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| 11/3/1986 12:00:00 AM

LA INFANTA Y EL JINETE

Lío jurídico por el noviazgo de la infanta Elena con plebeyo español

Lío jurídico por el noviazgo de la infanta Elena con plebeyo español. Hoy más que nunca es evidente que el generalísimo Franco sabía muy bien lo que estaba haciendo, cuando dispuso que en España se restableciera la monarquía con posterioridad a su muerte. El éxito y la popularidad de los reyes de España es tan indudable, que en la actualidad constituyen un factor de estabilidad política y democrática, que quedó ampliamente demostrado cuando en el año de 1982 el coronel Tejero intentó dar un golpe de Estado que fue hábilmente atajado por el rey Juan Carlos.
Por eso, la continuidad de la monarquía española como institución despierta un enorme interés entre los españoles. Todo lo que tenga que ver con los reyes o con alguno de sus tres hijos es seguido con atención, no sólo por la opinión pública, sino además por los medios de comunicación. Fue así como la discusión, en torno a si el heredero del trono, el príncipe Felipe, debía asistir a un colegio canadiense para completar su educación escolar mereció editoriales de los periódicos, que no ahorraron palabras para apoyar el proyecto, con el argumento de que el heredero al trono debería recibir la mejor educación que fuera posible otorgarle, de acuerdo con su rango.

AMOR DE PRINCESA
Los episodios amorosos de la familia real española tampoco escapan a la curiosidad inquisidora de los súbditos. Y en la actualidad, una de las princesas españolas protagoniza lo que pudiera llamarse su primera historia de amor.
Se trata de la "feita de la familia", la infanta Elena, quien hasta hace poco tiempo parecía destinada a pasar el resto de su vida participando en concursos hípicos, que constituyen su principal afición.
Pero hace dos años las hadas de los cuentos vinieron en su ayuda. En 1984 conoció y trabó amistad en tierras portuguesas con un jinete sevillano, Luis Astolfi, que con el paso de los días ha llegado a tener todas las posibilidades de convertirse en el "elegido" de la infanta doña Elena. Se trata de un apuesto joven de 1.90 de estatura, de cabello rizado y rubio, aspecto atlético y "encanto arrollador", que renunció a su carrera de derecho por la pasión que despiertan en él los caballos.
Pero en las historias de la realeza, no todo es tan fácil como enamorarse y vivir felices para siempre. En los cuentos de mentira hay brujas, y en los de verdad hay leyes que prohíben que las princesas se casen con plebeyos.
Aunque según los estudios realizados por genealogistas e investigadores en heráldica, que se pusieron en furor cuando el romance comenzó a trascender a la opinión pública, el novio es descendiente directo de quien fuera rey de España en 1557, Felipe II, Astolfi dista por muchas generaciones de ser un auténtico príncipe.

PROBLEMAS LWGALES
En España existe lo que se denomina la "Pragmática de matrimonios", que fue promulgada en 1776 por el rey Carlos III, que obliga a todos los principes e infantas españolas a contraer matrimonio con personas reales. Y no es una rareza. En casi todas las monarquias europeas existen diferentes peculiaridades inherentes a cada dinastía, como en Inglaterra, donde los miembros de la familia real deben contraer matrimonio con anglicanos o renunciar a la sucesión eventual del trono; o en la progresiva Noruega, donde las mujeres todavía no pueden ceñir la corona.
Según la "Pragmática de matrimonios" que rige en España, entonces, principe Felipe e infantas Elena y Cristina están obligados a renunciar a sus derechos sucesorios si alguno de ellos contrajera nupcias en contravía con la norma secular.
Si al actual heredero de la corona, el príncipe Felipe, le sucediera una fatalidad que le impidiera continuar el ritmo normal de la dinastía, sería la propia infanta Elena quien accedería a ocupar la corona española. Y en tales circunstancias, su esposo haría las funciones de lo que en Inglaterra se conoce con el nombre de príncipe consorte. Felipe de Edimburgo, esposo de la reina Isabel II, es un ejemplo.
Aunque el romance real no ha sido confirmado por parte de la Zarzuela y los rumores se basan simplemente en que se les ve con frecuencia juntos --aunque no demasiado-en las competencias hípicas, tampoco se ha desmentido, lo que en España tiene una importancia capital. Constituye una señal tácita de que algo hay tras bambalinas. Y quizás la razón de que el romance aún no se haya confirmado se deba a la problemática legal que impone la famosa "Pragmática de matrimonios": primero hay que resolver si la infanta Elena está obligada a renunciar a su vocación sucesoral, caso en el cual sus derechos reales recaerán en su hermana Cristina.
Mientras esto no suceda, las especulaciones continuarán, atizadas por las revistas españolas, que multiplican sus ventas por cuenta de este presunto noviazgo real, ahora que comenzaba a decaer el interés por las aventuras del ex ministro de Hacienda Boyer, con la ex de Julio Iglesias, Isabel Preysler, que en una época monopolizaron arrebatadoramente la atención de la opinión pública española.
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