Martes, 30 de septiembre de 2014

| 1988/11/28 00:00

LA FIERECILLA INDOMABLE

El diario privado de Richard Burton revela facetas de su temPestuosa relación con Liz Taylor.

LA FIERECILLA INDOMABLE

La muchacha estaba sentada al otro lado de la piscina, con un libro en una mano y una cerveza en la otra. Era la primera vez que un actor galés llamado Richard Burton asistía a una fiesta en la millonaria zona de Bel Air, en Los Angeles. La joven lo descubrió, se quitó las gafas oscuras que tenía puestas, le echó una mirada, se reacomodó las gafas y regresó al libro y la cerveza. Durante los minutos siguientes, el actor, intentó llamar su atención, soltando carcajadas ruidosas, contando historias divertidas sobre la muerte de su abuelo, pero la chica lo ignoró del todo: no sería el único desplante.

Varios años después se reencontraron en Roma, como coprotagonistas de una enorme equivocación llamada "Cleopatra". Ella había pedido un millón de dólares por su papel y le dijeron que no. Entonces apeló al arma que ha utilizado siempre para conseguir lo que quiere, las lágrimas, y obtuvo tres millones para repartirlos con Burton. Su llegada al set todavía se recuerda en Cinecittá: rodeada de perros, gatos, niños, guardaespaldas, secretarias, ayas, peinadores y toda clase de lujos y extravagancias que convirtieron la filmación en un infierno. Al conocerse, se encontraron cautivadores y pronto su tórrido romance se convirtió en escándalo internacional, no sólo porque cada uno estaba casado, no sólo porque paralizaron el rodaje, sino por el daño que causaron a los hijos de Liz (Michael y Christopher Wilding, Liza Todd y María, una niña alemana adoptada por la actriz).

Estas y otras escenas alegres, tristes, escandalosas, intimas, dolorosas, vergonzosas, triunfantes y humanas forman parte del diario que Burton llevó desde 1965, con anotaciones a mano en un cuaderno escolar. Un diario en el que intenta recoger sus recuerdos más valiosos, escritos con un lenguaje punzante y exquisito, fruto de la admiración que el actor sentía por los clásicos, especialmente Shakespeare, cuyas obras había memorizado como un maniático, aun las que nunca representó. Este diario ha sido recogido por el escritor Melvyn Bragg en el libro "Richard Burton, una vida: 1925-1984", biografía que se publicará próximamente, en la cual asoma un Burton que reflexiona sobre la vida, el amor, el sexo, el licor y poco sobre la actuación.

En Paris, donde se hicieron amigos de los duques de Windsor, los Burton siempre eran la comidilla de reporteros y millonarios y con ocasión del estreno de "La fierecilla domada", Burton escribió en su diario: "Septiembre 30 Nos han contado que todo París está pendiente de nosotros y si nos seguímos por los periódicos, eso es más que cierto. Se han fijado en nosotros más que durante los meses del "Escándalo". Colocaron barreras policiales alrededor del edificio de la Opera y calculo que había miles y miles de espectadores, algunos de ellos hasta durmieron en sus sitios para no perderse un detalle de nuestro paso. Elizabeth lucía una diadema creada especialmente por Van Cleef & Arpels, a un costo de 1.200.000 dólares, además de otras joyas que valian más de 300 mil. Cuando dejamos el hotel, rodeados por ocho guardias, los huéspedes también hacían fila a la salida para vernos de cerca. Elizabeth era sin duda la reina de la noche y la presión que sentíamos era deliciosa y pesada Era nuestra dulce venganza por el aislamiento social a que nos habían sometido hacía poco tiempo".

1968 fue el año de los diamantes.
Los compraban de todos los tamaños y de todos los precios. Según Burton, eran una buena inversión, como llevar un cinturón de seguridad y así lo explicaba a contabilistas y abogados que manejaban sus negocios. La verdad es que el actor gozaba adornando a Liz con los diamantes más costosos y ella sentia un enorme placer inocultable placer, exhibiéndolos. El diamante Krupp con 34 carates le costó 305 mil dólares (el precio actual puede ser 12 veces más). Luego le compró " La Peregrina", una perla que valía 37 mil después un collar que tenía perlas, diamantes y rubíes por 100 mil, más tarde un broche de zafiro rodeado de diamantes por 65 mil; y más rubíes y diamantes que costaron 60 mil, y un diamante en forma de corazón por 100 mil y el famoso diamante Cartier-Burton de 69 carates, avaluado en esa época en 1.100.000 dólares.
Pero en medio de la riqueza y la ostentación, momentos de pánico y dolor: "Julio 23 He pasado los dos días más horribles de mi vida adulta.
Hasta donde recuerdo, nada de lo que me haya ocurrido antes, ninguna injuria recibida o proporcionada, ninguna injusticia dispensada a otra persona o a mí, ningún fracaso profesional, ningún momento desagradable puede compararse con los instantes tan terribles que he pasado, contemplando a un ser amado que grita agónicamente durante dos dias, reconociéndome a veces, no sabiendo quién era yo, alucinada por las drogas, grosera durante unos instantes y convertida en un ángel después, y completamente impotente".

Cuando Liz fue operada de la matriz, Burton esperó pacientemente durante las casi cuatro horas que duró la intervención, intentando leer un libro sobre Lytton Strachey. Liz estaba fuera de peligro, pero la operación no había sido una histerectomia normal.
Había complicaciones. Burton pasó varias noches en una habitación contigua a la de Liz. Estos son sus recuerdos: "Le suministraron un droga que alivia el dolor pero le produce alucinaciones, mezcladas con oleadas de raciocinio. Ayer durante un largo rato pensó que se encontraba a bordo del "Kalizma" y cuando llegaban flores me pedia que las colocara en la habitación de Liza, y más tarde mirando la pantalla oscurecida del televisor me dijo que estaban pasando en ese momento una versión de "Doctor Fausto". Anoche apareció sorpresivamente en mi habitación acompañada por una enfermera latina y me dijo que se sentía muy sola (...) Le dije que me quedaría en su habitación. Entonces me dijo que no, que me quedara en el pasillo porque no soportaba verme la cara. Lo más alarmante de esta experiencia es descubrir el efecto que las drogas alucinantes ejercen sobre el cerebro. En algunos momentos he sentido que Elizabeth me mira con una maldad que deja atrás a cualquier basilisco. A las tres. Elizabeth se ha despertado y está normal, completamente ajena a lo que ocurrió anoche".

Paris era la ciudad favorita de ambos y durante el rodaje de una pésima película con Warren Beatty, The only game in town, Burton escribió: "Octubre 25 El enemigo ataca insidiosamente de nuevo. Beth (era uno de los nombres que el marido le daba a Liz) ha leído en un periódico que Onassis le ha regalado a Jackie rubíes y diamantes avaluados en más de medio millón de libras y aunque ella es la gran ganadora en la batalla mundial por tener los diamantes más grandes y costosos y la colección más sorprendente de esmeraldas rodeadas de diamantes, sé que ahora se empecinará en la batalla por los rubíes y me preguntó quién ganará y la idea de que no puedo dejarme ganar por un maldito griego ya está en el aire.
Puedo ser tan vulgar como él y lo único que debo es conseguir el dinero".

Si algo se recuerda de Burton y Liz es su relación amorosa, tormentosa, atormentada, tierna a veces, a veces pasional. A lo largo del diario, Burton se refiere en varias oportunidades a ella: "Noviembre 19 He tenido suerte toda mi vida, pero lo mejor de todo ha sido Elizabeth. Ella me ha convertido en un hombre moral pero no un tonto; ella es una amante excitante, despierta y vital, nadie se burla de ella. Es una actriz brillante es hermosa más allá de los sueños pornográficos. Puede ser arrogante y mimosa, es generosa y adorable, es radiante como una mañana de domingo, es tolerante con mis defectos y mi afición a la bebida. Es como una punzada en el estómago cuando estoy lejos de ella, y lo mejor de todo, es que me ama. Es algo que nadie puede describir. Es la esperanza para este pobre hombre y la amaré hasta cuando muera". Y dos días después escribe: "Si me muero, nada pasará, pero qué será de mi si ella muere primero. Creo que me convertiré en la llanta de un bus que rueda infinitamente, pisando inocentes pies".

En otro de los fragmentos y después de la vigésimo-octava operación que le practicaban a la esposa, Burton comenta: "Elizabeth tiene un enorme poder de recuperación y ha confundido a los médicos, quienes habian pronosticado que sería una inválida durante algunos meses. Su apetito sexual ha aumentado lo mismo que el mío, aunque esto ya no es tan importante como antes. Tenía el temor de que al dejar de beber del todo, disminuirian mis deseos sexuales y pienso que así estaba ocurriendo, pero por otros motivos. es que me concentraba demasiado en dejar el alcohol y todo lo demás se volvía difuso. Tenía problemas de concentración hasta para leer, pero ahora cuando el veneno está fuera puedo pensar con mayor claridad".

Marlon Brando, Franco Zefirelli, millonarios, directores de cine, Roma, Puerto Vallarta, Budapest Gstaad, los hijos, las joyas se suceden en las páginas de ese diario que Burton usaba para desahogarse y las cuales son incorporadas a una biografía que servirá para conocer mejor a quien sigue siendo considerado uno de los mayores intérpretes de los desolados y tensos personajes sabelinos. --

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