Viernes, 9 de diciembre de 2016

| 2006/08/19 00:00

La diva de Shanghai

Jin Xing fue coronel del Ejército chino, se convirtió en el bailarín más famoso de su país y luego se transformó en mujer. Esta es su historia.

Cuando el coronel Jin Xing se transformó en mujer, perdió su rango . Pero no su nombre, pues Xing se usa para ambos sexos

Cuando Jin Xing aparece en un escenario baila un hombre y baila una mujer. Sus movimientos son elegantes, delicados y femeninos, y al mismo tiempo sus piruetas tienen una fuerza masculina. Para muchos es algo que sólo ella puede hacer, porque esta bailarina, la más reconocida de China, aprendió su arte siendo hombre y se hizo famosa como mujer. Lo logró después de convertirse en una de las primeras personas que se cambiaron el sexo en la tradicional sociedad china.

A sus 39 años, casada con un empresario alemán y madre de tres hijos adoptivos, ha ganado dos veces la Bienal de Venecia, y el American Dance Festival en Nueva York. Por ello se da el lujo de cobrar 5.000 dólares por presentación privada y 1.200 dólares por cada minuto de sus coreografías, que generalmente cuentan algo de sus experiencias. Así lo hace su más reciente creación, Shanghai Beauty, una puesta en escena autobiográfica.

Jin fue el único hijo varón de la familia y, acorde con la tradición china, era el responsable de mantener el apellido Jin. Aunque su padre era un oficial de información del Ejército de Liberación Nacional en tiempos de Mao Zedong, no vio con buenos ojos que su hijo, a los 9 años, quisiera enlistarse. La razón del pequeño no era seguir los pasos de su padre, sino ingresar a la compañía de baile del Ejército, la cual contaba con los mejores profesores del país. Era tanta su tenacidad que ante la negativa de sus padres, optó por hacer una huelga de hambre hasta conseguir su propósito.

El fuerte entrenamiento militar parecía un sacrificio demasiado grande para cumplir su sueño de pisar un escenario. Como recluta tuvo que aguantar maltratos físicos y al mínimo error le era impuesto el tradicional castigo de escribir en cientos de hojas sus fallas: "Llegué a ser magistral en el arte de escribir mis autocríticas", dijo Xing en un reportaje a Der Spiegel. Pero en los estrictos ensayos de baile tampoco encontraba alivio. Las rutinas llegaban a límites insoportables que incluían amarrar a una columna las piernas estiradas sobre la cabeza durante más de 10 minutos. Quizá esa disciplina forjó su carácter pues la bailarina y coreógrafa tiene fama de ser casi despiadada y de despedir de su cuerpo de baile a todo aquel que no dé la talla.

Jin Xing a los 18 años fue elegido como el mejor bailarín de China, por lo cual ganó una beca para estudiar en Nueva York danza moderna con los destacados coreógrafos Martha Graham y Merce Cunningham. "Su gran logro fue ser una de las promotoras de la danza moderna en China, donde sólo se presentaban y apreciaban el ballet clásico y los bailes orientales", contó a SEMANA Ou Jian-Ping, crítico y profesor de baile de la academia de Beijing.

Pese a sus logros, pues llegó a coronel, Xing no estaba del todo satisfecho con su vida. Desde muy niño había sentido que era una mujer atrapada en un cuerpo de hombre, y a los 27 años decidió liberarse. Primero le eliminaron el vello facial y la manzana de Adán. Luego le practicaron un implante de senos y finalmente, le cambiaron el sexo. Pero aunque consiguió ser mujer, casi deja de ser bailarina, pues durante la cirugía la circulación de la pierna izquierda estuvo bloqueada, por lo que perdió movilidad en la pantorrilla, los dedos y el pie. "Me decía: 'olvídate de convertirte en bailarina, si sólo caminando cojeas'. Pensé hasta en arrojarme por la ventana del hospital", dijo en entrevista a CNN.

Estuvo tres meses en silla de ruedas y tardó dos años en recuperarse. Aun así, siguió bailando sin prestar atención a las críticas. "¿Qué hace un transexual enfermo en nuestros escenarios?", protestó un periódico de Beijing. Pero ella volvió a brillar, haciendo honor al significado de su nombre: 'estrella dorada'.

Aunque hay quienes creen que es más famosa por su publicitada operación que por su talento, los críticos de los más importantes medios del mundo alaban su impecable técnica y el público la aclama. Tanto, que el periódico alemán Die Zeit no tuvo reparos en asegurar que Jin Xing es "probablemente la mejor bailarina del mundo".

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