Viernes, 9 de diciembre de 2016

| 1992/12/28 00:00

LA NOCHE QUE LLEGA

Para la última generación de colombianos, el Padre Rafael García Herreros es lo que más se Parece a un santo.

LA NOCHE QUE LLEGA

La noche que llega
CON PAÑUELOS BLANCOS, MILES DE PERsonas se congregaron en la misa que se celebró para darle al padre Rafael García Herreros el último adiós. Este es el testimonio de que a pesar de la controvertida última etapa de su carrera, el sacerdote eudista siguió siendo el clerigo más popular de Colombia hasta el día de su muerte.
En 40 años de ejercicio el padre García Herreros fue tanto pilar moral de muchos colombianos como mecenas de los menos favorecidos. Sólo en el barrio el Minuto de Dios encontraron techo, educación y trabajo casi 750 mil bogotanos. Este y los demás proyectos similares constituyen la realización más tangible asociada con la Iglesia en el país.
García Herreros es también el fundador del Banquete del Millón, la obra de caridad que mayor grado de solidaridad ha convocado en el país y que paradojicamente este año se realizó el día y a la hora de su muerte.
El Minuto de Dios, la intervención diaria del sacerdote, había practicamente suplantado a la misa católica. En 37 años alcanzó a convertirse en algo así como en el único contacto de los televidentes colombianos con Dios cuando la Iglesia en el país había pasado a un segundo plano.
Por todo lo anterior, el padre García Herreros se convirtió en la persona con mayor credibilidad ante la opinión pública hasta que fue seleccionado por los extraditables para interpretar el papel de mediador. Aunque hubo serias dudas al respecto, su gestión fue más fructifera de lo que se pensaba: los hermanos Ochoa, Pablo Escobar y sus lugartenientes acabaron en prisión.
Todo iba viento en popa hasta que, según muchos, el "telepadre" cambió de bando. Hasta abril del año pasado, García Herreros condenaba en sus intervenciones televisadas las acciones terroristas de los extraditables. Un día predicó la "parábola del mar de Coveñas",una inesperada alocución en la que manifestó su disposición a mediar entre el Gobierno y los extraditables.
Sin duda lo que más indignación causó a los colombianos fue la forma en que el padre se refirió a Pablo Escobar poco después: la oveja descarriada que arrepentida volvía al rebaño, y temeroso pajarito amarillo.
Además, para algunos había demasiada benevolencia cristiana en incluir los delitos atroces de los extraditables en la categoría de "errores". Volar un avión con 107 personas inocentes en el interior, exterrninar a 300 policías a sangre fría, y ejecutar candidatos, senadores, ministros, jueces, etc. en la boca del padre parecían simples pecados veniales.
En esto puede haber pesado en algo la edad del sacerdote. Pero aún en medio de esta controversia, es evidente para todo el mundo que Rafael García Herreros era un santo, o por lo menos lo más parecido a un santo que los colombianos de esta generación han visto.-

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