Viernes, 9 de diciembre de 2016

| 1995/09/11 00:00

LA NOCHE DEL LOCO

Las locuras de René Higuita le volvieron a dar la vuelta al mundo, pero esta vez para celebrar un gol histórico.

LA NOCHE DEL LOCO

A PRINCIPIOS DE AÑO LA DISCUSION SObre el regreso de René Higuita a la Selección Colombia giraba en torno de si era justo que el arquero antioqueño tuviera una segunda oportunidad,luego de las numerosas fallas en la cancha que le costaron a Colombia más de un partido y de los incidentes jurídicos que terminaron marginándolo de la actividad futbolística por medio año. Y la verdad es que ocho meses después de que el país le entregara de nuevo su voto de confianza para representar a la patria ante el fútbol mundial, René Higuita parece estar demostrando que esa oportunidad era merecida.
Sin haber abandonado ese carácter polémico que ha dividido opiniones una y otra vez en relación con su ubicación en la cancha y su arriesgado estilo de juego, el guardameta criollo, a juzgar por el partido del miércoles pasado contra el River Plate, en Medellín, no sólo confirmó que ha recuperado las condiciones felinas que lo lanzaron a la fama en 1985, sino que está pasando a la historia como uno de los arqueros más versátiles del planeta.
Tildado de genio cuando inventa con éxito suicidas jugadas desde su arco, y de loco cuando sus filigranas fracasan, Higuita en el fútbol es el paradigma de la eterna polémica que acompaña a las demás actividades humanas, incluidas el arte y la literatura, sobre la proximidad entre el genio y la locura, una característica que sólo ostentan los verdaderos ídolos. Que un arquero ejecute un tiro libre a 20 metros del arco contrario, con su valla desguarecida, sin duda rebasa los límites de la cordura. Pero cobrarlo y meter el gol, además con semejante factura, es bordear los límites de la genialidad. Con ese tanto, Higuita no sólo es el único portero en la historia del país con dos anotaciones de tiro libre en su hoja de vida sino el que más goles ha hecho en el mundo, sumados los 36 convertidos desde el punto penal.
Y así como las embarradas propias de su condición de arquero líbero le han dado la vuelta al orbe, desde el gol de Robert Milla en el Mundial del 90 hasta el olímpico de Juninho en la pasada Copa América, el mundo entero fue testigo de la proeza realizada por Higuita en el Atanasio Girardot, durante el primer partido de la semifinal de la Copa Libertadores 95.
Con esta trayectoria pendular a sus espaldas, que lo lleva de la cima al abismo en un par de jugadas, no sería raro que el paso a la final del suramericano de clubes se le embolatara a Nacional por un infortunio suyo. Pero con todo y si eso llegara a suceder, Higuita ya tiene asegurado un lugar de lujo en los archivos del fútbol colombiano, entre otras cosas porque nadie como él, con una vida matizada por la pena y la gloria en permanente disputa, ha reflejado tanto la historia del deporte nacional.

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