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| 7/2/2011 12:00:00 AM

La boda de la otra Kate

Si hace dos meses los británicos vibraron con el matrimonio de ensueño de Kate Middleton y el príncipe William, la semana pasada la atención se centró en la boda de la modelo Kate Moss, la reina de los escándalos.

Desde que Kate Middleton y el príncipe William anunciaron su compromiso, en noviembre del año pasado, los medios siguieron de cerca todos los detalles de la que fue bautizada la boda del siglo. Las especulaciones giraban en torno a cómo sería el vestido de la novia, quiénes asistirían, cuál sería el menú de la recepción... Tal como se esperaba, casi dos mil millones de personas en el mundo vieron el enlace por televisión y, de repente, la joven terminó convertida en celebridad e ícono de la moda internacional.

La semana pasada, el foco de las miradas se centró en su tocaya, la polémica modelo Kate Moss, una de las inglesas más conocidas en el mundo y que es considerada, gracias a sus excesos con las drogas y el alcohol, la antítesis de la nueva duquesa de Cambridge.

Tratando de evitar el asedio de los medios, tal y como ocurrió con la boda real, el viernes primero de julio Moss se casó con el guitarrista del grupo The Kills, Jamie Hince, en una ceremonia privada que generó tantos o más titulares que la de Middleton con el heredero al trono británico el 29 de abril. Tras un noviazgo de cuatro años, la pareja confirmó su compromiso a finales del año pasado, y desde entonces la prensa del corazón había hecho todo lo posible por revelar los detalles del enlace. Moss había planeado que la ceremonia fuera el 2 de julio, pero cuando se enteró de que ese mismo día Alberto de Mónaco y Charlene Wittstock se casaban, decidió adelantarla.

Se anticipó que la celebración duraría tres días en la casa de campo que Moss tiene en el condado de Oxfordshire, en el sureste de Inglaterra. Se filtró además que la modelo contrató al staff del Hotel Ritz de París para atender a sus cientos de amigos y familiares, y que organizó un festival de música al estilo de Woodstock para animar la fiesta, con presentaciones de los Rolling Stones, Iggy Pop, Snoop Dog, entre otros artistas.

Moss, de 37 años, empezó su carrera en las pasarelas luego de que la directora de una agencia de modelaje la descubrió por casualidad a los 14 años en el aeropuerto JFK, de Nueva York. En los noventa, su look descuidado y su figura anoréxica desafiaron el reinado de supermodelos como Claudia Schiffer, Naomi Campbell y Cindy Crawford, veneradas por sus cuerpos voluptuosos. Sin embargo, el éxito solo le duró hasta 2005, cuando el tabloide británico The Daily Mirror publicó unas fotos en las que aparecía consumiendo cocaína.

La polémica por poco acaba con su carrera, pues de inmediato firmas como Chanel y H&M cancelaron los jugosos contratos publicitarios que tenían con ella. A ese episodio se sumó su desastrosa relación con el músico Pete Doherty, su eterno compañero de juergas. Moss decidió internarse en una clínica de rehabilitación y, para sorpresa de aquellos que pensaban que no volvería a pisar una pasarela, una vez salió del centro, le empezaron a llover ofertas de distintas compañías que querían que fuera su imagen. Moss ha protagonizado más de 300 portadas y alcanzó a ostentar el título de la modelo mejor pagada del mundo.

Aunque es evidente que la esposa de William es recatada y ha sabido mantenerse alejada de los escándalos, a diferencia de su coterránea, ambas tienen una suerte de magnetismo a la hora de marcar tendencias. Todas las prendas que usan se agotan en las tiendas en cuestión de horas y por cualquier calle de Londres que transiten las acompaña una horda de paparazzis. Ahora los medios están a la expectativa de si el matrimonio de la modelo será un cuento de hadas como el de Middleton y Will, o terminará como muchas de las polémicas que ha protagonizado en su vida.
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