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| 6/9/2007 12:00:00 AM

La leyenda de ojos azules

Después de 50 años dedicado a la actuación, el legendario Paul Newman anuncia su retiro. Planea dedicarse por completo a su labor filantrópica.

"Aquí yace Paul Newman, quien murió como un fracasado porque sus ojos se volvieron color café", dijo bromeando el actor cuando en una oportunidad le preguntaron cuál sería su epitafio.

Sin duda el profundo azul de su mirada se convirtió en su rasgo más característico, pero al mismo tiempo en una amenaza, porque tuvo que luchar contra su imagen de niño bonito para ganarse el reconocimiento en el mundo artístico. No es casualidad que su mentor en el mítico Actor's Studio de Nueva York, Lee Strasberg, haya dicho que su pupilo sería mejor actor que Marlon Brando "si no fuera tan bien parecido". El mismo Newman solía decir: "Siempre fui un actor de carácter, pero tenía la cara de caperucita roja".

Aun así, él le ganó la batalla al estereotipo del galán y se convirtió en un ícono del antihéroe, un protagonista de carne y hueso con defectos, pícaro, pero finalmente de buen corazón. Por eso, así como en la actualidad parece haber consenso en que Al Pacino y Jack Nicholson son los grandes de esta época, en los años 70 todos coincidían en que Newman era el consentido de los críticos y la taquilla.

El actor anunció recientemente que a los 82 años, y después de medio siglo dedicado a la profesión, es hora de bajar el telón. "Ya no puedo trabajar en el nivel que me gustaría. A esta edad empiezas a perder la memoria, la confianza y la capacidad de invención", reconoció en entrevista con la cadena norteamericana ABC. Con su retiro se cierra un capítulo de la historia del cine: el de la era de oro de Hollywood y de sus legendarias figuras como Clark Gable, James Stewart, Gary Cooper, Robert Mitchum, Burt Lancaster, James Dean, Gregory Peck y Marlon Brando, quienes ya fallecieron. Además de Newman, mantienen vivo el recuerdo de esos años Charlton Heston, quien sufre de alzheimer, y Kirk Douglas, de 90 años, quien hace algún tiempo fue víctima de un derrame cerebral. Pero quizá, en medio de este ramillete, su estilo propio, caracterizado por un aire de rebeldía, sólo era comparable al de Dean y Brando, con quienes compartió la misma escuela neoyorquina. El primero le ganó el casting para protagonizar East of Eden en 1954. A su muerte, Newman heredaría varios papeles, al parecer planeados para Dean, como el del boxeador Rocky Graziano en Somebody Up There Likes Me y el de Billy 'the kid' en The Left Handed Gun. Con el segundo lo confundían tanto, que el actor confesó que en sus primeros años de carrera firmó cerca de 500 autógrafos con la frase "Con cariño, Marlon Brando".

Que haya conquistado récords como tener nominaciones a los Oscar en cinco décadas diferentes (desde los años 50 hasta 2003), que sus interpretaciones figuren en la lista de los 100 personajes más memorables de todos los tiempos de la revista especializada Premiere, ser el más mencionado por los demás actores cuando se refieren a sus ídolos y haber reinado por muchos años en las listas de las estrellas mejor pagadas, podría parecer un milagro si se tiene en cuenta su inicio en el cine. Después de haber hecho teatro, cuando decidió renunciar a su profesión de economista, Newman debutó en la gran pantalla con la película The Silver Chalice. "Es la peor película hecha en los años 50", admitió. Su primera crítica no fue nada alentadora: "El señor Newman dice sus líneas con el fervor emocional de un despachador de buses". Convencido de que por su fracaso no volvería a tener una nueva oportunidad, pensó que tenía que despedirse del séptimo arte con dignidad y por respeto a los espectadores, publicó un aviso en la revista Variet y pidió perdón por su actuación.

Sin embargo, se reivindicó rápidamente con su papel de Rocky Graziano, que recibió el aplauso de los expertos. Desde entonces, su ascenso fue meteórico y fue uno de los pocos actores que lograron hacer una exitosa transición hacia la década de los 60 y 70. "En esa época, el cine cambió por la trasformación cultural que empezaba. Lo clásico, lo perfecto, fracasó, y empezaron a surgir jóvenes directores y actores de cintas independientes con nuevas propuestas que se convierten en sucesos de taquilla. Las películas tenían temas más personales, más realistas y humanos y allí Newman encontró su gran oportunidad", explicó a SEMANA el cineasta colombiano Andrés Baiz. "Su autenticidad y su carisma al interpretar personajes con fallas como cualquiera hacían que el público se identificara con él", concluye. Así lo demostró al convertirse en el prepotente Eddie Felson en The Hustler, para la mayoría de cinéfilos su mejor interpretación; y en el abogado derrotado y alcohólico de The Verdict que lo consagró en forma definitiva como un actor de carácter. También lo haría con Butch Cassidy and the Sundance Kid y The Sting, las únicas dos oportunidades en que el público pudo deleitarse con el exitoso dúo que formó junto a Robert Redford. De hecho, sus seguidores quedaron con ganas de verlos nuevamente en una misma cinta, y antes de que Newman diera a conocer su retiro, se rumoró que había proyectos para ello. En 1969 protagonizó Winning, con lo cual dejó en evidencia su gusto por la velocidad. Diez años más tarde, ya no en la ficción, Newman correría las 24 horas de Le Mans, donde quedó de segundo en un Porsche 935. Y en 1995, a los 70 años, se convertiría en el piloto de mayor edad en hacer parte de un equipo ganador en Daytona.

Aunque por sus actuaciones recibió nueve nominaciones al Oscar, además de una a mejor película por Rachel, Rachel, en la que dirigió a su esposa, Joanne Woodward, la primera estatuilla que recibió fue honorífica, en 1986, un gesto que fue interpretado como una manera de la Academia de resarcir su error por no haberlo premiado antes. "Fue como perseguir a una bella mujer durante 80 años. Finalmente, cuando te rindes, le dices: 'lo siento mucho, pero estoy muy cansado'", comentó entonces al respecto, con su característico humor. El mismo con el que admite que se sintió más honrado cuando se enteró de que por cuenta de su activismo político a favor del partido demócrata hacía parte de una lista de enemigos de Richard Nixon. Un año después, ganó otro Oscar, por su papel en The Color of Money, y en 1994 recibió un galardón por su labor humanitaria, su otra gran pasión.

En 1978 su hijo Scott, producto de su primer matrimonio con la actriz Jackie Witte, murió por una sobredosis. En su memoria el actor fundó el Centro Scott Newman, dedicado a prevenir el abuso de drogas y alcohol. Además creó unos campamentos de verano que cada año reciben a 13.000 niños con enfermedades terminales. Recientemente dio 10 millones de dólares a la Universidad Kenyon en Ohio, donde se graduó, para conformar un fondo para becas a estudiantes de escasos recursos. Pero su obra benéfica más sonada es su línea de productos alimenticios Newman´s Own, cuyas ganancias son destinadas en su totalidad a la caridad. A la fecha ha donado 220 millones de dólares.

Newman resultó ser un amante de la buena comida. No es de extrañar que a la pregunta acerca de su feliz matrimonio con Woodward, con quien tiene tres hijas, haya respondido: "Para qué buscar hamburguesas en la calle cuando en la casa se tiene un filete". Su relación, que se ha convertido en símbolo de estabilidad en un ambiente tan turbulento como el de Hollywood, está a punto de cumplir 50 años alejada de los escándalos.

El actor figuró en un éxito de taquilla por última vez en 2002, en Road to Perdition, junto a Tom Hanks, y en 2006 su voz le dio vida a un viejo auto en la película animada Cars. Ahora, luego de tantos años de éxito, cae el telón para Paul Newman. Pero como para todos los actores que acariciaron la gloria, los aplausos jamás se dejarán de sentir.
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