Viernes, 9 de diciembre de 2016

| 2010/02/27 00:00

La era Anamarta

La nueva directora del Festival Iberoamericano de Teatro se enfrenta al reto de demostrar que los zapatos de Fanny Mikey no le quedan grandes.

Anamarta saca pecho al recordar que la programación “dejó con la boca abierta al director del Festival del Lincoln Center de Nueva York”. Según Manuel José Álvarez(derecha), el entusiasmo de los espectadores sigue aumentando, pues ya cuentan con el 72 por ciento de nuevos abonados

El pelo azul y alborotado de Anamarta de Pizarro hace juego con el rojo de la silueta de Fanny Mikey en el afiche del XII Festival Iberoamericano de Teatro, colgado detrás de su escritorio. Es inevitable sospechar que el look de la nueva directora tiene algo que ver con el característico estilo de la fundadora del evento. "No pretendo imitarla. Ni ser Fanny II -aclara-. Cuando Fanny murió, volví a peinarme, por tristeza. Pero en diciembre del año pasado fui a una fiesta de disfraces con una peluca azul y el color me quedó gustando. Y me sirve porque no tengo tiempo para andar cubriéndome las canas", confiesa con su habitual simpatía.

Después de 15 años al lado de Fanny las 24 horas del día -porque hasta de vacaciones se iban juntas-, es normal que exista una "especie de simbiosis", bromea Manuel José Álvarez, director de programación y escudero de Anamarta en esta cruzada. "Es curioso, a veces le decimos Fanny sin querer, sentimos que ella sigue entre nosotros. Nos preguntamos 'qué haría Fanny en este caso', o pensamos 'eso nunca lo permitiría Fanny'. Todo el tiempo repetimos sus frases típicas: 'las papas queman', 'no me hinchen las pelotas'". En todos los rincones se siente su presencia. Incluso algunos muebles de su sala fueron trasteados a la sede del festival.

Sin embargo, Anamarta lo tiene claro. El show debe continuar. Hasta hace poco era difícil imaginar un festival sin Fanny. Por eso sabe que en esta nueva edición, la primera sin ella, se juega el legado de su mentora y amiga. "No es justo que una persona se mate toda su vida para nada". Hace alusión a lo que pasó con el Festival de Teatro de Caracas, que se vino a pique con la muerte de su creador, Carlos Giménez. Para ella, el de Bogotá puede sobrevivir sin protagonismos ni nombres propios, gracias al reconocimiento que ha alcanzado y al trabajo del equipo que Fanny dejó entrenado.

Pero Anamarta, de 58 años, también se juega su prestigio, especialmente por la controversia que se desató a raíz de la muerte del alma del festival. A la hora de elegir la cabeza del Teatro Nacional y del festival, instituciones que manejaba Fanny, hubo enfrentamientos, caos, egos, que, según Daniel Álvarez, su hijo, fueron producto de la confusión "por el sentimiento de ausencia".

Mientras muchos le reconocían a Anamarta su habilidad en las relaciones públicas, otros ponían en entredicho su experiencia administrativa. Según su amiga Gloria de la Pava, quien dirige una agencia de talentos, en esa 'miniguerra' sucia se llegó a excesos como que varios directores internacionales recibieran un anónimo en el que la acusaban de haber sido guerrillera, debido a que fue militante de izquierda. "Algunos le pedimos que tirara la toalla por temor a que saliera lastimada. Pero ella se mantuvo firme y eso muestra su talante", afirma Manuel José. Finalmente, un grupo de actores y dramaturgos apoyaron su nombramiento y la junta la escogió a principios del año pasado.

"Estamos hablando de un evento de tal magnitud, que llegué a dudar de que sin Fanny siguiera adelante", admite Miguel Durán, gerente de la Corporación Festival Iberoamericano de Teatro y director adjunto de la Fundación Teatro Nacional, dos entidades que hoy funcionan de manera independiente.

Habrá que esperar lo que pase del 19 de marzo al 4 de abril, cuando se realice, para que el público dé su veredicto. Aunque está a la expectativa, Carlos José Reyes, dramaturgo y director de eventos especiales de los primeros festivales, anticipa que hay espectáculos para no perderse. "Vendrá el inglés Peter Brook, uno de los grandes directores del teatro moderno, que ha montado obras con elencos de todo el mundo. Podremos ver tres versiones de Medea: una japonesa, una coproducción entre Burkina Faso y Francia, y la alemana, con una de las compañías más prestigiosos de Europa, la Volksbühne. Además, hay una oferta colombiana interesante", dice Reyes.

Manuel considera que si bien Fanny dejó "el listón muy alto", la nueva directora ha asumido el liderazgo y le ha dado a la organización su sello propio. "Hace un tiempo me llamó la ministra de Educación, Cecilia María Vélez, extrañada por la tranquilidad de Anamarta, porque según ella, a esas alturas de un festival Fanny ya había gritado que se haría el haraquiri y llorado, además de jurar que ese sería el último Iberoamericano que organizaba. Son dos estilos".

En cuanto al fondo, lo que más apasiona a esta antropóloga de la Universidad Nacional es la labor pedagógica del evento. Desde enero funciona un proyecto con el programa Jóvenes Conviven por Bogotá, para dictar talleres artísticos a muchachos en situaciones de alto riesgo. Organizaciones norteamericanas enseñan a los grupos teatrales colombianos técnicas de mercadeo cultural y establecen contactos para realizar coproducciones con otros países, en una iniciativa llamada Ventana Internacional de las Artes Escénicas (VIA). "Nos han informado que cada dos años, durante el festival, los índices de violencia y delincuencia bajan", explica Anamarta.

El tema social ha sido su obsesión desde cuando era una rebelde que salía a pintar consignas pidiendo la liberación de algún amigo comunista. Todavía se ríe de las rabietas que le hacía coger a su papá Álvaro Rodríguez, político liberal hasta el tuétano, como cuando estuvo presa toda una noche por haber participado en una protesta. Parecería que lo único que sobrevive de esa época es su amor por su compañero de lucha y padre de sus dos hijos, Juan Antonio, hermano de Carlos Pizarro, uno de los líderes del M-19.

"¡Qué va!, sigue siendo una 'mamerta' aunque se muera por la ropa de marca", revela De la Pava. No es casualidad que sus amigos cercanos la llamen 'Coco' no Chanel, sino Pizarro.

Anamarta reconoce que es una sibarita: se muere por el vino tinto, por bailar salsa y por un espectáculo de jazz, tango o flamenco. "Creo que si Fanny aprendió algo de mí fue a disfrutar de una buena comida y a tomarse su tiempo, porque ella siempre andaba a las carreras. Y, sin duda, me enseñó a ser más rápida y práctica a la hora de tomar decisiones, hasta para arreglarme". Quizá por eso está más que habituada al ritmo frenético que Fanny le impuso desde 1993, cuando después de dirigir el Teatro Jorge Eliécer Gaitán se fue a trabajar a su lado y se convirtió en su mano derecha: "Me acostumbré a horario de cárcel La Picota: sé cuándo entro, pero no cuándo salgo".

Ella ha hecho suya la frase de su amiga: "Ríndelos por cansancio". Y en el fondo disfruta el martirio de negociar. "Y cómo no, si lo hacía desde cuando vendía bonos para la revolución -cuenta-. Yo le decía que uno tenía que saber todo de un posible patrocinador, desde qué comida le gustaba hasta si tenía esposa, novia o amante", recuerda.

Por eso, muchos la han calificado de digna heredera de Fanny: "Las cosas no han sido forzadas, siempre hicieron un gran equipo", opina William Cruz, quien hace parte de las juntas del Teatro y del Festival.

En los momentos difíciles es cuando Anamarta más recuerda a Fanny, como en aquella semana "negra", en que todos los patrocinadores le dieron un "no" por respuesta. "Ella tenía muchos agüeros y cuando algo salía mal, cambiaba de actividad, así que decidí hacer lo mismo". Pero también la extraña a medida que el festival avanza, porque aunque está convencida de que a Fanny no le quedó ningún sueño por hacer realidad, estaría brincando en una pata al ver que el director alemán Frank Castorf y otros espectáculos que siempre quiso invitar vendrán este año.

"Quisieron unirse al homenaje a Fanny y hasta bajaron sus costos ", cuenta Anamarta. Y Manuel agrega: "En este momento ella, donde esté, debe estar riéndose. Va a estar feliz cuando vea desfilar una muñeca suya de casi siete metros el día de la inauguración. Puedo oírla diciéndonos con su acento argentino: 'La puta que los parió'".

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