobierno de Kim Jong-un, en junio de 2013, contra varias páginas web en Corea del Sur.

Más allá de la siniestra personalidad de Kim Jong-un, quien no parece capaz de entender la diferencia entre la realidad y el entretenimiento, y de la temerosa reacción de los exhibidores y de la propia Sony, todo el asunto puso a las autoridades de Estados Unidos y a los medios internacionales a preguntarse sobre el futuro del ciberterrorismo. Con este, muchos casos han probado que nadie está exento de un ataque, y que el futuro está plagado de incertidumbre, miedo y hackers.

Mal expuestos


Antes de hacer amenazas, los ‘hackers’ filtraron a la opinión correos que dejaron mal parados a ejecutivos de Sony y a sus superestrellas.


Los medios, en una actitud que provocó su propia controversia, publicaron las filtraciones reveladas por los ‘hackers’ al servicio de Corea del Norte. Y muchos quedaron muy mal parados.

Por ejemplo, los correos entre la ejecutiva Amy Pascal y el productor Scott Rudin ridiculizan a  varias estrellas como Angelina Jolie, a quien llaman una “niñita consentida mínimamente talentosa” y a Leonardo DiCaprio, a quien llaman “despreciable”.  Y sobre un encuentro que la primera sostendría con Barack Obama,  dicen que las películas que más le gustarían serían Django Unchained, 12 Years a Slave, y The Butler, protagonizadas por negros, con un tono de mofa racista difícil de enmascarar.

George Clooney demuestra   su hipersensibilidad ante las críticas de su película The Monuments Men: “Necesito protección de las reseñas, esto se pone cada vez peor. Hagámoslo un ‘hit’. No he dormido en 30 horas y son las 7 de la mañana”.

El escándalo desnudó cómo los estudios compensan a sus actores dependiendo del género. En el caso de la película American Hustle, los actores masculinos recibieron 9 por ciento de las ganancias de la película, mientras que Jennifer Lawrence y Amy Adams, quienes se robaron el show, recibieron 7 por ciento.
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