Viernes, 20 de enero de 2017

| 2003/07/13 00:00

La beata paisa

La madre Laura Montoya se convertirá en la primera beata colombiana. El Papa acaba de aceptar el milagro de sanación que realizó.

La beata paisa

"¿Milagros?, de que los hay los hay", responde el doctor Carlos Enrique Restrepo cuando le preguntan si cree en hechos extraordinarios que la ciencia no puede explicar. Después de todo sus años de estudio en la Universidad Bolivariana no fueron suficientes para entender lo que sucedió con una de sus pacientes. Se trata de Herminia González, una mujer de 87 años a la que en 1993 le diagnosticó un cáncer invasor intrauterino por el cual se encontraba en estado terminal. Meses después, sin más tratamiento que morfina para mitigar el dolor, se curó. "Esto fue algo extraordinario que se sale de lo normal. Según mi formación había 99,9 por ciento de probabilidades de que muriera en pocos meses", asegura. Por ello su mejoría se le atribuye a la madre Laura, fundadora de la Congregación de Hermanas Misioneras de María Inmaculada y Santa Catalina de Siena, quien por este milagro será beatificada próximamente.

"Todo comenzó en octubre cuando mi mamá presentó una fuerte hemorragia y la llevamos a la Clínica Cardiovascular de Medellín", recuerda la hermana Amparo Alvarez, hija de Herminia, quien ya lleva 34 años en la comunidad de las Lauritas, como se les conoce. A los pocos días y en ese estado fue atendida por Restrepo, quien de inmediato programó una intervención quirúrgica, pero el resultado no fue nada alentador: "El doctor nos dijo que no había nada que hacer, que simplemente había hecho un tratamiento paliativo, de limpiar algunos tejidos para atender la urgencia del sangrado, pero que el tumor seguía ahí", explica la religiosa. A las pocas semanas la mujer se encontraba postrada en una cama víctima de dolores insoportables y en un estado severo de anemia, situación que padeció por ocho meses. Fue entonces cuando le pidió a su hija que la llevara al Centro Madre Laura, ubicado en Belencito (Comuna 13 de Medellín) y la acostara en la cama que había sido de la fundadora, donde ésta había muerto el 21 de octubre de 1949 a causa de una linfatitis. Y así se hizo. Madre e hija oraron y pidieron a Dios que por intermedio de la madre Laura las ayudara. "Mi sorpresa fue enorme cuando vi que mi mamá ya no estaba sangrando. Desde aquel día ella se fue recuperando paulatinamente y vivió bien hasta los 96 años, cuando murió por un paro cardíaco". Por su parte el doctor Restrepo, por tratarse de un cáncer, decidió esperar varios años para dar su testimonio de que su paciente se había curado por completo: "Soy consciente de que aún había tumor pero a los ocho meses las citologías empezaron a salir normales, ya no había nada".

El pasado 7 de julio el papa Juan Pablo II aprobó este milagro, por el cual Laura Montoya Upegui se convertirá en la primera beata colombiana y podrá ser objeto de culto de veneración. La aprobación de otro milagro permitirá su canonización, un proceso que podría tardar algunos años para verla convertida en santa. Sin duda esta es una buena noticia para su comunidad, que hoy tiene cerca de 1.000 religiosas realizando misiones en 19 países, para Colombia y para las más de 30.000 personas que acuden anualmente a la casa donde vivió sus últimos días y se acuestan en su cama para pedir algún favor. Y al parecer muchos consideran que da resultado. Prueba de ello son las numerosas placas de agradecimiento colgadas de las paredes de su habitación. Ahí se encuentra la de una mujer de Amagá que a los 14 años se acostó en la cama y asegura haberse curado de leucemia (caso que fue enviado a Roma pero que no fue aceptado por la Santa Sede), "y la de muchas parejas con problemas de fertilidad que luego pudieron tener hijos, algo que al parecer también hizo cuando vivía", asegura la hermana Miriam Lotero, que lleva 57 años en la comunidad y fue recibida por la madre Laura.

Sin embargo su obra más importante la realizó en vida: sumergirse en las selvas para atender las necesidades de los indígenas.

Laura nació en Jericó, Antioquia, el 26 de mayo de 1874. En su juventud, para ayudar a su familia, se había dedicado a la pedagogía, especialmente a la catequesis. Pero en 1914 decidió dirigir su labor a los marginados. Por ello el 4 de mayo de ese año emprendió un viaje a lomo de mula hacia Dabeiba con un pequeño grupo de mujeres, entre ellas su madre, con el fin de iniciar su misión con los indios catíos, que habitaban cerca de la región. "Se fueron solas porque todos consideraban que se trataba de una locura y de una aventura quijotesca, más por tratarse de mujeres", explica la hermana Estefanía Martínez, de 80 años, quien a los 6 conoció a la madre Laura cuando visitó el colegio La Inmaculada, donde enseñaba. Y continúa: "El 14 de mayo llegaron y desde entonces el encuentro fue difícil. Por su marginalidad ellos se consideraban como animales y temían a los blancos, pero ella fue a buscarlos hasta sus bohíos". En ese entonces en la Iglesia no existían congregaciones femeninas cuyas estructuras permitieran la evangelización de los grupos indígenas ubicados en lugares selváticos. "Ella fue pionera en América Latina de esta forma de misionar, pues las demás comunidades estaban acostumbradas a las religiosas resguardadas", asegura la hermana Mariela Mejía, quien fue una de las encargadas de llevar a cabo la documentación para el proceso de beatificación.

El primero de enero de 1917, gracias a su labor la Santa Sede aceptó convertirla en religiosa y formar su comunidad con las cinco mujeres que la acompañaron en el viaje. Al morir su congregación ya contaba con 467 religiosas, 71 casas en Colombia, 17 en el Ecuador y dos en Venezuela, todo conseguido en 35 años de lucha. Hoy su legado se ha extendido al mundo entero y sus misioneras están incluso en Haití y Congo, donde trabajan en la creación de centros de salud. En los sitios más apartados ayudan a los indígenas a cultivar la tierra, los instruyen en legislación, han creado centros educativos como en el Caquetá, cerca del río Orteguaza, donde a pesar de la intensidad del conflicto tienen dos colegios de bachillerato agropecuario. Con ello esta mujer es como su nombre, Laura, que se deriva de laurel y significa inmortal.

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