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| 10/8/2011 12:00:00 AM

La dama y el vagabundo

Burlas y desconcierto ha provocado el tercer matrimonio de la duquesa de Alba, la mujer más aristocrática y rica de España, con un funcionario 25 años menor que ella.

Pocas veces se ha visto un matrimonio tan controvertido como el que se celebró el miércoles pasado en Sevilla, España, entre María del Rosario Cayetana Paloma Victoria Eugenia Fernanda Teresa Francisca de Paula Lourdes Antonia Josefa Fausta Rita Castor Dorotea Santa Esperanza Fitz James Stuart y de Silva y Falcó y Gurtubay, duquesa de Alba, con Alfonso Diez Carabantes, con quien llevaba tres años de noviazgo. En comparación con su primera boda, en 1947, con el ingeniero aristócrata Luis Martínez de Irujo y Artazcoz, tan esplendorosa que alcanzó a opacar la de la reina Isabel II de Inglaterra, esta unión fue mucho más discreta. Se realizó en el Palacio de las Dueñas, residencia de la duquesa, y solo contó con la presencia de treinta personas, entre familiares y amigos. Para darles gusto a los sevillanos y a la prensa de todo el mundo que se agolpó en las afueras del palacio para cubrir el evento, la pareja salió a saludar, y Cayetana, sin ningún empacho, se quitó los zapatos y bailó sevillanas.

Fue el evento social más comentado del mundo en las últimas semanas. No es para menos. La novia, de 85 años, es la primera aristócrata del planeta, y según los genealogistas, proviene de una dinastía de más de 530 años. Los orígenes de la casa de Alba se remontan a 1438, cuando el rey Juan II nombró a Fernando Álvarez de Toledo como el primer duque de Alba. Desde entonces, esta casa no solo ha sido protagonista de la historia de España, sino que se ha emparentado con la realeza británica. El apellido Fitz James Stuart proviene de la dinastía de los Estuardo, una de las más icónicas de la historia británica. Para los verdaderos monarquistas, Cayetana tiene la sangre más azul que la de la reina Isabel II de Inglaterra, quien desciende del linaje saxe-coburg-gotha, una dinastía alemana relativamente reciente cuyo nombre tuvo que ser cambiado por el de Windsor cuando Inglaterra le declaró la guerra a Alemania en 1914.

La alcurnia de Cayetana, como todo el mundo la conoce, es tan alta que ostenta 46 títulos nobiliarios. Es siete veces duquesa, 22 veces marquesa y 23 veces condesa. Ese abolengo le da ciertos privilegios, como ser la única que puede entrar a caballo en la catedral de Sevilla o no arrodillarse frente al papa. Y, de encontrarse en público con la reina de Inglaterra, la monarca de los británicos tendría que caminar un paso atrás de ella.

Las propiedades de Cayetana no son menos impresionantes que sus títulos. Tiene tantas tierras que puede ir desde la parte norte de España hasta el sur sin jamás dejar de pisar sus predios, que incluyen joyas arquitectónicas como el Palacio de Liria, en Madrid, el de las Dueñas, en Sevilla, y mansiones en Salamanca, Marbella e Ibiza, así como varias fincas. Algunos de ellos contienen piezas dignas de museo, como el primer mapa de América elaborado por Cristóbal Colón, el testamento del rey Fernando el Católico, las capitulaciones de Juana la Loca y Felipe el Hermoso, la primera edición de El Quijote, de 1605, una biblia de 1429 y más de 30.000 libros. Entre las joyas de arte se cuentan cuadros de Velázquez y de Goya, quien pintó a una antepasada suya, María del Pilar Teresa Cayetana de Silva y Álvarez de Toledo, antigua duquesa Alba. Según los historiadores, ella fue la fuente de inspiración de La maja desnuda. Se estima que la fortuna de la duquesa está avaluada entre 3.000 y 5.000 millones de dólares.

Todo esto contrasta con la sencillez del novio, un hombre de 60 años, sin hijos, que nunca antes se había casado. Ha trabajado toda su vida en el Ministerio de Seguridad Social en un cargo público de categoría 18 por el cual recibe un modesto sueldo de 1.500 euros (casi cuatro millones de pesos colombianos). Desde hace 24 años vive en un apartamento de menos de 94 metros cuadrados en el barrio de Chamberí, en Madrid. A pesar de eso, es bien plantado y parece un jovencito al lado de ella.

La duquesa y Alfonso se conocieron hace 36 años, cuando él tenía 24, a través de un hermano de Diez. Pedro, dueño de un anticuario, era conocido del segundo esposo de la duquesa, Jesús Aguirre, quien, en compañía de Cayetana, frecuentaba su tienda. Solo se volvieron a encontrar hace tres años, a la salida de un cine, y desde entonces no se separan.

En España, un país que tiene una debilidad por las revistas del corazón, el romance que protagonizó Cayetana a sus 85 años fue un banquete sin comparación. En muchas ocasiones se le oyó decir a Diez que estaba enamorado de ella desde los 30 años, y como lo reveló a la revista Vanity Fair, él acostumbra a decirle frases como "me moriría si no estuvieses a mi lado". Ella pensó al principio que estaba loco, pero después le confesó a la misma publicación que "me di cuenta del calibre de hombre que era".

Con esas diferencias de abolengo y riqueza, no es de extrañar que el noviazgo y la boda tuvieran muchos opositores, especialmente los seis hijos de Cayetana, producto de su primer matrimonio. Desde cuando anunció su boda, sus herederos dijeron que ella tenía problemas mentales y argumentaron que no estaba en condición para contraer nupcias por tercera vez. La duquesa, que siempre se ha caracterizado por decir lo que piensa, les contestó: "No entiendo. Ellos se han casado y divorciado varias veces. Yo soy viuda y católica y tengo derecho a casarme por la Iglesia".

Pero lo único que logró neutralizarlos fue darles la herencia en vida, y dada su riqueza, le alcanzó para dejarle de a dos propiedades a cada uno. Pero no todos quedaron contentos. Jacobo, el tercero de sus hijos, consideró que le había ido mal en la repartición porque solo había recibido "varias fincas rústicas" y ninguna casa familiar, por lo que protestó públicamente. La duquesa se despachó una vez más contra él y su segunda esposa, Inka Martí, a quien calificó en una entrevista de "mentirosa, mala y envidiosa". Ante esto, Jacobo prefirió seguir de vacaciones en Francia y no asistir a la boda de su madre. La otra gran ausente fue Eugenia, la hija menor de la duquesa, quien no estuvo presente por razones que aún no están claras.

Como si el evento no hubiera tenido suficiente drama, 48 horas antes del matrimonio, la revista Interviú le hizo un regalo a la duquesa: publicó en la portada una foto de ella desnuda hace treinta años, tomada en una playa de Ibiza. La gran sorpresa es el contraste de la belleza escultural de su cuerpo aun a sus 56 años con el monstruo en que se ha convertido hoy por los excesos de cirugías. Se rumoró que demandaría a la revista por interferir con su derecho a la privacidad, aunque otros dicen que, con su característico exhibicionismo, las fotos solo la hicieron sentir más orgullosa.

Porque a ella nunca le ha importado el qué dirán. Se viste con pintas estrafalarias cuyo estilo ningún experto en moda ha podido clasificar, y se peina con un afro que raramente pasa desapercibido. También usa cadenas en el pie, que les ponen los pelos de punta a otras nobles como ella. Esta vez, volvió a salirse con la suya. Hoy, luego de diez años de soledad, vuelve a tener a su lado a un duque consorte, que, según sus amigos, le ha devuelto la vitalidad perdida. Hace unos años ella andaba en silla de ruedas y tenía grandes dificultades para hablar. Hoy, gracias al amor, camina de la mano de su esposo y ha superado los problemas de isquemia cerebral e hidrocefalia. Y con la seguridad de que él no está a su lado por su dinero, pues renunció formalmente a sus derechos patrimoniales, la victoria de la duquesa es también un triunfo del amor.
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