Domingo, 11 de diciembre de 2016

| 1999/05/24 00:00

LA FIESTA INOLVIDABLE

El mito de Studio 54, la discoteca más famosa de los años 70, es el tema central de una <BR>película en la que se narran las excentricidades de la rumba neoyorquina.

LA FIESTA INOLVIDABLE

A finales de los años 70 el centro del mundo se encontraba en el 254 west 54th street de
Nueva York. Allí, en un antiguo estudio de grabación de la CBS, se dieron cita personalidades de la
política, la cultura, el arte y el deporte, quienes al ritmo de la música disco dieron vida a la discoteca más
importante de los últimos tiempos: Studio 54.
Las locuras que se llevaron a cabo en ese lugar fueron suficientes para convertirlo en la meca del
hedonismo en donde el sexo, la droga y el alcohol fueron los grandes protagonistas. El frenético ambiente
sirvió de inspiración para el director y guionista Mark Christopher, quien decidió recrear en la pantalla el
estilo de vida que se generó en torno a la popular discoteca. Aunque la película se queda corta en la
exposición de los hechos y su trama es poco convincente, la historia _que se verá próximamente en
Colombia_ ha sido la excusa perfecta para recordar las estridentes bacanales que tuvieron como escenario a
Studio 54.
El club, considerado por algunos como la versión moderna del Olimpo, fue inaugurado el 26 de abril de
1977 por Ian Schrager y Steve Rubell, dos jóvenes empresarios que se convirtieron en el símbolo de los
excesos de los 70. En cuestión de meses la pareja se apoderó de la actividad social de la Gran Manzana y
dictó las pautas del desorden y la libertad de expresión. Figuras como Andy Warhol, Salvador Dalí, Liz
Taylor, Truman Capote, Mick Jagger, Calvin Klein y demás miembros de la denominada Beautiful people
(gente bella) asistieron sin falta a la discoteca, el único lugar capaz de unir el cielo con el infierno.

Sin límites
El club no tardó en alcanzar dimensiones de mito y todas las noches cientos de personas se apretujaban en
la puerta esperando una oportunidad para entrar. El afán era tan desmesurado que las mujeres se
desnudaban en la calle y los adolescentes accedían a las proposiciones eróticas de los homosexuales.
Sin embargo el ingreso no era nada fácil ya que arbitrariamente los guardias de seguridad se reservaban el
derecho de admisión. La selección era tan estricta que de 20 aspirantes sólo uno lograba ingresar.
"La única vez que pude entrar fue gracias a un triunfo de los Yankees. Esa noche hubo una fiesta y yo
aproveché el desorden que había en la puerta para pasar. Aunque adentro había muchas celebridades la
verdad es que no hablaban con desconocidos", cuenta Julio Sánchez Cristo, quien vivió la euforia de la
discoteca durante sus épocas de estudiante en Estados Unidos.
A pesar de los obstáculos la espera valía la pena pues una vez adentro el visitante se encontraba en otro
mundo. La decoración sicodélica lograba su máxima expresión con el hombre en la luna, una iconografía en la
que la luna menguante formaba el rostro de un hombre narizón. Frente a él había una cuchara llena de 'coca'
que posteriormente era 'inhalada' por la luna. El uso de droga era normal en la pista y en los salones VIP, en
donde era frecuente el consumo de marihuana, cocaína, heroína y los populares poppers, cápsulas contra
el mareo que al inhalarse producían efectos alucinógenos.
Según los propietarios, para lograr un buen ambiente era necesario que la mezcla de blancos, negros,
jóvenes, viejos, heterosexuales, homosexuales, celebridades y desconocidos fuera equilibrada. La fiesta
era tan democrática que una bella mesera de Queens podía bailar al lado de Dustin Hoffman.
Los shows corrían por cuenta del público que, haciendo a un lado los convencionalismos, dejaba volar
su imaginación. Así lo demostró Bianca Jagger durante su fiesta de cumpleaños cuando entró con un
caballo al recinto. Igual de escandalosa era Grace Jones, quien solía cantar acompañada de bailarines
desnudos. La reina indiscutible de la noche era la modelo Jerry Hall, quien aprovechó el ambiente de
Studio 54 para conquistar el corazón de Mick Jagger, en ese entonces esposo de Bianca.
"Ahí estaba la gente más maravillosa de Nueva York. Yo iba a las salas VIP con Philipe Junot y nos la
pasábamos con las mujeres más hermosas. Había mucho consumo de droga y se podía ver a las personas
inyectándose.", señala Eduardo Sáenz, uno de los pocos colombianos que asistió a Studio 54.


El ocaso
Después de tres años de excesos los asiduos clientes de la discoteca fueron testigos de su inminente
caída. En diciembre de 1979 Schrager y Rubell fueron capturados durante una operación policial en la que
participaron 50 agentes. Durante la requisa se hallaron varios documentos en los que se demostraba que la
pareja había evadido impuestos. Inicialmente los acusados fueron sentenciados a tres años y medio de prisión
pero luego de varias negociaciones lograron salir bajo libertad condicional después de permanecer 13 meses
en la cárcel. A pesar del apoyo de sus seguidores Studio 54 no consiguió remontar el vuelo y los
empresarios no tuvieron más remedio que vender el local al hotelero Mark Fleischman. Las asesorías de
Schrager y Rubell fueron simples pañitos de agua tibia y, lejos de mejorar, el club fue cayendo en un
abismo del que no se pudo recuperar. En 1986 Studio 54 cerró sus puertas con más pena que gloria.
En los años siguientes la pareja decidió incursionar en la industria hotelera y hoy en día Schrager es
considerado como uno de los hombres más importantes de ese sector. Rubell, por su parte, pagó caro el
precio del desenfreno y en 1989 murió en Manha-ttan víctima de hepatitis.
Con el cierre de Studio 54 los norteamericanos no sólo perdieron un establecimiento de diversión sino
el símbolo más importante de una generación que quiso experimentar la libertad en su máxima expresión.

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