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| 2/21/2009 12:00:00 AM

La confesión de Nixon

Se estrena en Colombia 'Frost/Nixon', la película inspirada en la entrevista que marcó un hito en Estados Unidos. Esta es la historia de cómo un periodista británico logró que el ex presidente reconociera su responsabilidad en Watergate.

Los protagonistas estaban en el peor momento de sus vidas profesionales. Richard Nixon se había convertido en el primer presidente de Estados Unidos en renunciar a su cargo, y su interlocutor, David Frost, luego de ser el entrevistador inglés más famoso de los años 60, vivía el declive de su carrera y la cancelación de varios de sus programas.

A simple vista no parecía fácil anticipar que ese mano a mano entre dos figuras desprestigiadas se convertiría en una entrevista histórica y con una audiencia de más de 45 millones de televidentes que sigue ostentando el récord de la más vista para un tema político.

Ambos luchaban por recuperar su gloria. Y sin duda Frost lo logró, pues consiguió lo que nadie hasta entonces: que Nixon reconociera su responsabilidad en Watergate, el mayor escándalo de ese país que involucraba espionaje y abuso de poder.

Los dos personajes comenzaron a reunirse por dos horas los lunes, miércoles y viernes desde el 23 de marzo de 1977. En total grabaron durante 12 días y produjeron 28 horas de videos, que aparecieron en cuatro programas especiales de 90 minutos. De la televisión, las entrevistas saltaron a los teatros de Londres y Broadway en 2006, gracias a la adaptación de Peter Morgan. Y de los escenarios a la pantalla grande con la película Frost/Nixon, dirigida por Ron Howard, nominada a cinco Golden Globes y cinco premios Oscar, y protagonizada por los mismos actores de la obra: Frank Langella, en el papel del mandatario, y Michael Sheen, en el del inquisidor.

¿Pero cómo logró David Frost lo que ningún periodista norteamericano había conseguido? El británico se obsesionó con obtener la exclusiva desde el momento en que Nixon abandonó la Presidencia en agosto de 1974 para salvarse de su inminente juicio y posible condena en el Congreso.

Después de más de un año de insistencias, el periodista fue contactado por el agente literario de Nixon, Irving Lazar, quien por la misma época estaba ocupado con los preparativos de las memorias del ex mandatario (por las cuales éste recibiría 2,3 millones de dólares). Frost ofreció inicialmente 500.000 dólares por la entrevista, pero como no tuvo éxito, decidió subir a unos 650.000 además del 20 por ciento de las ganancias que se obtuvieran. Con esa suma derrotó la oferta de la cadena NBC, aunque también habría inclinado la balanza a su favor el hecho de no ser norteamericano. En efecto, Lazar y Nixon intuían que un extranjero tendría menos sesgos en contra del ex presidente. Se estima que al final éste recibió más de un millón de dólares.

Además, aunque Frost había entrevistado a figuras políticas como Robert Kennedy, varios primeros ministros e incluso a Nixon en 1968 cuando era candidato presidencial, ellos pensaban que sus preguntas serían más suaves, pues en los últimos años había ganado cierta fama de periodista light, un tipo carismático con "una fascinación por el estilo más que la sustancia", según el diario The Independent.

Aparentemente ese era el hombre que necesitaba Nixon en su empeño por limpiar su imagen y para ganar lo que siempre había deseado, la aceptación, pues se caracterizaba por acomplejado e inseguro. De hecho su secretario de Estado, Henry Kissinger, dijo alguna vez: "¿Pueden imaginarse lo que él hubiera sido si alguien lo hubiera querido?"

El proceso no fue fácil. Para cerrar el 'negocio', Frost visitó a Nixon en su relativo exilio en su residencia en San Clemente, California. En ese momento tuvo que pagar de su bolsillo 200.000 dólares de anticipo porque no había conseguido el respaldo de importantes patrocinadores y algunas de las cadenas norteamericanas se negaban a emitir una entrevista que no hubiera sido realizada por un periodista suyo y no veían con buenos ojos el "periodismo de chequera".

Pero Frost no se dio por vencido. Para conseguir más recursos vendió las acciones que tenía en la London Weekend Television y los derechos de la entrevista a estaciones independientes. Unos cuantos inversionistas adicionales completaron los costos de producción, que superaban los 2,5 millones. "Su mayor fortaleza es su persistencia para asegurar entrevistas aunque muchos crean que está perdiendo el tiempo", dijo a SEMANA el editor de su programa en la cadena Al Jazeera en inglés, Frost over the World. Por ejemplo, el año pasado a los 69 años, Frost "viajó a Sudán para entrevistar al presidente Al Bashir, quien no había accedido a dar la entrevista. Y lo logró".

En el acuerdo quedaban estipulados los temas que tratarían, aunque no se especificaban las preguntas. Como no pudieron grabar en la casa de Nixon por problemas técnicos, alquilaron en 6.000 dólares la residencia del republicano Harold Smith, quien había sido partidario del ex presidente, y adornaron el set con libros históricos de éste para que se sintiera en su ambiente. Entrevistador y entrevistado llevarían un equipo de asesores que saldría del salón a la hora de la entrevista. Sólo podrían seguirla mediante monitores, con cada grupo en cuartos separados.

Con Frost trabajaban el productor británico John Birt, el escritor James Reston Jr., experto en el escándalo de Watergate, y el abogado y periodista Robert Zelnick quien, además de asesorarlo en temas de política exterior, fingía ser Nixon durante los ensayos de la entrevista, con sus gestos y palabras típicas.

Para ellos, Frost tenía una obligación histórica: hacerle al mandatario el juicio del que se había escapado. "Lo más difícil fue lograr que David se enfocara en esa tarea. Un error habría podido significar la redención de Nixon", contó a SEMANA Reston, autor del libro The Conviction of Richard Nixon: The Untold Story of the Frost/Nixon Interviews.

En un principio su temor parecía hacerse realidad, pues Nixon hizo alarde de su inteligencia para salir bien librado de temas difíciles, tanto es así que uno de los técnicos de la grabación dijo: "Si sigue hablando así, votaría por él". Sin embargo, Frost afiló sus garras, con la ayuda de Reston, para el capítulo final. Hasta entonces, Nixon había dicho que el episodio en el que cinco de sus colaboradores habían entrado en el edificio Watergate, sede del partido demócrata, para instalar micrófonos, había ocurrido a sus espaldas.

Más tarde se descubrió que en el despacho presidencial -la oficina oval- el presidente tenía un sistema de grabación permanente para que quedara registrado todo lo que allí se hablara. En medio del escándalo, la Corte Suprema consideró que esas grabaciones podrían ser la prueba reina de su participación en los hechos y le exigió que las entregara. Esa decisión de la Corte motivó su renuncia.

Después de una ardua investigación Reston encontró una conversación entre el mandatario y su asesor Charles Colson, que no se había hecho pública, en la que quedaba claro que Nixon había mentido en el pasado.

Así Frost pudo acorralar a su entrevistado, quien soltó perlas como "si el presidente realiza el acto ilegal, quiere decir entonces que no es ilegal". Y luego su mea culpa: "He defraudado al pueblo norteamericano y tendré que cargar con ese peso por el resto de mis días".

El éxito de la entrevista le devolvió a Frost el estrellato. Según una encuesta realizada en 2000 era el británico más famoso después de la Reina y el primer ministro Tony Blair. Paradójicamente, según la revista Time, para Nixon, este mal momento marcó el inicio de "su reencarnación como figura pública", porque por su sinceridad sus pecados empezaron a ser "tolerados por millones de indulgentes y olvidadizos americanos". n
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