Lunes, 16 de enero de 2017

| 1991/03/25 00:00

LA MUERTE DEL CISNE

Margot Fonteyn fue la primera bailarina del mundo y la protagonista de una de las más grandes historias de amor.

LA MUERTE DEL CISNE

El jueves de la semana pasada murió Margot Fonteyn. Su cuerpo, que durante 10 lustros fue el máximo ejemplo de la armonía y de la gracia del movimiento humano, descansa ahora inmóvil para siempre.
Cuando todavía se llamaba Peggy Hookham una adolescente hija de un ingeniero inglés funcionario de una fábrica de cigarrillos en Shangai y de una brasileña -Margot se presentó a una audición con Ninette de Valois, entonces directora del Royal Ballet de Inglaterra. Bastaron 10 minutos de baile, para que la Valois se diera cuenta de que estaba ante uno de los más grandes talentos que haya producido el ballet clásico en toda su historia. A los 15 años, Margot ya era miembro fijo de la compañía y a los 17 bailó por primera vez Giselle. Antes de cumplir 20 años ya era toda una estrella.
Pero su entrada en la galería de los grandes realmente se produjo cuando subió al escenario una nueva y genial figura que también marcaría la historia: Rudolf Nureyev. La Fonteyn tuvo en suerte bailar con él cuando ella tenía 45 años y él 24, para convertirse en la pareja de ballet clásico más aplaudida de todos los tiempos.
Para ella la vida real era el baile. Lo demás era un mundo que no manejaba. Según sus propias palabras

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