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| 10/15/2011 12:00:00 AM

La galería oculta

Cuarenta años después de la muerte de Picasso, 271 obras aparecieron en el garaje de un electricista. Él asegura que el maestro se los regaló, pero los herederos de este lo acusan de robo.

Cuando Pierre Le Guennec, un electricista de 70 años, escribió a la Administración de Picasso para solicitar que certificaran la autenticidad de centenares de obras del pintor que había guardado en su garaje por casi cuatro décadas, su carta no sorprendió a nadie. En esa oficina, encargada de administrar los derechos de autor del artista malagueño, están acostumbrados a escuchar historias similares de locos o estafadores que se autodenominan herederos o amigos de Picasso.

Como indica el protocolo, la secretaria le solicitó a Le Guennec que les tomara unas fotografías a las piezas y se las enviara por correo. Así lo hizo, pero tuvo que esperar ocho meses más para que Claude Picasso, uno de los hijos del pintor y el encargado de gestionar su herencia, accediera a verlo personalmente.

Le Guennec y su esposa viajaron en tren desde la Costa Azul hasta París. Su único equipaje era una maleta de cuero repleta de libretas y dibujos. En total, 271 obras inéditas de Picasso del primer tercio del siglo XX, avaluadas en 180 millones de dólares. Entre los prodigios se destacaban un retrato a tinta de la primera mujer del artista, Olga Koklowa, nueve collages cubistas que se creían desaparecidos, una decena de bocetos de Las tres gracias, una acuarela de su periodo azul de un hombre ahorcado, varios paisajes y un cuaderno con cientos de dibujos a lápiz, apuntes, ensayos y caricaturas.

Aunque para Claude, acostumbrado a lidiar con grandes coleccionistas y curadores de arte, era inconcebible que aquel hombre de acento provinciano y apariencia sencilla tuviera un Picasso original, no pudo negar la originalidad de las obras. Pero ¿cómo habían llegado a parar a manos de un electricista? "Me los dio el maestro cuando trabajaba para él en 1971", le explicó primeroLe Guennec. Pero días más tarde su versión perdió credibilidad cuando aclaró que en realidad se los había regalado la viuda del pintor, Jacqueline Roque, quien se suicidó en 1986.

Como Le Guennec sostuvo más tarde a algunos diarios británicos, recibió las obras cuando le instaló al pintor las alarmas contra robo en sus casas. "Una noche, cuando ya terminaba mi jornada, Jacqueline se me acercó con una caja de cartón y me dijo: 'Para ti, de parte del maestro'. Vi que eran unos papeles, pero no les di importancia. Los metí en la camioneta y volví a casa. Al llegar, los envolví y los dejé en el garaje. Decidí desempolvarlos solo ahora porque un cáncer de próstata me hizo pensar en el futuro de mi esposa. Creí que de tener algún valor, esos dibujos podrían ser una especie de seguro de vida".

Las obras en poder de Le Guennec no tenían dedicatoria excepto un catálogo en el que el maestro garabateó "Para mi amigo Pierre". Ese indicio reafirmó las sospechas de Claude, pues su padre firmaba todos los trabajos que regalaba. Además Picasso era generoso pero nunca hizo un obsequio de esas dimensiones, ni siquiera a sus amigos los poetas Max Jacob y Guillaume Apollinaire.

Tras observar fascinado por casi tres horas las 271 obras que Le Guennec había traído, Claude no tuvo más remedio que devolvérselas. Le pidió que les tomara fotografías en color para poderlas autentificar y le indicó que esperara la llamada de la Administración de Picasso. El electricista y su mujer regresaron con su millonario equipaje a su modesta casa al sur de Francia, pero su teléfono nunca sonó. En cambio, a las tres semanas varios agentes de la Oficina Central Contra el Tráfico de Bienes Culturales allanaron su hogar y decomisaron todas las obras. Los herederos de Picasso los habían denunciado por robo.

Jean-Jacques Neuer, abogado de la familia de Picasso, le explicó a SEMANA las razones que los llevaron a acusar al obrero: "La historia que Le Guennec contó era tan absurda que para nosotros no había duda de que se había robado las pinturas. No hay dedicatoria, todos pertenecen a un mismo periodo como si estuvieran archivados en un mismo sitio. Además, ni su secretario personal ni sus biógrafos siquiera lo mencionan. ¿Por qué Picasso decidió donarle gran parte de su producción artística a un hombre con el que apenas cruzaba palabra? Todo esto es increíble".

Sin embargo, según dijo a esta revista el abogado de los Le Guennec, Charles Etienne Gudin, no era la primera vez que Picasso regalaba sus creaciones: "Para nadie es un secreto que prefería a los artistas y a los proletarios antes que a sus hijos, a quienes tildaba de burgueses ociosos. Por eso, aunque los herederos quieran negarlo, Picasso donaba constantemente obras a sus empleados: a su peluquero Eugenio Arias, a su secretario Jaime Sabartés e incluso a quien fue su chofer por más de 16 años, Maurice Bresnu".

Precisamente el hecho de que Le Guennec y Bresnu fueran primos políticos ha sido usado por los herederos del pintor como argumento para inculpar al electricista. Ellos creen que Bresnu, fallecido en 1991, pudo apropiarse de forma indebida de las obras y se las dio a guardar a Le Guennec poco antes de morir. Ahora, este estaría empeñado en hacerlas pasar por un regalo del maestro para poderlas vender.

El caso ya está en manos de la justicia francesa y las obras permanecen custodiadas en una comisaría de Nanterre. Por lo pronto, la defensa de Le Guennec se ha dedicado a destapar las horribles relaciones entre el artista y sus descendientes. Su objetivo es cuestionar el estatus de herederos de los tres hijos de Picasso nacidos fuera del matrimonio (Claude, Maya y Paloma) y, en consecuencia, su legitimidad como demandantes civiles.

Como Picasso no hizo ningún testamento, sus tres hijos naturales obtuvieron la condición de herederos en un controvertido juicio a principios de los años setenta. De comprobarse que ellos no tienen derechos sobre las obras, la demanda no tendría sentido y el electricista podría hacerse millonario. En caso contrario, de demostrarse el robo, Le Guennec podría pasar sus últimos años en la cárcel y los Picasso aumentarían su fortuna. La justicia aún no ha dado su veredicto. Se espera que -como vaticinó el creador del cubismo poco antes de morir - el enfrentamiento por su herencia continúe por largo tiempo y "sea mucho peor de lo que cualquiera pueda imaginar".
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