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| 11/8/2014 10:00:00 PM

La mala hora del dueño de Virgin

Richard Branson sufrió un fuerte revés con el accidente de su nave SpaceShip Two, una pieza clave de su empresa de viajes al espacio Virgin Galactic.

Nadie enfrenta un reto como Richard Branson y pocos intentan tantas cosas como él. Ha tenido ideas exitosas y otras que ha dejado atrás, pero una frase se le atribuye cuando las ideas no le funcionan: “Todo reto fallido es un aprendizaje”. Estos días enfrenta su momento más difícil: el 31 de octubre pasado la nave SpaceShip Two de su empresa de viajes al espacio sufrió un accidente que acabó con la vida de un piloto de pruebas y lesionó a otro. Las causas aún se investigan, existe la posibilidad del error humano, pero en la opinión pública la credibilidad de Virgin Galactic sufrió un durísimo golpe. Ahora que se perdió una vida y el dinero de muchas personas está invertido en el éxito de la empresa, es posible que ni el carisma avasallador de Branson pueda revertir la situación.

El magnate no considera abandonar Virgin Galactic, empresa en la que desde 2004 ha puesto su fe, credibilidad y dinero. Pero la decisión de continuar le puede resultar económicamente catastrófica. Mucha gente ha abonado el dinero del pasaje (250.000 dólares) y se argumenta que si todos los viajeros que pagaron quisieran que les devolviera su plata, el magnate se vería en aprietos. Esto a pesar de ser el octavo hombre más rico del Reino Unido, de vivir en una isla (es dueño de dos) y de tener una fortuna avaluada en 4.900 millones de dólares.

El debate sobre la viabilidad del viaje espacial de su empresa nace del tipo de combustible que utiliza. Algunos expertos en motores cohete, como la británica Carolynne Campbell, han advertido sobre la volatilidad del mismo y los peligros que conlleva usarlo, pero no ha tenido eco. Incluso sin el accidente, después de diez años de desarrollo, la nave ha subido tan solo 22 kilómetros de los 110 kilómetros sobre la Tierra que prometió alcanzar. A Branson y a sus empleados les queda mucho por hacer y mucho por probar, y en medio de la incertidumbre toma fuerza la pregunta de si es un testarudo incorregible o un visionario que no desfallece.

Siempre emprendedor

El éxito de Branson fue producto de su intuición, ingenio y astucia. A los 5 años de edad, su madre lo bajó del auto en el que iban a la casa de la abuela y le dijo “allá nos vemos”, y sobrevivió. En 1971 abandonó el colegio para dedicarse a una revista llamada Student, y con la intención de financiarla empezó un negocio de venta de música por correo al que bautizó Virgin, pues se consideraba virgen en los negocios.

Reconoció que las disqueras abusaban del precio de venta y ofreció al público discos por menos. Se hizo popular. Recibió pedidos de otros lugares de Europa, y en medio del transporte de los discos a Bélgica se vio envuelto en un lío de impuestos que lo llevó por corto tiempo a prisión. Desde entonces juró cumplir con las reglas. Poco después abriría una tienda de música en una calle importante de Londres y el éxito de la misma le permitió fundar un estudio de grabación.

Y luego escuchó a un músico de 19 años que cambió su vida. Branson lo firmó y lo grabó. Mike Oldfield y su disco Tubular Bells fueron un fenómeno tan grande en la década de los setenta que el sencillo mantuvo un lugar en las listas por 247 semanas. El empresario no volvió a mirar atrás. Firmó con otra banda perfecta para la época llamada Sex Pistols y luego a otras en ascenso como Culture Club y Genesis, que llevaron a su sello Virgin Records al sexto lugar en importancia mundial. El insaciable no se acomodó, buscó nuevos frentes, y los encontró, incluso al vincular a su sello a los ya legendarios Rolling Stones.

En 1984 fundó Virgin Atlantic, una aerolínea en la que también atrajo al público con tarifas menores que la competencia. La empresa se enorgullecía de su flota ultramoderna… de un avión, hecho que revelaba una de las virtudes del británico, frasear las situaciones a su acomodo sin la necesidad de mentir. Otro de sus aciertos fue no traicionar su estrategia de negocios, en la que “La clave es evaluar la posibilidad de fracaso”, como contó en una entrevista a la BBC en 2010. Si la operación aérea resultaba ser una mala empresa perdería seis meses de utilidades de Virgin Records. El monto no le pareció crítico así que se dio luz verde y se anotó otro éxito.

Pero al ascenso tuvo sus contratiempos. En 1992 las dificultades económicas obligaron a Branson a desprenderse de su joya sentimental. Vendió Virgin Records a EMI por 1.000 millones de dólares y lloró al hacerlo. Pero el capital le permitió expandir aún más el abanico de su grupo empresarial. Entró al negocio de los trenes, en el cual recibió críticas antes de establecerse como un competidor capaz. Intentó lanzar una bebida cola que no le resultó y debió dejar atrás. Entre altas y bajas, Virgin acumula alrededor de 300 compañías en el mundo y emplea a casi 60.000 personas.

Los millonarios suelen ser blanco de críticas, pero Branson es todo lo contrario. Encarna el espíritu combativo del británico que intenta, y por eso es muy popular entre la gente. Este empuje lo ha llevado a navegar en los negocios pero también a buscar una serie de odiseas personales que parcialmente ha llevado a buen término. En 1985, mientras su segunda y actual mujer daba a luz a su primer hijo, Richard Branson navegaba en bote con la idea de arrebatarle a los estadounidenses el Blue Ribbon Trophy, una distinción que ostentan quienes atraviesan el Atlántico en el menor tiempo posible. Navegó 3.100 de las 3.200 millas del recorrido, pero el bote se golpeó y la aventura terminó. Sus declaraciones lo mostraron desgastado, pero a la pregunta sobre si todo había sido un fracaso respondió: “En Inglaterra no consideramos perdedores a quienes tratan”.

Pero no cogió escarmiento, lo intentó de nuevo y en 1986 logró hacer la travesía oceánica con dos horas de ventaja sobre el récord vigente desde 1952. En 1987 quiso atravesar el Atlántico en globo y casi le cuesta la vida. En ese momento, afectado por el incidente, aseguró a la prensa que desistiría, pero rápidamente se contradijo. Un año después fue el primer hombre en cruzar el Atlántico en ese medio de transporte.

Pero no todas sus aventuras son personales. En 1990, en medio de la invasión de Irak a Kuwait, aprovechó su cercanía con el rey Hussein de Jordania para enviarle un mensaje a Saddam Hussein. Así logró la liberación de unos compatriotas, los cuales fue a recoger en un avión que le fue imposible asegurar. Después de la tensión, ya en el aire y fuera del espacio aéreo iraquí exclamó como todo un héroe “cruzamos la frontera”. Branson considera que la política es menos efectiva para generar cambios que manejar su posición e influencia como empresario.

En septiembre de 2014 el millonario había expresado sonriente que siempre y cuando sus empleados cumplieran con sus labores, no le importaba que se tomaran más vacaciones. El panorama ha cambiado. Pocas veces se le vio disminuido, pero su desazón fue inocultable tras el accidente en el desierto de Mojave. Sin embargo, salió a hablar con los medios. Mencionó que hay lecciones por aprender y aseguró que él y sus colaboradores seguirían trabajando, sobre todo para dar prioridad a la seguridad. “Seguir dando pasos ciegos sería un irrespeto a quienes perdieron la vida”, aseguró en rueda de prensa. Y ratificó que en el primer vuelo estarían él y sus dos hijos.
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