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| 11/4/1985 12:00:00 AM

LA MUERTE DE CASQUE D' OR

Fallece Simone Signoret, gran actriz y arrepentida "compañera de viaje".

Miles de personas invadieron, en la calurosa tarde del martes pasado, el cementerio del Pére Lachaise para rendir el último homenaje a Simone Signoret, la popular actriz francesa que falleció a los 64 años de edad en su casa de campo Autheuil-Aitouillet, tras una larga dolencia de cáncer. "Luchó hasta el final y murió como siempre vivió, con coraje", explicó su hija Catherine Allegret, al anunciar el deceso el día anterior. Yves Montand, esposo de la comediante, se encontraba en esos momentos al sur de Francia rodando una nueva película, pues el estado de salud de la Signoret, quien había perdido casi la visión no inspiraba mayor inquietud. "Se agravó repentinamente", dijeron sus vecinos, quienes la vieron pocos días antes tomando el sol en el amplio jardín de la casa.
Entre la multitud que rodeaba a la también actriz Catherine Allegret y a Montand, estaban los ministros de Cultura y Justicia, Jack Lang y Robert Badinter, respectivamente, así como gente de cine y amigos de la pareja, como Marina Vlady, Costa Gravas, Anouk Aimé, Claude Lelouch, Marcel Carné y Regis Debray.
La noticia causó profundo dolor en todo el país. Los diarios parisinos hicieron titulares en primera página al lado de enormes fotos de ella, y las cadenas de televisión cambiaron su programación habitual para pasar sus mejores películas.
Pese a la enfermedad, con la que batalló durante cuatro años, Simone Signoret continuó trabajando. Pocas semanas antes de su muerte, había terminado el rodaje de una serie de cuatro capítulos para televisión titulados "París 38", en la que interpretó el personaje de una directora de una sala de fiestas en la época de la preguerra.
La cinta que la lanzó, a sus 31 años, al estrellato definitivo fue Casque d'or, de Jacques Becker (1952), en la que hizo el papel de radiante heroína. Había ingresado al cine de manera fortuita. Un amigo le aconsejó un día que para ganar un poco más de dinero, pues las clases y traducciones de inglés no le alcanzaban para nada hiciera incursiones en ese medio. Tomó, entonces, algunos cursos de arte dramático y en 1945 inició su vertiginosa carrera. Yves Allegret, quien se casaría con ella después, la incluyó en su filme Les demons de l'aube. Luego hizo Macadam, de Marcel Blisthéne, en la que ganó el premio Suzanne Bianchetti, el primero para ella. Después vendrian Therese Raquin (1953); Les chemins de la haute ville, en 1958 (traducido al inglés como Room at the top), el cual le permitiría ganar un Oscar y otras dos distinciones. En 1969 filmó "El ejército de las sombras"; en 1971 "El gato", y "Judith Therpauve" en 1978.
En Colombia causó gran sensación su película de 1977 La vie devant soi, de Moshe Misrahi, titulada con el nombre de Madame Rose, en la que -ya enferma en la vida real- encarnaba a una vieja y fatigada ex prostituta convertida en guardiana de niños. El filme fue un éxito en todo el mundo. En realidad, los años, los achaques físicos y una cierta afición al alcohol -que en algún momento trató de corregir con estoicismo- jamás destruyeron del todo sus intensos ojos verdes, su cálida y perturbadora voz, ni sus formidables recursos dramáticos.
Siempre generosa y comprometida con las causas que consideraba justas, Simone Signoret será recordada, además, como militante incansable de los derechos del hombre. En 1954, en plena guerra fría, la actriz e Yves Montand interpretaron Les soreiéres de Salem. ("Las brujas de Salem"), obra del dramaturgo norteamericano, Arthur Miller, uno de los intelectuales perseguidos por el nefasto senador Joseph MacCarthy. El público parisino que asistía a la representación en el Theatre Sarah Bernhard sabía perfectamente que los John y Elizabeth Proctor, interpretados por la pareja Signoret-Montand, eran en realidad Julius y Ethel Rosenberg matrimonio ejecutado en la silla eléctrica en junio de 1953, tras un juicio cargado de prejuicios anticomunistas.
Aunque nunca militó en partido político alguno, durante años fue "compañera de viaje" del comunismo francés, postura que abandonó a raíz de la invasión soviética a Checoslovaquia, convirtiéndose desde entonces en simpatizante de la liberación de disidentes soviéticos. "Simone fue la primera gran actriz que se comprometió públicamente en la batalla de los derechos humanos", declaró el escritor Marek Halter. "Me apoyó cuando lancé la campaña en favor de las madres de la Plaza de Mayo. Todos los jueves, bajo la lluvia, con frío o sol, protestaba delante de la embajada argentina. Para Simone signoret no bastaba con poner su firma en un pliego: su compromiso era pesonal, directo, activo".
Nacida el 25 de marzo de 1921, en Wiesbaden (Alemania Federal), en la acomodada familia de un judio renano de origen polaco tratante de diamantes, Simone Kaminker, después, de sus estudios clásicos, comenzó a trabajar en el París de la ocupación alemana como profesora de inglés. Fueron años difíciles que la marcaron para siempre. En su autobiografía de 550 páginas, "La nostalgia ya no es lo que era" (título tomado de un grafiti neoyorkino que encontró de buenas a primeras un día de 1971), publicada en 1976, revive la época con tanto éxito que, para los exigentes criticos, la actriz se reveló como una escritora enorme, con un dominio del idioma y una capacidad de reflexión inusitadas. Un comentarista de France Inter, envidioso de las luces de la dama, afirmó que la Signoret había empleado un testaferro literario. La escritora lo demandó y ganó el pleito, y para demostrar aún más que tras ella no había pluma secreta alguna, publicó un segundo volumen de memorias que tituló "Al día siguiente ella sonreía", que tuvo gran éxito, aunque nunca pudo obtener los récords de ventas del tomo anterior. Su consagración literaria definitiva sobrevendría con "Adiós Volodia", novela que fue puesta en librerías a comienzos de 1985, desde cuando se está vendiendo como pan caliente .
En febrero pasado apareció en televisión en el programa "7 sur 7". Ese día lució ante la inmensa audiencia uno de los botones del movimiento SOS Racism, el de la mano abierta que dice Touche pas a mon pote (No toque a mi amigo).
La hija del señor Kaminker, soldado en las fuerzas de De Gaulle contra el invasor nazi, culminaba, pues, su travesía vital dedicada a luchar contra el racismo en Francia. "Era un ser devorado por la vida, devorado por la amistad, por la angustia. Yo conservo una imagen resplandeciente y llena de vida, plena de encanto y de sonrisas", diría Alain Delon tan pronto se enteró de su muerte. Pero René Allio, un realizador cinematográfico, iría más lejos al decir: "Simone era verdaderamente una gran poeta". Poeta es la palabra justa.
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