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| 4/25/2009 12:00:00 AM

La hija del 'monstruo'

El ADN lo confirma. El campesino de Mariquita sí engendró al menos siete niños con su propia hija. Ella le contó a SEMANA su calvario.

Alba Nidia Álvarez reconoce que dos de sus hijas confunden las palabras papá y marido. "Tienen 10 y 5 años y les parece que una cosa es lo mismo que la otra", confiesa como si nada. Después de todo, durante casi tres décadas fue la única realidad que conoció: ser a la fuerza la amante de su papá, Arcedio Álvarez. Con él, según su testimonio, tuvo más de una docena de hijos, seis de los cuales habrían muerto. "Por mucho tiempo no tuve conciencia de lo que me pasaba y me parecía hasta normal. Tenía menos de 7 años cuando todo comenzó".

Pero a sus 36, cansada de la rutina de abusos y amenazas, esta tolimense finalmente decidió poner su vida y las de sus niños en orden y se atrevió a denunciar a su padre. Hoy este ya es tristemente célebre como el 'monstruo de Mariquita' por la inevitable comparación con el famoso caso del austríaco Josef Fritzl, el 'monstruo de Amstetten', quien durante 24 años tuvo encerrada a su hija en el sótano de su casa y con ella tuvo siete hijos.

Arcedio, de 59 años, se encuentra recluido en una cárcel de Honda y aunque trató de defenderse diciendo que no es el padre biológico de Alba, la semana pasada las pruebas de ADN realizadas por Medicina Legal habrían demostrado lo contrario y su paternidad de siete de los ocho niños. Sin embargo esta evidencia fue desestimada por un tecnicismo, debido a que no se ordenó a través de un juez de control de garantías. Pero Alba ya empezó su lucha y quiere llegar hasta el final. "Yo ya no tengo miedo de hablar porque nadie me puede acosar ni dañar como él lo hizo". El miedo fue el responsable de que se resignara a esa vida.

"Para mí no ha habido nada bueno", comenta, cuando piensa en su infancia. El único recuerdo agradable que tiene de esos años es que su papá le enseñó a leer y a escribir porque en la escuela sólo estuvo seis meses. Sobre su madre Alba sólo tiene claro que "se enojaba conmigo y me pegaba". Dice a modo de disculpa que esa era su manera "de sacar la rabia que sentía porque mi papá era excesivamente celoso y la maltrataba cada vez que había un hombre por ahí".

Cuando ella murió, Alba tenía 5 años y se mudó con su padre y su hermano menor a la casa de los abuelos, donde una tía se encargó de cuidar a los niños. "Mientras estuvo a mi lado, dormía conmigo y no pasó nada. Pero las cosas cambiaron cuando se casó y se fue. Mi papá comenzó a acariciarme, me apretaba fuerte y me recostaba sobre él. A mí no me parecía raro, yo creía que lo hacía por cariñoso". Alba confiesa que se sentía especial por el afecto de su padre, quien le pedía que no contara nada. Para la concejal de Bogotá Gilma Jiménez, quien denunció la historia de Alba Nidia y promueve el referendo para castigar hasta con prisión perpetua los delitos atroces contra niños, "la manipulación afectiva" es el común denominador en estos casos. "Además, normalmente en el entorno social y familiar saben lo que está pasando, pero por miedo, porque les parece normal o por complicidad nadie denuncia", agrega. Así sucedió con Alba, pues en su casa todos sospechaban, pero nadie decía nada. Incluso, cuenta que un tío trató de hacer lo mismo que su papá.

Relata que una noche, cuando tenía 10 años, Arcedio le dijo que se pasara a su cama, y así sería de ahí en adelante. "Todos los días quería acostarse conmigo. Cuando me hacía la dormida para evitarlo, él amanecía con rabia y no me recibía el tinto. Yo lloraba porque me sentía culpable", revela con inocencia casi infantil, como si hasta ahora se estuviera dando cuenta de lo que le pasó. "Lo único que yo quería era tener un papá que me quisiera".

Antes de cumplir los 13 años quedó embarazada. Al comienzo no entendía su malestar, y cuando su abuela le preguntó si no estaría esperando un bebé, ella se horrorizó. "Si yo no tengo novio", le contestó. Pero cuando la anciana le insinuó que podría ser de su papá, cuenta Alba, empezó a comprender que lo que estaba sucediendo era terrible. Según ella, Arcedio le pidió que inventara que un amigo de infancia, que entonces visitaba a su familia en la vereda La Cabaña, era el padre de José Leonidas, su primer niño.

Alba admite que por esa época se enamoró por primera vez. Era un vecino de 17 años. "Yo pensaba que si ya había nacido mi hijo podía tener una vida normal. Mi papá dejó que me visitara mientras él estuviera presente. Pero una vez que nos encontró solos, esperó que mi novio se fuera para agarrarme a golpes". La pareja trató de huir, pero Arcedio se apareció en la casa del muchacho con revólver en mano y Alba prefirió terminar la relación. "Más que quererlo, él era mi esperanza. Algunos días pasaba cerca de mi casa, me dejaba chocolates y cantaba vallenatos esperando que lo oyera. Pero para evitar problemas, sus papás se lo llevaron lejos". Desde entonces ella fue obligada a quedarse en la casa y sólo podía salir con permiso de su papá y por un rato. También empezaron las amenazas: "Decía que era capaz de matarme y suicidarse".

A ese dolor se sumó la muerte de José Leonidas y la de los mellizos que lo siguieron: "El niño sólo vivió 10 horas y la niña tres meses". Lo mismo les habría pasado a varios más, y la Fiscalía está investigando cómo murieron. Cuenta que cada vez que nacía un bebé, las parteras le decían que se parecía al abuelo. Y es que en el pueblo siempre fue un secreto a voces que los niños eran de Arcedio. "Pero muchos creían que era mi padrastro".

A Alba se le iluminan los ojos cuando habla de sus hijos: el mayor tiene 19 años y la menor, 18 meses. Sólo por ellos decidió empezar una nueva vida, algo que ni siquiera hizo cuando se enamoró por segunda vez. "Mi papá trataba a los varones como amigos y ellos ya estaban viendo su ejemplo de que con las niñas se portaba diferente y temí que mis hijas repitieran mi historia. Yo procuraba no dejarlas solas con él". Confiesa que abandonó la casa en el cumpleaños de una de ellas, porque sabía que su papá planeaba abusar de su hija-nieta ese día.

Eso pasó hace 10 meses, cuando se fue con seis de sus hijos al pueblo de Mariquita. "Los mayores quisieron quedarse. Mi papá no me detuvo porque creyó que yo me iba a morir de hambre y volvería". Cuenta que trabajó en muy malas condiciones en casas de familia y en un asadero para mantenerse, pero que no quería hacer la denuncia por temor a que la separaran de sus hijos.

Su drama se hizo público cuando un ex comisario de familia de la región, que estaba investigando el caso, se comunicó con la concejal Gilma Jiménez. Después de evaluar el tema, ella presentó la información en la Fiscalía, y el Grupo de Verificación del CTI de Bogotá capturó a Arcedio Álvarez.

Hoy Alba y sus seis hijos se encuentran en Bogotá, en un hogar de protección del Instituto Colombiano de Bienestar Familiar donde reciben ayuda terapéutica. Los niños están estudiando y tienen atención médica, pues estaban desnutridos y una de las pequeñas va a ser operada de cataratas. "Esperamos también trabajar con los dos muchachos que no vinieron. La idea es que estos niños tengan un desarrollo adecuado", afirma Elvira Forero, directora general del Icbf. Para ella lo más importante es que este caso "sirva de ejemplo para que las personas denuncien y se atrevan a salir de esa situación de abuso reiterado, a romper con el temor a lo desconocido".
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