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| 8/9/1999 12:00:00 AM

LA GENERACION Ñ

Criada con 'rock' y con Ricky Martin, la generación X latina avanza en medio de la corriente <BR>dominante norteamericana inventando una nueva identidad bicultural.

Luego de ordenar tacos y sopa de albóndigas en un restaurante de moda en Los Angeles,
Olivia Armas y su marido Rod Hernández se dedican a bromear. Olivia es hija de inmigrantes mexicanos. La
familia de Rod llegó a Los Angeles procedente de México hace dos generaciones. Desde que se conocieron
en el pregrado de la Universidad de California ella no ha cesado de burlarse de él por su escaso dominio
del español. El contraataca hablando de las preferencias gastronómicas de su familia política: "Comen tripas,
órganos internos, partes del animal que yo en mi vida había visto. Tengo que pedirle que no me haga comer
cosas de esas. Le pido que prepare pasta".
Son completamente bilingües _aunque con frecuencia hablan el inglés con mayor fluidez que el español_ y
pertenecen a una numerosa generación de latinos biculturales que está llegando a los 20 y a los 30 años,
dotados de una sólida educación y de una vitalidad cultural que sus padres nunca imaginaron. Si las
anteriores generaciones hispanas cruzaron fronteras geográficas, estas están cruzando fronteras culturales.
Navegan una compleja red de relaciones: con sus mayores, con anglosajones y entre ellos mismos y se
las arreglan para crear identidad en los intersticios. "Para nuestros padres era negativo ser latino en este
país", dice Nelly Galán, de 35 años, presidente del área de entretenimiento de la cadena de televisión en
español Telemundo. "En cambio para nosotros es una ventaja. Podemos ser ciento por ciento
norteamericanos cuando queremos y luego cambiar y decir: 'Hoy no soy norteamericana, soy totalmente
latina. Voy a un club latino, escucho música latina, hablo español".
A diferencia de sus homólogos anglosajones no viven a la sombra de una generación más numerosa del
baby boom. La población latina es joven y se está volviendo cada vez más joven. "Esta generación va a
cambiar las cosas definitivamente", dice Rudy Acuña, presidente fundador de Chicano Studies en la
universidad de California State Northridge. "Las generaciones anteriores siempre se asimilaron. Esta vez
somos suficientemente numerosos para decir 'no vamos a hacer las cosas como su sociedad, sino que
vamos a hacerlas a nuestro modo".
Bill Teck, de 31 años, se propuso bautizar esta nueva generación. No se sentía incluido dentro del prototipo
de la generación X y decidió lanzarse por un sendero más auténtico y comercial: acuñó el término
'generación Ñ', de exclusivo sabor hispano.
Más versados en la cultura pop norteamericana que sus padres, los Ñ también suelen ser más
orgullosamente latinos. Una encuesta especial de Newsweek mostró que los latinos mayores de 35 tendían a
identificarse como norteamericanos y que los menores de 35 tendían a decir que eran hispanos o latinos.
Los Ñ con frecuencia están a varias generaciones de distancia de la traumática experiencia de la inmigración y
están redescubriendo sus raíces. Jaime Cortez, de 33 años, es hijo de trabajadores agrícolas inmigrantes.
Logró una educación superior en universidades de la Ivy League y consiguió un apartamento en San
Francisco con un armario lleno de guayaberas tradicionales. "Uno ve cada vez más y más personas
educadas, cultas haciendo trabajos de los que huían los inmigrantes, dice. Los norteamericanos tienen ese
extraño optimismo que ordena dejar atrás el pasado. Mi generación de latinos no comparte esa manera de
sentir. Sabemos que venimos de una historia y una cultura muy ricas y queremos celebrarlo".
Pero no toda la mezcla cultural es sana. Al igual que otros grupos de inmigrantes, los latinos
comienzan a absorber en su segunda y tercera generación lo peor de Estados Unidos: malas condiciones de
salubridad, mayores tasas de delincuencia y de abandono escolar, más divorcio y violencia doméstica. Las
latinas entre los 10 y 20 años acaban de sobrepasar a las negras en las cifras de embarazo. Duplican las
tasas de las blancas. Ruben Rumbaut, sociólogo, dice que "a mayor tiempo de permanencia de las familias
en Estados Unidos, mejor inglés hablan los niños y mejor autoestima tienen; pero también hacen menos
tareas, sacan menores puntajes en los exámenes y menores aspiraciones".
La nueva ola de música de base latina que actualmente triunfa en las listas refleja la vida bicultural de los
jóvenes. Aunque la música latina presenta importantes diferencias regionales, las nuevas estrellas como
Ricky Martin y la colombiana Shakira abaten las divisiones mezclando una amplia gama de estilos, incluso
latinos y anglos. "Estamos hechos de fusión", dice Shakira. "Es lo que determina nuestra identidad: cómo
en un mismo bocado tomamos arroz, plátanos y carne". Su música combina Alanis Morissette, reggae y
mariachis.
Para muchos latinos, el éxito de los músicos es una medida del éxito colectivo en Norteamérica. "Cuando yo
estaba creciendo, realmente no era bien visto ser hispano", dice Adán Quiñones, negociante de finca raíz en
La Puente, un suburbio de Los Angeles. "Había presión para que uno se portara como blanco. Ahora, todo el
mundo quiere ser latino. Si Ricky Martin ha ayudado a superar todo eso, entonces realmente lo admiro".
Las costumbres cambian. Elizabeth Malave y Adalberto Santiago se casaron en la Iglesia Española Bautista
del Bronx el mes pasado. La familia de Elizabeth es muy sólida y tradicional. En ella las decisiones las
toma el padre. En el nuevo matrimonio ya no es lo mismo: hay una sociedad igualitaria. "Berto y yo somos
socios", dice Elizabeth. Muchas jóvenes latinas rechazan los roles de sus madres."En nuestra
generación las mujeres son menos tolerantes", dice Ana Escribano, estudiante de la Universidad
Internacional de Florida. Algunas se han casado con anglos y siguen usando su apellido de solteras, por lo
cual a veces sus propias familias se disgustan: sienten que es una falta de respeto hacia el marido.
Algunos rezagos del pasado también vienen en forma de prejuicios entre latinos. La variedad de orígenes a
veces da paso al racismo. El escritor dominicano Junot Díaz lo expresa: "Los dominicanos son antihaitianos
porque guardan sentimientos contra los africanos, en tanto que los puertorriqueños tratan a los dominicanos
igual que los norteamericanos tratan a los puertorriqueños".
Pero parece ser que en la generación Ñ estas tensiones están disminuyendo y que la solidaridad va en alza.
En la pelea boxística entre Oscar de la Hoya y Félix Trinidad, los puertorriqueños van por Trinidad y los
mexicanos por De la Hoya; pero un buen número de espectadores ha cambiado de bando sin traumatismos.
Un espectador lo explica así: "Soy de Puerto Rico, pero voy por De la Hoya. El está orgulloso de su cultura y
eso nos enorgullece a todos los latinos por igual".
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