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| 9/17/2011 12:00:00 AM

La duquesa rebelde

Cayetana de Alba, la mujer con más títulos nobiliarios en el mundo, renunció a los 85 años a su inmensa fortuna para casarse con un empleado público mucho menor que ella.

Alfonso Díez, el novio de la duquesa de Alba, sostiene que ella a veces parece más joven que él, a pesar de que le lleva más de dos décadas de diferencia. A sus 85 años, no le da pena usar bikinis, le gusta ponerse vestidos hippies y ha hecho lo imposible por luchar contra las arrugas a punta de Botox y cirugías plásticas. "Ella siempre está diciendo: '¿Ahora, qué hacemos'. Es incansable. Yo puedo tirarme una hora y media en la cubierta de un barco, mirando al mar. Ella no. Siempre está dispuesta a probar esas cosas que le faltan por hacer", confesó Díez recientemente a la revista Vanity Fair España. Y al parecer, entre los planes que ella aún tiene pendientes está el de casarse por tercera vez.

Después de cuatro años de romance lleno de dificultades, la pareja finalmente despejó el camino al altar y contraerá matrimonio el 5 de octubre, en Sevilla. Los problemas no le faltaron, porque los innumerables títulos nobiliarios de ella no impidieron que sus hijos trataran de evitar su relación con Alfonso, un simple funcionario del Ministerio de Sanidad del que se enamoró perdidamente en 2008 y a quien acusaban de querer apoderarse de la inmensa fortuna de la anciana. La boda concentra la atención de la sociedad y la prensa europeas por estos días, y pese a que ya es casi un hecho, todavía algunos familiares no quieren que la 'Grande de España' se vuelva a vestir de novia.

Desde el comienzo, la historia de Cayetana Fitz-James Stuart y Alfonso Díez fascinó a los medios internacionales. Recién aparecieron las primeras fotos de los dos juntos, muchos señalaron a ese hombre sin abolengo de ser un cazafortunas, un trepador que lo único que quería era aprovecharse de la vieja aristócrata. A las continuas especulaciones de las revistas del corazón se sumó la voz de protesta de los seis hijos de la duquesa, producto de su primer matrimonio con el ingeniero Luis Martínez de Irujo, que vieron amenazada su jugosa herencia, estimada en 3.500 millones de euros. La familia estaba tan preocupada que incluso le pidió al rey Juan Carlos que intercediera. Luego de una larga batalla, en febrero pasado Cayetana resolvió las intrigas al hacerle firmar a su futuro marido un acuerdo en el que se compromete a renunciar a los bienes de ella. "A mí no me gusta lo pretencioso ni casarme para obtener un estatus", manifestó Alfonso en ese entonces.

Pero para que no quedaran dudas de las intenciones de su prometido, la duquesa también decidió repartir a sus descendientes algunas de sus posesiones más valiosas: Carlos, el primogénito, de 62 años, recibirá los palacios Monterrey, en Salamanca, y Liria, en Madrid, que albergan la principal colección de arte de la familia. Alfonso, de 60, ocupará el castillo de El Tejado, en Salamanca, mientras que Jacobo, su otro hermano, de 57, tendrá derecho a varias fincas. Fernando, de 52, se quedará con el chalet Las Cañas, en Marbella. Cayetano, de 48, será el dueño del palacio de Arbaizenea, en San Sebastián, y de una hacienda en Sevilla. A Eugenia, de 42, le corresponderá la residencia en Ibiza, y al nieto mayor y segundo heredero de la Casa de Alba, el Palacio de Las Dueñas, en Sevilla.

Y si la mayoría de expertos coincide en que el valor histórico de dichas propiedades es incalculable, ni hablar de los objetos que albergan. Entre las obras que Cayetana posee se encuentran desde cuadros de Goya, Rubens, Velázquez, Tiziano y reliquias romanas y medievales, hasta la primera edición de El Quijote, una acuarela firmada por Charles Chaplin y el primer mapa de América hecho por Cristóbal Colón.

Díez sabe que no podrá acceder a ninguno de esos tesoros cuando su mujer muera, pero tampoco se puede quejar. Pronto dejará su trabajo en el Ministerio, pues en adelante recibirá un sueldo vitalicio por su papel de duque consorte, tal como dictan los protocolos reales. Cada detalle alimenta un nuevo rumor y ya incluso existen páginas en internet dedicadas a la que la mayoría de medios españoles llaman "La boda del año". "Me envidian porque no tienen un hombre tan guapo y simpático como él. Es cariñoso y desprendido. Y está muy enamorado de mí", explica la duquesa.

Aunque el noviazgo es reciente, la pareja en realidad se conoció hace treinta años en una tienda de antigüedades propiedad de los papás de Alfonso. Ambos coinciden en que el flechazo fue mutuo, pero tuvo que pasar un buen tiempo para que se volvieran a encontrar, a la salida de un cine en Madrid. Díez nunca había estado comprometido y, antes de convertirse en el centro de atención de los paparazis, se dedicaba al negocio familiar.

Cayetana ya tenía dos matrimonios encima. Primero se casó a los 20 años con Martínez de Irujo, en una ceremonia que el diario francés Libération calificó como la más cara del mundo. Tras enviudar, contrajo nupcias, a finales de los setenta, con el polémico intelectual y exsacerdote jesuita Jesús Aguirre, quien falleció en 2001.

Aparte de soportar la muerte de sus dos esposos, la duquesa tuvo una infancia difícil debido a que su mamá sufría de tuberculosis. La mayor parte del tiempo vivió aislada de ella para evitar que la contagiara, de manera que su papá, el duque Jacobo Fitz-James Stuart, se encargó de criarla. "Todos los domingos, después de la guerra, me llevaba al Museo del Prado -recuerda-. Y me inculcó el amor al deporte. Esquiaba, montaba a caballo, jugaba tenis y llegué a bailar los diez palos del flamenco".

Si bien hoy no tiene la misma vitalidad y debe caminar siempre del brazo de Díez, amigos cercanos dicen que luce revitalizada gracias a su joven conquista. Superó sus problemas de isquemia cerebral e hidrocefalia y ya no tiene que andar en silla de ruedas. Ha demostrado que todavía le queda largo rato y por eso vigila atentamente todos sus negocios y propiedades. Hay quienes aseguran que sin su autorización sus empleados no se atreven a cambiar ningún objeto de lugar. "Ella controla y supervisa cada maceta, cada tapiz, cada figura de porcelana", señala Vanity Fair.

A lo largo de su vida, Cayetana ha dejado claro que es capaz de conseguir lo que quiere. No solo ha superado sus quebrantos de salud, sino que ha logrado cumplir al pie de la letra todos sus caprichos, sin importar qué tan escandalosos o inconvenientes sean. Por eso, la tiene sin cuidado que Díez sea menor que dos de sus hijos o que la prensa lo siga tildando de vividor. "Los mayores me hunden la moral porque todo lo encuentran mal -concluye-. A Alfonso y a mí la pasión nos mantiene jóvenes. Y el amor en la madurez, en el fondo, se parece mucho al de la juventud".
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