Viernes, 9 de diciembre de 2016

| 1998/07/06 00:00

LA ESPIA QUE ME AMO

Sotheby's subastará apasionadas cartas de amor entre Albert Einstein y una espía rusa.

LA ESPIA QUE ME AMO

El adagio popular dice que detrás de un gran hombre siempre hay una gran mujer. En el caso de Albert Einstein esta mujer podría ser una bella soviética, Margarita Konenkova. Según investigaciones adelantadas por los curadores de la casa de subastas Sotheby's, la Konenkova habría reemplazado en el corazón del físico a su segunda esposa, Elsa, después de la muerte de ésta. La pareja posiblemente se conoció en el medio universitario de Princeton en 1936, pero sólo hasta más tarde comenzó el idilio que le dio nuevas ilusiones al agobiado científico. Prueba de esto son nueve cartas de amor que Einstein le escribió a Margarita entre 1945 y 1946. Conservadas intactas y meticulosamente guardadas en sobres azules, llegaron a manos de la casa de subastas gracias a un familiar de Margarita que decidió darlas a conocer después de haber permanecido ocultas por más de 50 años.
A la hora de escribirlas Einstein tenía 66 años y su amada rondaba los 51. Las misivas demuestran que el científico de la teoría de la relatividad no era sólo un hombre dedicado a la ciencia y a las abstrusas fórmulas matemáticas, enclaustrado en laboratorios y ajeno a los avatares del corazón. En una carta que le escribió a la rusa el 27 de noviembre del 45 le dice en tono íntimo: "Recientemente me lavé el cabello pero no con mucho éxito. No soy tan cuidadoso como tú (...) todo aquí me recuerda a ti". Las cartas, escritas en un alemán refinado, revelan a un Einstein que se dejaba arrastrar por la locura del amor, dueño de un alma poética y muy sensible a las pequeñas cosas.
Pero la tierna correspondencia no fue lo único que salió del baúl de los recuerdos. Según Paul Needhan, consultor de Sotheby_s, hay evidencias que permiten suponer que la hermosa Margarita era, en realidad, una espía al servicio de los organismos de inteligencia soviéticos.

Proyecto Manhattan
Las pruebas se encuentran en 'Special Tasks' (Tareas especiales), una recopilación de las memorias del antiguo jefe de espionaje ruso Pavel Sudoplatov. En ellas se hace referencia a la agente Anna Konenkova _alias Lukas_ cuya misión era presentar a Einstein al vicecónsul soviético en Nueva York, Pavel Mikhailov. Según Sudoplatov el objetivo se logró y el mismo Einstein menciona la entrevista en sus cartas. Lukas, como resultado de su éxito, de regreso a Moscú fue recompensada con los más altos honores. Había logrado distinguirse como la espía número uno del 'Proyecto Manhattan'.
Su labor, sin embargo, no había terminado. Para complementarla había que infiltrarse en la comunidad académica para, una vez adentro, establecer vínculos entre científicos, como Robert Oppenheimer, con representantes diplomáticos de su país. Margarita, entonces, dividió su tiempo entre los deberes con el Estado y las obligaciones del amor. Lo mismo que la famosa Mata Hari, utilizó todas las armas de la seducción para atraer a hombres de la talla del compositor ruso Sergei Rachmaninov y de Boris Chaliapin. Ninguna de sus aventuras, curiosamente, minó su matrimonio con el escultor Sergei Konenkov.
Las cartas de Einstein a Margarita fueron escritas con mucha confianza, y por eso los expertos aseguran que el físico ignoraba por completo el espinoso trabajo de la bella espía. El premio Nobel, sin embargo, no guardó las cartas que recibió de Margarita y de ahí que no sea posible determinar si su amor otoñal fue correspondido. Pero algo sí es claro, Einstein sentía las urgencias del amor y se desesperaba por la impuntualidad del correo: "Saludos y besos si esta carta te llega... y que el diablo se lleve a cualquiera que la intercepte. Tuyo... A.E..".
Pero no sólo las cartas dan cuenta de este amor tardío. Con ellas, el próximo 26 de junio, Sotheby's subastará una serie de cinco fotografías que congelan instantes de esa relación que, al parecer, superó con éxito las diferencias políticas.

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