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| 4/4/2004 12:00:00 AM

La obra de García Lorca

Federico García Lorca fue uno de los grandes poetas españoles de todos los tiempos -como que pertenecía a la estirpe de Quevedo, Góngora y Lope- y quien en su siglo, encarnó con más certeza el espíritu de su patria y el genio español.

En su inicial Libro de poemas de principios de la década de los años 20, asoma el duende festivo en una imprecación al Altísimo: .guárdate tu cielo azul, / que es tan aburrido, / y el rigodón de los astros. / Y tu Infinito / que yo pediré prestado / el corazón a un amigo. Luego viene Poema del cante jondo, donde campean la soledad y la muerte: La muerte / entra y sale / de la taberna. / Pasan caballos negros / y gente siniestra / por los hondos caminos / de la guitarra. Entra después al Romancero gitano, en el que hay una mezcla insólita de erotismo, gitanería y definida intención política, y donde se presiente la inminencia de la guerra. Desemboca esta etapa de juventud en Poeta en Nueva York, colección de poemas de la escuela surrealista que había venido cultivando de años atrás, libro en el que refleja el conflicto interior que le produce la gran ciudad y se percibe la influencia y el impacto fundamentales de la urbe y de poetas norteamericanos como Walt Whitman, T. S. Eliot y Hart Crane. El elemento muerte se intensifica en Llanto por Ignacio Sánchez Mejías, la elegía por antonomasia y uno de los grandes poemas de la lengua. Sin pertenecer específicamente a un libro, produce a todo lo largo de su vida poemas sueltos, entre los cuales figura la serie de Sonetos de amor, de suites y de odas, entre ellas la Oda al Santísimo Sacramento del Altar. Diván del Tamarit es su último libro.

El teatro de Lorca es el resultado de su honda compenetración con el pueblo de España, y de su esfuerzo consciente de recoger la tradición del teatro clásico y transformar su escritura a la luz de la renovación que se estaba produciendo en el mundo con Pirandello, O'Neill, Joyce, Brecht, Eliot.

Bodas de sangre y Yerma son dramas que parecen brotar -brotan efectivamente- de la tierra, y sus personajes llevan el carácter de los aldeanos y campesinos andaluces: la apetencia de sexo y de sangre; la rebeldía al orden establecido; la busca ineluctable de la libertad; la dignidad y el honor extremos; la violencia y el mal, que se sienten llegar por misteriosas líneas atávicas. La casa de Bernarda Alba fue creada en una atmósfera de erotismo reprimido que necesariamente estalla para converger a la muerte. El deseo se entroniza en esa casa de hembras hasta que duele, lacera, y rompe el poder de la sociedad y el ancestro, personificados en una matriarca; la moral aldeana entra en conflicto con el libre albedrío.
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