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| 8/13/2011 12:00:00 AM

La cara del milagro

La primera mujer en recibir un trasplante de rostro en Estados Unidos cuenta cómo reconstruyó su vida después de que su esposo le disparó y la desfiguró por completo.

Un día, mientras Connie Culp hacía compras en un supermercado, un niño la señaló y gritó: "Mami, tú dijiste que no existían los monstruos, pero mira, ahí está uno". Connie, horrorizada, quiso probarle que era una persona normal, con la foto de su licencia de conducir. Allí aparecía ella poco antes de que su marido, en un ataque de ira, le destruyera la cara con una escopeta. Sobrevivió de milagro, pero las lesiones fueron tan severas que su vida se volvió un suplicio, con constantes escenas como la de esa mañana.

Sin embargo, su suerte comenzó a mejorar en 2008 cuando se convirtió en la primera persona en Estados Unidos en recibir un trasplante parcial de cara. Hoy, a sus 48 años, lleva una vida relativamente normal en un pequeño apartamento de Steubenville, Ohio, como publica la revista People en su edición más reciente. Su rostro hoy luce menos hinchado y poco a poco ha venido recuperando la sensación y el movimiento de los músculos. "Ahora puede comer alimentos sólidos, beber del vaso, oler y hablar de manera inteligible", explicó a SEMANA Maria Siemionow, la cirujana que lideró el equipo de médicos que la operó. Su autoestima también ha mejorado y ya no le da miedo contar su historia.

Connie tenía 16 años cuando se escapó para casarse con Tom, un compañero de colegio cuatro años mayor y de quien se había enamorado perdidamente. Abrieron un negocio de venta de pintura y luego, con la plata que reunieron, inauguraron un bar en un pueblito. Los primeros años de matrimonio transcurrieron en paz, pero con el tiempo Tom se volvió agresivo y celoso. La noche del 20 de septiembre de 2004 acusó a su esposa de estar coqueteando con un cliente del establecimiento. Connie trató de calmarlo, pero él, sordo a sus explicaciones, le pegó un escopetazo en la cara y en seguida trató de suicidarse. Pero mientras que él solo sufrió heridas menores, ella perdió la nariz, las mejillas, la parte superior de la boca y el ojo derecho.

Los dos meses siguientes fueron los más dolorosos porque le tocó acostumbrarse a ingerir, con un pitillo, comida triturada y a respirar con la ayuda de un tubo en la tráquea. Los médicos trataron de reconstruirle los pómulos con partes de sus costillas y la mandíbula superior, con uno de los huesos de su pierna. En total se sometió a más de treinta cirugías, pero aun así parecía imposible que recuperara los sentidos del olfato y del gusto.

Solo a finales de 2008 recibió una llamada de sus doctores para contarle que habían encontrado una donante de cara. Aunque ya existían antecedentes sobre este tipo de procedimientos en el mundo (ver recuadro), su caso seguía siendo bastante complejo. Los especialistas se aseguraron de que Connie y su donante, una enfermera llamada Anna Kasper, que acababa de morir de un ataque al corazón, fueran compatibles. La tarea no era fácil, pues además del mismo tipo de sangre, debían tener edades y rasgos físicos similares. Por fortuna, los exámenes salieron bien, y el 10 de diciembre fue operada en la Clínica de Cleveland.

Durante las 22 horas que tardó la cirugía, los médicos reemplazaron con precisión microscópica el 80 por ciento de su rostro, incluidos vasos sanguíneos, arterias, nervios, huesos, músculos y piel. Según explica José Henrique Mantilla, miembro de la Sociedad Colombiana de Cirugía Plástica y Reconstrucción, es necesario que transcurran por lo menos 18 meses para que los nervios se regeneren y pueda volver a tener expresión. A pesar de que se ha recuperado lentamente, pocos meses después Connie ya podía comer pizza y hamburguesas, sus platos favoritos.

Hay algunas cosas a las que se está habituando todavía. Como solo quedó con visión parcial en el ojo izquierdo, aprendió braille, y su hija, de 28 años, suele ayudarla a maquillarse. Tiene que aplicarse cuatro cremas distintas en el rostro durante el día o de lo contrario la piel se le enrojece y le empieza a picar. También debe tomar inmunosupresores de por vida, para impedir que el cuerpo rechace los tejidos nuevos, y no puede exponerse al sol. Aún se está adaptando a los labios de su donante y de vez en cuando le dan unos dolores de cabeza tan fuertes que le impiden levantarse de la cama. Debido a los cuidados que requiere, el gobierno le da un subsidio de incapacidad de 900 dólares mensuales y es posible que durante los próximos años necesite algunas operaciones de retoque.

Si bien ya no queda rastro de la hermosa mujer que aparece en los álbumes fotográficos de hace diez años, Connie se siente a gusto cuando se mira al espejo. "Aceptó su nueva cara como si fuera la suya y no ha tenido problemas de identidad", señala Siemionow. El secreto está en que disfruta cada situación al máximo: desde un paseo en la calle con su nieto hasta un sorbo de café. Ha ganado confianza en sí misma y su experiencia le ha dado la valentía para hablar con otras mujeres que también han sufrido de violencia intrafamiliar.

Su agresor fue condenado a siete años de cárcel y saldrá libre en septiembre. Connie asegura que lo perdonó y aunque en un momento llegó a pensar en volver a vivir con él, ya desistió de esa idea. "Me di cuenta de que no soy una idiota como él solía llamarme (...) estuvimos casados 25 años y nunca me dijo que era bonita", confesó a People. Consiguió el divorcio en marzo y, por primera vez en tres décadas, está saliendo con otra persona. "Me preocupaba terminar como la novia de Frankenstein. No sabía cómo iba a quedar con el trasplante, pero al menos la gente ya no me mira como si fuera un bicho raro".
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