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| 2/29/2004 12:00:00 AM

La doncella de la muerte

Esta es la historia de la asesina en serie que inspiró una de las películas del momento: 'Monster'

A ileen Wuornos quería ser famosa. La asesina en serie norteamericana que mató a siete hombres en las carreteras de la Florida entre 1989 y 1990 siempre soñó con pasar a los anales de la historia por hacer "lo que ninguna mujer había hecho". Su anhelo es una realidad. Ha sido protagonista de innumerables libros, documentales, una ópera, y ahora una película sobre su vida la tiene en la cúspide de la fama. Sin embargo Wuornos no pudo disfrutar de su cuarto de hora. En octubre de 2002 fue ejecutada con una inyección letal.

La que sí está disfrutando su fama es Charlize Theron, quien por su interpretación de esta asesina en la cinta Monster tiene en sus manos un Globo de Oro a Mejor actriz y el Oso de Plata del Festival de Cine de Berlín y está muy cerca de acariciar la estatuilla del Oscar. La actriz dejó atrás su imagen de modelo para transformarse con 15 kilos más de peso, una dentadura postiza y un aspecto desaliñado en la poco agraciada Wuornos. "Aileen fue una víctima de sí misma, de la cultura del ojo por ojo en Estados Unidos. No era una criminal", dijo Theron, en entrevista con el periódico El Mundo de España. Una apreciación que no concuerda con su prontuario.

Aileen Wuornos no es conocida porque sí como 'La doncella de la muerte'. Era una prostituta de carretera cuyos clientes solían ser camioneros a quienes ofrecía acompañarlos durante el viaje. Pero al disminuir su atractivo decidió recurrir a nuevos métodos para conseguir dinero. Fue entonces cuando empezó a matar. Se paraba en el borde de la autopista y pedía a cualquier conductor que la llevara. Como su aspecto no era el de una prostituta sino que lucía desarreglada, no faltaba quien, inocentemente, se ofreciera a ayudarla. Para conseguir su objetivo decía que su carro estaba dañado y mostraba una foto con dos niños, asegurando que eran sus hijos. Una vez en el auto ofrecía sus servicios sexuales.

Su furia asesina comenzó en noviembre de 1989 cuando descargó tres tiros de su arma calibre ,22 sobre Richard Mallory, un comerciante de 51 años. Las autoridades encontraron su Cadillac en las afueras de Daytona. En su interior había una billetera vacía, media botella de vodka y un paquete de preservativos roto. El 13 de diciembre dos jóvenes encontraron en un bosque el cuerpo descompuesto envuelto en un tapete.

El primero de junio de 1990 el cuerpo de un hombre desnudo con seis disparos calibre 22 fue identificado como David Spears, operario de maquinaria pesada. Seis días después apareció el cadáver desnudo de otro hombre a pocos kilómetros. Tenía un alto grado de descomposición y nueve impactos de bala de la misma arma. Se trataba de Charles Carskaddon, desaparecido el 31 de mayo, cuando iba a visitar a su prometida en Tampa. El 4 de julio el Pontiac gris de Peter Siems, un misionero cristiano de 65 años, fue hallado con huellas de sangre. El propietario nunca apareció pero más tarde Wuornos confesaría su crimen.

El 4 de agosto una familia cuando estaba de picnic encontró el cuerpo de Troy Burress. Estaba tan descompuesto que su esposa sólo pudo identificar su argolla. Tenía dos tiros de calibre 22. La siguiente víctima fue Dick Humphey, un policía retirado que el día anterior, el 11 de septiembre, había celebrado su aniversario de bodas número 35. Estaba vestido y tenía siete tiros. El 19 de noviembre el cadáver del camionero Walter Gino Antonio fue hallado desnudo con tres tiros en la espalda.

"Es muy posible que las víctimas que estaban vestidas fueran sólo buenos samaritanos que se ofrecieron a llevarla, aunque nunca lo comprobaremos", aseguró a SEMANA la periodista Sue Russell, autora del libro Lethal Intent y quien se entrevistó con Wuornos varias veces. Russell afirma que además de la calibre 22 su otra arma era un frasco de líquido limpiador de vidrios para borrar huellas.

La historia trágica de Aileen Carol Wuornos empezó en la infancia. Su madre la abandonó junto con su hermano mayor, Keith, cuando ella tenía sólo 2 años. A su padre no lo conoció pues se suicidó en la cárcel donde estaba por violar una niña de 7 años. Sus abuelos maternos los criaron y sólo a los 12 años Aileen supo la verdad sobre su parentesco. La vida con ellos no fue la mejor. Ella contaba que su abuelo era alcohólico y la maltrataba, incluso aseguró que la había violado.

Desde los 11 años Aileen vendía su cuerpo a los niños de su barrio a cambio de cigarrillos y monedas. A los 14 años quedó embarazada y sus abuelos la obligaron a dar al bebé en adopción. Entonces se fue de su casa, dejó el colegio y se dedicó a buscar clientes en las carreteras. Aunque Wuornos tuvo relaciones con varios hombres y un breve matrimonio, la última fue con Tyria Moore, una mujer de 24 años. La conoció en 1986 en un bar gay y en ella encontró el cariño y la estabilidad que siempre le había faltado. "Cuando creyó que la única manera de retener a Tyria era el dinero, robó y mató para conseguirlo", opina Russell.

Cuando Aileen fue capturada en enero de 1991, paradójicamente en un bar llamado El Último Refugio, fue la propia Tyria quien le dio la estocada a su compañera. Las autoridades ya habían atado cabos por el modus operandi del asesino y algunos testigos dieron la descripción de dos mujeres que habían visto en el auto robado a una de las víctimas. Cuando Tyria fue detenida, para salvarse afirmó que ella no tenía que ver con los crímenes, pero reveló que Aileen un día llegó con el Cadillac de Mallory y le contó, mientras bebía una cerveza, que había matado a un hombre.

Wuornos confirmó la versión pero aseguró que había sido en defensa propia, que todas sus víctimas habían tratado de violarla. Sin embargo la evidencia mostraba que los cuerpos en casi todos los casos tenían disparos en la espalda. "Pensé que iban a estar tan descompuestos que no se iban a dar cuenta de eso", confesó Wuornos con ironía. Aunque la defensa alegó enfermedad mental fue condenada a seis penas de muerte. Finalmente ella misma despidió a sus abogados, reconoció sus crímenes y aseguró que quería morir: "Soy alguien que de verdad odia la vida humana y volvería a matar", escribió a la Corte Suprema de Florida, que accedió a ponerles fin a las apelaciones.

Estuvo más de 10 años en el pabellón de los condenados a muerte y aprovechó cada minuto para acercarse a su sueño de fama. Su cara estaba en todos los noticieros y cobraba por sus entrevistas. Cuando sentía que los guardias la trataban con desprecio les reclamaba: "¿No sabes quién soy yo? Soy Aileen Wuornos, la de la televisión".
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