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| 4/11/2014 12:00:00 AM

La gran mujer detrás de Luis Fernando Montoya

Pocos conocen bien a Adriana Herrera, quien asegura no dejará de luchar junto a su esposo.

En diciembre de 2014 se cumplirán diez años del atentado que casi le cuesta la vida al técnico de fútbol Luis Fernando Montoya. Desde entonces, 'el campeón de la vida' ha logrado aplicar tácticas en su recuperación que le han permitido sobrevivir.

Dentro de sus variantes de juego se encuentran, la disposición por cumplir con los tratamientos y terapias, dejarse guiar por su equipo médico, y la medicina mas importante que no se encuentra en ningún dispensario del mundo: el amor y la entrega de su esposa Adriana Herrera.

Con paciencia, dedicación y sacrificio, el empuje de esta mujer paisa ha desbordado el límite de la entrega para que el 'profe' no desfallezca, y aunque ella no ostenta títulos a nivel deportivo en copas suramericanas y torneos nacionales, en la última década, ha ganado el mejor de todos: la de campeona del amor.

Como dice la canción de Willie González “no es casualidad que tú y yo nos encontremos” y eso fue precisamente lo que sucedió, cuando en 1993, Luis Fernando Montoya acudió a la entidad bancaria donde Adriana trabajaba, se conocieron y el 6 de noviembre de 1998 se casaron. 
Luis Fernando Montoya y Adriana Herrera. El día de su matrimonio. Noviembre 6 de 1998. Foto: Archivo particular.

Desde entonces, el amor mutuo, consolidó una relación llena de afecto y cariño, cumpliendo con el mandamiento del sacramento del matrimonio de estar pendientes el uno del otro, de entregarse y ayudarse en las buenas y en las malas, y sin lugar a dudas,  estar juntos hasta que la muerte los separe.

El 22 de diciembre de 2004 mientras la mayoría de las familias colombianas se aprestaban a celebrar con alegría el séptimo día de la novena de navidad, en Caldas, Antioquia, había una en la que la tristeza y la tragedia empezaba a cambiar sus vidas: la familia Montoya Herrera

Las balas criminales de la delincuencia llegaron a la puerta de la casa del técnico del Once Caldas, acabando con la ilusión de quien hacía seis meses había obtenido la segunda Copa Libertadores para Colombia y se perfilaba como uno de los mejores técnicos de América.

La familia Montoya Herrera celebrando el título de campeón de Copa Libertadores con el Once Caldas en julio de 2004. Foto: Juan Carlos Sierra

En cuestión de instantes la vida para 'el profe' y su familia dio un giro de 180 grados. Un proyectil alojado en el canal medular entre la tercera y la cuarta vértebra desencadenó en una cuadriplejia.

Los tiempos no eran los mejores y las circunstancias obligaban a recomponer el ánimo y el camino de la familia Montoya, y quién, sino Adriana, tendría que tomar el timón de este pesado barco anclado entre contratiempos y dificultades.

Siempre se ha dicho que detrás de cada hombre hay una gran mujer y Adriana Herrera ha ostentado este título con mayúsculas por ser la mujer constante, que lucha insaciablemente por el bienestar de su esposo y de su pequeño hijo José Fernando quien al momento de la tragedia solo tenía tres años.
“Fueron preguntas muy fuertes que tuve que ir asumiendo, máxime cuando miraba a José Fernando y veía que era un bebé (3 años) y que los médicos me afirmaban cada día la cuadriplejía de Luis Fernando”,  responde Adriana al interrogante de cómo le cambió la vida a partir del hecho.


Adriana y su hijo acompañan al profe Montoya al clásico Nacional - Medellín el 5 de noviembre de 2006. El pequeño José Fernando hace el saque de honor luciendo el traje de la Policía Nacional. Foto: Archivo Semana.

Siempre aferrada a Dios como ayuda espiritual y a su doble condición de madre y esposa, su diario vivir está ligado al de los hombres de su casa. Por su condición física debe estar todo el tiempo junto al profe Montoya y acompañarle en sus actividades domésticas, sus citas clínicas y la asistencia a ciertos eventos de carácter profesional, que por fortuna ocupan al técnico colombiano.

Ser el eje de la familia en estas condiciones no es tarea fácil, debe buscar espacios y tiempos para compartir y enseñarle a su hijo José Fernando que todo lo que se hace en familia y por ella se hace con amor, ayudándolo a entender la situación. 
“ A nuestro hijo le ha tocado madurar un poco más rápido, siempre ha sido una personita muy pendiente de todo el entorno familiar y de lo que sucede alrededor de su padre. Afortunadamente es un apasionado del fútbol, motivo por el cual vive muy conectado con su papá”, cuenta con buen tono.

Adriana no reniega, al contrario, se siente orgullosa de la familia que Dios le ha dado y que pese a las circunstancias ha logrado mantener durante más de una década, sin nunca pensar en abandonar el barco que gracias a su temple y conexión con el ser supremo ha sabido llevar durante este tiempo.

Aunque el único reconocimiento que ha recibido ha sido el de mujer Cafam en Antioquia, todos los homenajes serían pocos para la labor ejemplarizante de esta mujer antioqueña que ha logrado sobrellevar contra viento y marea la adversidad que le ha tocado vivir.

Ella es humilde al reconocer que no ha estado sola en este proceso y agradece a quienes no se han olvidado de su familia. Afirma que ha recibido el apoyo de innumerables personas y entidades como la personería de Bogotá, Indeportes, Inder, Conmebol, El Espectador, Bancolombia, Coldeportes, Sena, Comfenalco y Coomeva.


El diario uruguayo El País galardonó a Montoya como el mejor entrenador de fútbol del 2004. Adriana junto a Luis Fernando pendiente de todo detalle. Foto: AP

Colombia es un país de amnesia y los episodios que se convierten en en noticia hoy, mañana no lo son. Pero el país no puede olvidar que Adriana Herrera encarna a cientos de mujeres valientes que están cargando alguna situación y que por difícil que esta sea, la constancia y la dedicación supera la prueba. “ En la vida hay que reír y llorar, amar, trabajar, gozar y sufrir; en fin, vibrar todo lo que se pueda y en todos los sentidos. Siempre haciendo el bien y con mucho amor”.

Con estas palabras Adriana Herrera deja su impronta de mujer incondicional, que hace de la adversidad un remanso de paz, apartando los densos nubarrones que trajo consigo el destino y en cuya fuerza de mujer valiente dejará la huella imborrable que nunca le falló a su hogar, ni a Luis Fernando y que hará que Colombia la recuerde por su bondad.
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