Sábado, 10 de diciembre de 2016

| 2008/10/25 00:00

La bella y las bestias

El asesinato de la 'Britney Spears' libanesa escandaliza al Oriente Medio. El acusado es un amigo del Presidente egipcio y podría ser condenado a muerte.

La bella y las bestias

"Las niñas lindas no tienen suerte" es un proverbio árabe que repitió una y otra vez la abuela de la cantante libanesa Suzanne Tamim durante días, después de enterarse de la muerte de su nieta, a quien encontraron apuñalada y degollada en su apartamento de Dubai. Su muerte se ha convertido en tema de primera página de los diarios de Oriente Medio y la historia la ha dado la vuelta al mundo. Al igual que durante sus controversiales 30 años de vida, llenos de amores y traiciones, el drama una vez más logró opacar todos sus logros artísticos. La gente no la recordará por su talento en vida, sino por la novela en la que se convirtió su terrible muerte.

En esta tragedia, que tuvo como escenario varios países árabes, lo que más ha llamado la atención es que el supuesto autor intelectual del asesinato es Hisham Talaat Moustafa, un multimillonario empresario egipcio, quien además de ser amigo personal del presidente Hosni Mubarak y de su hijo Gamal, hacía parte del Partido Democrático Nacional de Gobierno y era miembro de la Cámara Alta del Parlamento de ese país. Es decir, pertenecía a un grupo de la alta sociedad conocido como 'Los Intocables', quienes se creía estaban por encima de la ley. Aun así, este hombre perdió su inmunidad parlamentaria. El 18 de octubre comenzó un muy publicitado juicio en su contra tras el que podría ser condenado a varios años en prisión o hasta a la pena de muerte.

Suzanne cumplió su sueño de ser cantante en 1996, cuando ganó el concurso de talento Studio Al Fan, de su natal Beirut, el equivalente a American Idol. De inmediato su entonces esposo, Ali Mouzamar, con quien se casó cuando estaba en la universidad, se puso al frente de su carrera y se convirtió en su mánager. Así nació su maldición, el gusto que siempre tuvo por los hombres posesivos que terminaban por controlar todos los aspectos de su vida.

A pesar de que su conservadora familia no estaba de acuerdo con que su hija entrara al mundo del entretenimiento, apoyó su decisión. Lo mismo hizo cuando decidió divorciarse de Mouzamar y regresar a la casa paterna. Pero el primer esposo no estaba dispuesto a dejar ir a su mujer así como así y siguió persiguiéndola, hasta cuando ella encontró refugio profesional y emocional en los brazos del empresario musical Adel Maatouk. Su carrera iba en ascenso y sus fanáticos estaban encantados con su maravillosa voz y sus canciones de amor y sufrimiento. Maatouk entendió que ella era una mina de oro y la ató a un contrato discográfico por muchos años y a un matrimonio infeliz.

Ella volvió a empacar sus maletas y huyó hacia Egipto para alejarse de ese hombre que quería explotarla. En 2003 se oficializó su segundo divorcio y para entonces ella ya hacía parte de la escena bohemia de la alta sociedad de El Cairo. No es secreto en ese país que los hombres poderosos suelen disfrutar de la compañía de actrices, cantantes y bailarinas, con estilos de vida más libres que las demás mujeres musulmanas.

Pronto Suzanne comenzó una relación clandestina con Hisham Talaat Moustafa, el presidente de Talaat Moustafa Group, uno de los conglomerados empresariales más grandes de Egipto, con activos de unos 6.370 millones de dólares. Él la cortejaba con costosos regalos y le daba también una mesada y dinero para cualquier otro capricho que tuviera. Una amiga de Suzanne contó a la revista alemana Der Spiegel que por esa época la cantante comenzó a tener a su disposición grandes fajos de billetes que cargaba, sin pudor, en su cartera.

La carrera artística de Suzanne comenzó a menguar y de los grandes éxitos que había tenido años antes, sólo quedaban los recuerdos. Empezó a vestirse de manera más recatada y ya no salía a tantas fiestas y reuniones como antes. Aun así, la familia de Moustafa no quiso aprobar que él, quien está casado y tiene tres hijos, tomara a la libanesa como su segunda esposa. Varias personas que los conocían creen que sí contrajeron un matrimonio temporal, un concubinato permitido dentro de la ley islámica, pues ella le aseguraba siempre a sus amigos que la relación entre ambos no era pecaminosa.

Pero la relación se fue desgastando y en 2007 ella decidió irse a Londres para alejarse de su amante. En el Reino Unido conoció a un luchador de Kick Boxing, Riad Alazzawi, con quien también inició una relación. Moustafa no pudo perdonar el abandono de Suzanne y comenzó a amenazarla. "Suzanne me contó que él la llamó y le dijo que si ella me dejaba y se casaba con él, le pagaría 50 millones de dólares. Pero que si ella se negaba, iba a matarla", dijo Alazzawi al periódico británico Sunday Times.

Todo indica que meses antes del asesinato, que ocurrió el 28 de julio, Moustafa contrató a Mohsen El-Sokkan, un antiguo jefe de seguridad de su hotel Four Seasons en Sharm el Sheik, para que siguiera a su antigua amante y la matara. El-Sokkan habría recibido dos millones de dólares por el trabajo y llevaba bastante tiempo siguiendo los pasos de su víctima.

Ella se había vuelto a mudar. Acababa de comprar un apartamento de lujo en Dubai y llevaba pocas semanas viviendo allí. Por eso permitió inocentemente la entrada de El-Sokkan cuando este se hizo pasar por uno de los ingenieros de la empresa constructora dueña del edificio. En sólo 12 minutos el asesino a sueldo había rebanado a Suzanne con una navaja suiza. Luego se cambió la ropa ensangrentada, que dejó tirada afuera del edificio, y tomó de inmediato un vuelo de vuelta a Egipto. La Policía de Dubai resolvió el asesinato en pocas horas y El-Sokkan fue capturado apenas regresó a su país. Durante el interrogatorio confesó que Moustafa le había pagado para cometer el crimen.

A pesar de las pruebas, que incluían también grabaciones de llamadas telefónicas entre el autor material y el intelectual, el gobierno egipcio se negó a arrestar al empresario y prohibió a los medios de comunicación publicar cualquier historia relacionada con el asesinato. Pero la presión de los gobiernos de Líbano y Emiratos Árabes, en especial del jeque de Dubai Mohamed bin Rashid Al Maktoum, obligaron a que más de un mes después de los hechos, le quitaran la inmunidad parlamentaria a Moustafa y lo arrestaran.

Durante el juicio, desde una jaula metálica en donde encierran a los acusados en los tribunales egipcios, el empresario dijo: "Aquellos que me arrancan la carne no se preguntan si acaso es razonable que un hombre que se vanagloria de tantos logros es capaz de cometer un asesinato brutal y destruir la reputación de su familia de una manera tan absurda". La mayoría de la opinión pública cree que es culpable. Lo que los ha sorprendido es que exista la posibilidad de que alguien tan poderoso pague por su crimen.
 

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