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| 4/9/2011 12:00:00 AM

La gran víctima de WikiLeaks

Crecen las protestas por el trato que recibe el soldado de 23 años que le filtró miles de secretos a Julian Assange y enfrenta cadena perpetua o hasta pena de muerte.

Bradley Manning, acusado de filtrar cientos de miles de cables diplomáticos e informes de inteligencia sobre las guerra en Irak y Afganistán a WikiLeaks, es probablemente la persona que más controversia causa hoy día en Estados Unidos. Muchos consideran al soldado de 23 años un héroe nacional y otros, un antipatriota, que con sus acciones tiene en riesgo la seguridad nacional. El problema para el joven es que el gobierno estadounidense se inclina más por lo segundo: lo ve como un traidor de la más baja naturaleza y no como un quijote que lucha por el derecho de la gente a saberlo todo.

Por eso Manning pasa ahora los días en una celda de máxima seguridad en la base de Quantico, en Virginia. Fue detenido en mayo pasado, llevado a una prisión militar en Kuwait y luego, a Estados Unidos. De ser encontrado culpable de cargos como traición a la patria y asistencia al enemigo, podría ser condenado a cadena perpetua o hasta pena de muerte. Según sus defensores, los guardianes de Quantico lo tratan como a un preso de Abu Ghraib, la cárcel iraquí donde los soldados estadounidenses fotografiaban a los internos mientras los torturaban. "Además de dejarme desnudo por las noches, estoy en régimen de aislamiento -escribió en una carta que envió al jefe de la base-. Durante 23 horas del día me siento a solas en mi celda (...) No puedo tener sábanas o almohada, no puedo tener mis cosas personales en la celda, no puedo tener un libro o una revista para leer algo. Tampoco puedo hacer ejercicio".

Estas denuncias han desencadenado una ola de reproches de columnistas de izquierda, blogueros y miembros de ONG. Cientos de personas han protestado desnudas a las afueras de Quantico y de la Casa Blanca, portando máscaras con la cara del soldado y letreros que rezan: "Yo soy Bradley Manning". La ONU también se pronunció y dijo que iba a investigar el caso. Y mientras los pocos que han logrado visitarlo afirman que está muy disminuido física y mentalmente, el gobierno estadounidense alega que lo trata como a cualquier otro recluso y sostiene que solo le aplican medidas extremas porque temen que se suicide.

Manning era analista de inteligencia de la base de operaciones de Hammer, al este de Bagdad, cuando decidió copiar los archivos clasificados a los que tenía acceso. Pese a que los equipos que usaba no tenían puerto para USB, sí tenían una gran falla de seguridad: una unidad para copiar CD. Un día el recluta, que trabajaba 14 horas diarias y se sentía aislado e ignorado, marcó un disco con el nombre de la cantante Lady Gaga y descargó ahí toda la información confidencial. Luego se la pasó a Julian Assange, en ese momento un desconocido que pronto se convertiría en una amenaza para Estados Unidos por publicar los documentos que supuestamente le pasó Manning. El joven fue delatado por Adrián Lamo, un reputado hacker de origen colombiano, a quien contactó para que le aconsejara qué hacer con tanta información valiosa. Unos dicen que Lamo traicionó su confianza por lealtad con Estados Unidos, pero otros aseguran que lo hizo porque se asustó al enterarse de un secreto tan gordo.

Manning nació en Crescent, un pueblo pequeñísimo y ultracatólico de Oklahoma, donde desde niño empezó a cuestionarse la fe que le trataban de imponer. Sus compañeros de colegio lo recuerdan como un niño inteligente y estudioso que, mientras ellos jugaban en el parque, conversaba con sus pocos amigos sobre política y religión. Pasaba las tardes al frente de un computador, por lo que a los 11 años ya había creado su propia página de Internet. Heredó la afición por la informática de su papá, Brian, un estricto militar retirado, experto en temas de tecnología que había conocido a la mamá de Bradley en Gales, adonde viajó por una misión del Ejército.

El introvertido joven tenía 13 años cuando su mamá decidió separarse de Brian y devolverse para Gales con sus hijos. Entonces Bradley citó a su mejor amigo en una casita en un árbol, se despidió de él y le contó que era homosexual, un secreto que se había guardado por temor a las represalias de sus compañeros y sus familiares. Sus relaciones escolares no mejoraron en el Reino Unido. Allá lo recuerdan como un tipo callado y obsesionado con los computadores, a quien solían molestar por afeminado.

Tras graduarse del colegio volvió a la casa paterna, pero le tocó irse muy pronto. Él diría tiempo después que su papá lo echó al enterarse de que era gay. Su papá sostiene, no obstante, que se fue por su propia voluntad. Lo cierto es que días antes de dejar la casa, su madrastra llamó al 911 para pedir ayuda, pues el hijo de su marido los estaba amenazando con un cuchillo de cocina. Nunca se confirmó si la denuncia era cierta. Bradley viajó luego de una ciudad a otra, trabajó en cafés y pizzerías, consiguió novio y se enlistó para tener estabilidad. Durante años tuvo que callar sus preferencias por una política, según la cual, los homosexuales podían ingresar al Ejército mientras no hablaran abiertamente de su gusto por otros hombres.

Poco después resolvió formar parte de la mayor filtración de la historia. Se sentía desesperado, inútil y demasiado solo en Irak. Hoy Manning está aislado en una celda diminuta, sometido a todo tipo de humillaciones, mientras espera una condena ejemplar. Quienes lo conocen afirman que hizo lo que hizo porque era idealista y quería cambiar el mundo, un lugar que siempre le resultó hostil.
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