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| 8/28/2010 12:00:00 AM

La familia del capo

Los descendientes de Al Capone están divididos entre los que quieren olvidar su apellido y los que pretenden sacarle plata. Próximamente saldrán a la venta dos libros sobre su vida.

No heredaron caletas con millones de dólares, mansiones o carros de lujo, sino un apellido maldito y manchado de sangre. Muchos de los descendientes directos del legendario mafioso Al Capone cambiaron su identidad sólo para librarse del estigma que significaba en los años 50, 60 y 70 ser pariente del "enemigo público número uno" de Estados Unidos. Deirdre Marie Capone es una de ellas. Sobrina nieta del mafioso, llevó hasta hace poco el apellido Gabriel pues su padre, quien nunca cometió un delito, se suicidó a los 33 años, según ella, porque no soportó el rechazo público que le significó pertenecer al clan Capone.

Cansada de vivir en una mentira, la empresaria de 70 años, quien asegura que en la década del 50 la echaron de un trabajo al descubrir su nombre real, empezó hace décadas a escribir la historia de 'Caracortada' "desde adentro". Y aunque duró años sin poder publicarla -pues les había prometido a algunos familiares mayores que no hablaría en público del tema hasta que todos ellos murieran- ya anunció que en un par de meses saldrá a la venta la primera edición de Tío Al Capone.

"De él se han publicado muchos errores, los típicos errores que suelen cometerse cuando alguien escribe sin estar realmente involucrado en el tema", dijo a SEMANA Deirdre, quien cumplió siete años el 25 de enero de 1947, el mismo día en que su tío abuelo murió en Florida. "Lo que yo hice fue reconstruir la historia del Al Capone que me dejaba sentar en sus piernas y acariciar su cicatriz, y que conocí a través de mi papá, mi abuelo, su hermana... Llevo su sangre en las venas y quiero que todos en la familia nos sintamos orgullosos de eso".

Una historia similar se vive en Colombia, donde la hermana del capo de las drogas Pablo Escobar decidió publicar un libro, El otro Pablo, que cuenta la vida del narcotraficante desde un punto de vista familiar y personal. Y el libro de Deirdre, como el de Alba Marina Escobar, ha generado una ola de críticas. Sus principales contradictores son algunos de sus primos y tíos, que, al igual que su padre, han procurado mantener ocultos los lazos que los unen con el 'rey' del crimen y el contrabando de alcohol durante la prohibición de su consumo en los años 20. Ellos aseguran que lo único que quieren es vivir tranquilos y alejados de los medios de comunicación.

"Todos los Capone con los que hablé tienen hoy vidas sencillas, típicas de la clase media estadounidense", aseguró a esta publicación el periodista y escritor Jonathan Eig, quien recopiló durante tres años información para escribir la vida del mafioso en el libro Get Capone. "El capo no solo gastó mucho de su dinero, sino que las autoridades le quitaron casi todo lo que le quedaba cuando fue detenido. De hecho pasó sus últimos días de una manera cómoda pero modesta, como viven hoy sus descendientes".

Para Eig, la reserva de los Capone se debe a que Al murió en los años 40, "una época en la que no había la 'sociedad de las celebridades' que existe hoy". En eso, dice el escritor, se diferencian de los herederos de otros criminales legendarios como el jefe de la mafia neoyorquina hasta principios de los 90, John Gotti.

Pero Deirdre no es la única persona que ha hecho enojar a la familia Capone. Chris Knight, un inversionista inmobiliario de 38 años, quien desde 2008 se hace llamar Chris Capone, presentó hace un año una demanda para exhumar el cadáver del gánster y probar, a través de una muestra de ADN, que es su abuelo paterno legítimo. Knight asegura que tras la muerte de su padre, "un hombre muy reservado con su pasado", un amigo de la familia le confesó su parentesco. Hace seis años contrató a un genealogista que lo único que probó fue que el certificado de nacimiento de su padre era falso, razón suficiente para entablar la demanda y publicar el libro Hijo de Caracortada.

Hoy día, Knight se pasa la vida en busca de quienes él llama "primos" para pedirles pruebas de ADN que lo certifiquen como un miembro más de la saga y garantizar el éxito de la segunda edición de su libro. También pretende hacerse con los derechos por la imagen de su presunto abuelo, que hasta hoy no tiene ningún beneficiario.

Deirdre también quiere lo mismo, y asegura que está tratando de poner de acuerdo a toda la familia para buscar una empresa en Los Ángeles, donde la ley protege las regalías por publicidad de las personas muertas, que los asesore para ganar el dinero que ella cree que se merecen. Y aunque califica a Knight de "mentiroso" y cree que lo que está haciendo es "asqueroso", afirma que si un juez certifica que son familiares, defenderá también sus derechos.

Con su sombrero, su cigarro y sus elegantes trajes a rayas, Al Capone creó el estereotipo de pandillero que se conoce hoy día. Su nombre y su cara se han usado en un incalculable número de películas, libros, tiras cómicas, canciones, colecciones de ropa... Y aunque Deirdre y Knight afirman que solo quieren que su apellido deje de ser una desgracia, saben perfectamente que ese mismo apellido los puede convertir en millonarios.
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