Lunes, 16 de enero de 2017

| 2000/02/28 00:00

La metamorfosis

El bisturí mejoró a Linda Tripp pero no tanto como se creyó en principio.

La metamorfosis

El escándalo protagonizado por Bill Clinton y Monica Lewinsky en 1995 habría pasado a la historia como una simple aventura de no haber sido por Linda Tripp, una empleada chismosa de la Casa Blanca que traicionó la confianza de su mejor amiga y le contó al fiscal Kenneth Starr todos los detalles sobre el escabroso romance que se vivía en la oficina Oval.

Si bien su delación ayudó a las autoridades a indagar sobre el pasado sexual del presidente para los norteamericanos el comportamiento de Linda, lejos de ser una virtud, es la prueba más descarnada de deslealtad. A partir de entonces poco importó si Clinton era infiel o si Monica era una jovencita desvergonzada. Para el público la mala del paseo fue Linda. Durante dos años la rubia soportó críticas, insultos y, como si eso no fuera suficiente, los periódicos sensacionalistas y los programas de farándula se encargaron de hacerle la vida imposible atacándola en donde más le dolía: su físico. Cansada de que la señalaran como la mujer más fea y repulsiva de Estados Unidos, Linda decidió hacerle honor a su nombre y aprovechó su repentina popularidad para mejorar su aspecto.

Su tabla de salvación fue Geoffrey Keyes, un cirujano plástico de Los Angeles, pionero en la creación de órganos internos a partir de la piel del propio paciente.

El diagnóstico del doctor Keyes fue concluyente: Linda necesitaba estiramiento facial, cirugía de nariz, implante de mentón y remoción de papada y bolsas de los ojos. Para obtener un mejor resultado el tratamiento debía estar acompañado por un régimen de ejercicio, una dieta estricta que le permitiera bajar 20 kilos, un nuevo corte de pelo y una asesoría de imagen para transformar su maquillaje y vestuario.

Todas esas maravillas tenían un costo de 28.000 dólares, cifra bastante considerable si se tiene en cuenta que los seguros médicos no cubren las cirugías estéticas. Pero el dinero no fue un obstáculo. Un benefactor anónimo, al parecer uno de los pocos simpatizantes de Linda, se ofreció para pagar los gastos de la operación con tal de que el resultado final reflejara su belleza interior.



¿Quien es ella?

Linda es uno de los pocos funcionarios de la administración Bush que aún trabajan para la Casa Blanca y sus relaciones con los miembros del equipo del partido Demócrata no han sido las mejores. Los primeros roces con sus compañeros quedaron al descubierto cuando la revista Newsweek publicó un artículo sobre el romance entre Clinton y una empleada llamada Kathleen Willey, en el que Linda hacía unas declaraciones. Aunque ella trató de proteger al presidente de las acusaciones de acoso sexual sus testimonios fueron descalificados por los abogados de Clinton, quienes la rechazaron como testigo.

Después de la amarga experiencia Linda prefirió curarse en salud y para evitar que la desmintieran por segunda vez decidió recopilar pruebas sobre el romance entre Clinton y la ex becaria.

Sin remordimiento alguno Linda recopiló 17 casetes con 20 horas de descripciones, entre las que se encuentra la controvertida conversación acerca del vestido azul manchado de semen que, por recomendación de la propia Linda, permaneció guardado sin lavar como recuerdo de un bello momento de intimidad.

La situación pasó de castaño a oscuro cuando Monica fue llamada a declarar en el caso de Paula Jones y afirmó que nunca había tenido sexo con el mandatario. En ese momento Linda comprendió que había llegado el momento de hablar y, sin decirle nada a su amiga, se puso en contacto con el fiscal Kenneth Starr. El investigador la convenció de colaborar con las autoridades y, al mejor estilo de las producciones de Hollywood, fue equipada con un moderno sistema de grabación, camuflado en la ropa, que le permitió recopilar nuevas confesiones.

Sin embargo sus arduas horas de espionaje fueron mal recompensadas. Al final Clinton no fue destituido, Hillary perdonó a su marido, Monica recibió jugosos contratos comerciales y Linda se quedó viendo un chispero, aunque eso sí, con un rostro nuevo.

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