Domingo, 11 de diciembre de 2016

| 1996/04/29 00:00

LA BODA DEL AÑO

CARTAGENA SE VISTIO DE GALA PARA EL EVENTO SOCIAL DE LA TEMPORADA: EL MATRIMONIO DE MARIA PAOLA LARA Y SANTIAGO CASTELLANOS.

LA BODA DEL AÑO

Marta Isabel Espinosa de Lara es considerada una mujer dinámica, metódica y obsesionada porque todo a su alrededor salga bien. Cada recepción donde los Lara ha sido siempre un acontecimiento, por esto es reconocida como una gran anfitriona. Siendo así, la expectativa en torno al matrimonio la semana pasada, de su única hija María Paola, no podía ser más grande. Como era de esperarse, ninguno de los invitados salió desilusionado.Desde que se efectuó el compromiso entre María Paola y el economista barranquillero Santiago Castellanos, su mamá decidió poner manos a la obra y comenzar con la organización del matrimonio para que nada pudiera fallar. Como María Paola soñó toda la vida con casarse en una de las ciudades más románticas del mundo, pensaron en Cartagena como el lugar ideal para la boda. Y aunque este deseo implicara problemas logísticos inconmensurables, Marta Isabel y su esposo Jaime Lara, accedieron a complacer a su hija. La verdad es que si en algo coincidieron los asistentes fue que cada detalle del evento, cuya planeación duró siete meses, fue escogido con clase y elegancia, desde las invitaciones impresas en Cartier hasta las cajitas de los fósforos diseñadas especialmente para los novios.La novia lució un vestido beige confeccionado por Valentino, completamente bordado a mano. La iglesia de San Pedro Claver estaba adornada con tulipanes importados de Holanda. Nadie sufrió por el calor cartagenero ya que a la entrada de la ceremonia se repartían unos abanicos blancos, adornados con encaje, hechos especialmente para esta ocasión. A la salida de la iglesia también hubo sorpresas para los novios e invitados. En la plaza del Museo Naval los anfitriones tenían preparado un espectáculo de fuegos artificiales. Durante varios minutos las miradas estuvieron dirigidas hacia el cielo con una clara expresión de asombro y admiración. Los recién casados y su corte llegaron a este lugar en una carroza típica completamente adornada de flores blancas y hojas verdes. La sensación para algunos sentimentales era la de un cuento de hadas.En los pasillos del museo una melodía clásica hacía la espera del saludo menos larga y más placentera. "La música _dijo a SEMANA Marta Isabel de Lara_ es la misma que compusieron para las fiestas de Luis XIV en la corte de Versalles". La anfitriona quiso resaltar el contraste del Museo Naval cuya construcción tiene una parte colonial y otra republicana: "En la parte colonial se exhibió todo lo típico de la cultura cartagenera: la canoa con el agua de coco y el negrito atendiendo. En los salones republicanos se reconstruyó el clásico ambiente medieval de Versalles". Para esto último, Marta Isabel contrató a un decorador irlandés, Richard Keer, quien es experto en la ambientación de fiestas y matrimonios de grandes mansiones. El se encargó de todos los detalles. "La altura de los espacios, Keer la manejó con tules blancos colgados del techo cuyas flores fueron pintadas a mano por él mismo. Con el aire, esos tules parecían nubes blancas", manifestó a SEMANA la anfitriona.El Hotel Cartagena Hilton se lució con el menú y la presentación del buffet. Había de todo y para todos los gustos: mariscos y pescados en sus mil variedades, carnes frías, los más deliciosos quesos importados, frutas tropicales y arroces de la región. Esto acompañado de un excelente vino Padronale Principessa Corsini embotellado especialmente para la boda. Los aficionados al dulce luego pudieron disfrutar del pie de coco, el dulce tres leches y mousse de maracuyá. "Los invitados extranjeros, así, tuvieron la oportunidad de probar los platos típicos y quedaron encantados", dijo Marta Isabel Aunque los novios, la familia y sus amigos llevaban tres días de reuniones en Cartagena, bailaron hasta altas horas de la madrugada. Los recién casados permanecieron otros dos días en la ciudad, con el fin de tomar un corto descanso antes de emprender su luna de miel, que transcurrirá por varias ciudades de Europa durante un mes. No hay duda de que la sociedad colombiana este año, y quien sabe cuantos años más, no volverá a ver un evento de este tipo. Las 820 personas allí presentes estuvieron de acuerdo en que este sí fue el matrimonio del año.

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