Jueves, 19 de enero de 2017

| 2016/01/05 10:10

La historia de los dos pares de gemelos separados al nacer

Este relato recorrió el mundo cuando lo publicó, en un extenso reportaje, el diario ‘The New York Times’.

Jorge, William, Carlos y Wílber (de izq. a der.) buscan ahora apoyarse entre todos. Foto: BBC
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BBC

Dos pares de gemelos que fueron intercambiados al nacer en 1988 se reencontraron por una mezcla de azar y curiosidad a los 24 años, en el 2014.

Una amiga de la oficina de uno de ellos, de Jorge Enrique Bernal Castro, fue de compras a la carnicería en la que estaba trabajando William Cañas Velasco. Allí descubrió el parecido –no, la definitiva igualdad de rasgos– de ambos: flacos, de cara huesuda, boca pequeña y sonrisa pícara.

Le tomó la foto al "Jorge carnicero" y se la mostró al "Jorge oficinista", quien no salió de su asombro.

Finalmente se pusieron en contacto. Jorge entonces conoció a William.

La sorpresa se duplicó –o cuadriplicó– cuando cayeron en la cuenta de que quienes creían que eran sus respectivos hermanos mellizos, Carlos Bernal Castro y Wílber Cañas Velasco, también eran iguales entre sí, además de ser bastante diferentes a Jorge y William.

La historia recorrió el mundo cuando la publicó en un extenso reportaje el diario The New York Times en julio del 2015.

El Times contó casi todo lo que se podía contar, pero el vínculo entre los protagonistas ha ido evolucionando.

Bromistas vs. enojadizos

Carlos y Wílber son corpulentos, de cabeza más grande, labios carnosos y expresión más seria.

A medida que se fueron conociendo se dieron cuenta de que mientras Jorge y William eran más dicharacheros, bromistas y desenfadados, Carlos y Wílber eran más medidos con las palabras, poco tolerantes a las tomaduras de pelo, rápidos para enojarse y más cuidadosos de su imagen.

Cuando los conocí, Carlos y Wílber tenían casi idénticos celulares blancos, que aseguraron que habían comprado por separado, así como la misma tendencia a juguetear con ellos cuando la conversación no les resultaba interesante.

"Creo que bailamos mejor (que Jorge y William)", agregó entre risas Carlos, para marcar otra similitud entre ellos que los distingue de sus hermanos.

Dudas y miedo

William creció con Wílber, pero algunas diferencias lo hicieron dudar en ocasiones de que fueran hermanos.

No mencionó el baile, pero sí lo que ocurrió cuando ingresaron al Ejército: en las pruebas de sangre salió que tenían factor RH diferente.

Se le hizo raro, pero como quien tomó las muestras le dijo que era normal, lo dejó ahí.

El error original

Los cuatro son sietemesinos.

Como Carlos no se encontraba bien, lo trasladaron junto a su hermano al Materno Infantil de Bogotá para que
lo trataran.

Jorge cree que los pusieron a todos en la misma sala y que se habrá caído alguna o algunas de las pulseras que identifican a los niños en los hospitales y que luego se las colocaron a los bebés equivocados.

A todos les dieron el alta el mismo día. William se fue con Wílber para Santander, a una zona rural, y Carlos se quedó con Jorge en Bogotá.

"Uno no sabía qué clase de personas podían ser -dijo Jorge-, ese era el mayor miedo: que pudieran ser unas personas malas".

Lo mismo le pasó a Wílber. "Por ahí iban a robarnos o hacernos algo", recordó haber pensado en ese momento.

Política, libro, proyectos


Pero finalmente se encontraron y los miedos se fueron disipando, la desconfianza fue dando paso a las palabras, los chistes, la curiosidad, las preguntas, la conversación.

De hecho, su vida comenzó a reescribirse con el descubrimiento, la publicación del diario estadounidense y las investigaciones de expertos en gemelos.

Los dos pares de hermanos, cuatro hermanos –como se llaman ellos–, vieron que su historia, el estar juntos, les daba fuerza y capacidad de crecimiento, y no dejaron pasar la oportunidad.

"Además de hermanos -explicó Jorge-, nos volvimos como una empresa en la que todos somos importantes y nos necesitamos el uno al otro para poder hacer las cosas".

Comenzaron a acompañarse en sus proyectos.

Por ejemplo, William quiso lanzar su carrera política.

"Quiero ser alcalde del pueblo si llega la oportunidad", me dijo.

En principio intentó ganar un puesto de concejal en su municipio, La Paz, en Santander, en las elecciones departamentales y municipales de octubre pasado.

En la campaña lo acompañaron y lo asistieron Carlos y Wílber.

Al final no ganó, pero fue una buena experiencia de trabajo conjunto para los hermanos.

La clave está, creen, en apoyar los proyectos personales de cada uno y de los cuatro como conjunto.

"Wílber quiere más responsabilidad, así que va a administrar y seguir de comerciante, William quiere estudiar y estar en la política y los tres lo apoyamos. Y cuando quiso hacer su maestría también lo apoyamos", repasó Jorge.

Como conjunto son protagonistas de un libro científico sobre gemelos (todavía sin publicar), de la Universidad de California, que les dará cierto beneficio económico. Se llamará Accidental Brothers, Hermanos Accidentales.

Oscuros ojos almendrados

Ya han pasado más de un año desde que se conocieron, y se han vuelto cada vez más unidos. Están planificando viajes juntos, y hasta convivir.

"Pensamos hasta comprar una casa los cuatro", contó Wílber.

No pasaron Navidad juntos, pero su plan sí era compartir la noche de Año nuevo.

Seguramente seguirán pensando en planes en conjunto y bromearán, como lo hicieron cuando los conocí,
sobre las peculiaridades y mañas de cada uno.

Con sus diferencias, los cuatro se parecen en algo: en el deseo de construir una relación positiva y simbiótica de lo que podría haberse convertido en una noticia cargada de dolor.

En eso, y en un rasgo físico: todos tienen unos muy parecidos oscuros ojos almendrados, esos con los que se miran entre sí y siempre ven a un hermano.

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