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| 5/1/2011 12:00:00 AM

La mujer biónica

La nueva modelo de L'Oréal perdió las piernas cuando era una niña. A pesar de su discapacidad, ha hecho más que la mayoría: ha sido analista de inteligencia del Pentágono, campeona paralímpica y actriz.

Aimee Mullins todavía se descompone al recordar el primer capítulo de la serie de televisión La mujer biónica. Reconoce que por poco se le "explota el corazón" cada vez que oye el diálogo en el que un científico dice frente a la protagonista, una tenista profesional que acaba de sufrir un terrible accidente en paracaídas, que es capaz de reconstruirla y hacer de ella una especie de supermujer. "Yo soy la verdadera mujer biónica", repite Mullins, a quien le amputaron las dos piernas de la rodilla para abajo cuando tenía apenas un año debido a que nació sin los dos peronés.

La amputación, más que un impedimento, le ha servido como motivación para alcanzar todas sus metas. Mullins, de 35 años, fue noticia por última vez hace poco, cuando L'Oréal, la compañía de productos de belleza más grande del mundo, la anunció como su nueva embajadora global. Ahora forma parte del exclusivo equipo de modelos de la marca, al que también pertenecen celebridades como Jennifer López y Gwen Stefani.

Pero su nombre ya había sonado en varias ocasiones. Mullins ha estado en el listado de las cincuenta personas más bellas del planeta de la revista People, es una de las deportistas más "cool", según Sports Illustrated, y formó parte de las "mujeres que amamos" de Esquire. Y todo gracias a que su asombrosa hoja de vida incluye una beca para estudiar en la prestigiosa Universidad de Georgetown, un trabajo como analista de inteligencia del gobierno estadounidense, tres récords de atletismo en los Juegos Paralímpicos de 1996 y papeles en películas como Cremaster 3 y World Trade Center. También una larga trayectoria como conferencista y administradora de organizaciones sin ánimo de lucro.

"Estoy segura de que todos tenemos una discapacidad -dice Mullins-. La gente presume que la mía tiene que ver con haber sido amputada, pero ese no es el caso; nuestras inseguridades son nuestras discapacidades, y yo lucho con mis inseguridades como cualquier otra persona. La buena noticia es que, mientras cambiamos, también lo hacen nuestras discapacidades, y esa cosa que antes parecía una debilidad puede convertirse en una oportunidad".

Apenas nació Aimee, los médicos les dijeron a sus papás que lo más probable era que su hija pasara el resto de su vida en una silla de ruedas. Sus piernas nunca serían lo suficientemente fuertes como para sostenerla y debían amputárselas. Aprendió a caminar con prótesis a los dos años y, pese a que tuvo que ser operada varias veces, era mejor que la mayoría de sus compañeros en deportes como natación, ciclismo, béisbol y hasta fútbol.

Aimee, quien no conoció a ningún otro amputado hasta que tuvo 19 años, sentía entonces que lo único que tenía diferente era una aptitud envidiable para el estudio. Tras graduarse con honores del colegio en su natal Allentown, Pensilvania, recibió una beca del Departamento de Defensa estadounidense para estudiar en la Escuela de Relaciones Internacionales Edmund A. Walsh, de Georgetown, de donde se graduaron el expresidente Bill Clinton, el rey Abdullah II de Jordania y el príncipe Felipe de Borbón. Mullins consiguió entonces una pasantía de verano en el Pentágono, bajo las órdenes de Colin Powell, secretario de Estado durante el gobierno de George W. Bush. El hecho no resultaría tan sorprendente de no ser porque era la única mujer en un departamento de 250 personas y porque, según su página de Internet, se convirtió a los 17 años en la persona más joven en guardar un secreto clasificado del gobierno.

Todo apuntaba a que la chica empezaría en ese momento una prometedora carrera política, pero se cansó de los horarios y de recibir órdenes, y decidió dejar la universidad para dedicarse al atletismo. Entonces se convirtió en la primera persona con amputación en las dos piernas en competir en la NCAA, asociación que organiza las competencias universitarias estadounidenses. Luego clasificó para los Juegos Paralímpicos de Atlanta, en 1996, donde rompió los récords de 100 y 200 metros, y de salto largo. Sus prótesis, diseñadas a imagen de las patas de un guepardo, causaron tanta sensación como su historia, que apareció en la portada de revistas como Life y Sports Illustrated.

Pero lo que realmente llamó la atención del mundo entero fue su debut como modelo. Era la semana de la moda de Londres de 1999 y el británico Alexander McQueen le diseñó unas prótesis talladas que parecían unas botas de cuero. Pocos notaron la diferencia en la pasarela. Al otro día, sin embargo, la noticia de que McQueen había contratado una modelo sin piernas se regó y decenas de fotógrafos se agolparon frente a su casa para preguntarle si sentía que el diseñador estaba explotando su imagen. Pero ella se alejó desde el primer momento de la polémica: "Me encanta que la gente que asociaba la discapacidad con verse como el hombre elefante pudiera ver que la gente discapacitada puede ser muy sensual".

'La mujer biónica' se ha dedicado desde entonces a actuar y a dar charlas por el mundo, en las que dice que todavía le falta un sueño por cumplir: que se refieran a ella como "una modelo" y no como "una modelo especial". Porque, como suele repetir, no se siente diferente: "Pamela Anderson tiene más prótesis en el cuerpo que yo y nadie le dice discapacitada".
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