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| 6/12/2010 12:00:00 AM

La otra primera dama

Helen Thomas, quien con medio siglo de carrera se convirtió en la periodista más conocida en la Casa Blanca, acaba de perder su puesto por unas declaraciones políticamente incorrectas contra Israel. Esta es su historia.

Helen Thomas, la periodista más célebre que haya cubierto la Casa Blanca en el último medio siglo, esperaba culminar su carrera de otra forma. Quizá con un homenaje en el Club Nacional de Prensa, a pocos pasos de la residencia donde hoy duerme el presidente Barack Obama, y rodeada de sus colegas de la CBS y The New York Times. Pero a sus 89 años esta auténtica leyenda del oficio que puso contra la pared a diez presidentes gringos se fue de la lengua con unos comentarios sobre Israel por los que sus jefes de la cadena de periódicos Hearst la despidieron.

El escándalo se originó el 27 de mayo en los jardines de la Casa Blanca. Adentro se celebraba el Día de la Herencia Judía, y en los jardines, cuando vio a Helen Thomas, el rabino David Nesenoff encendió su cámara. "¿Algún comentario sobre Israel?", le dijo. Y ella se despachó sin límite: "Dígales que se larguen de Palestina". Nesenoff reaccionó asombrado: "Uuuhhhh. ¿Algún comentario mejor sobre Israel?". Y la veterana corresponsal prosiguió en referencia a los palestinos: "Acuérdese, esta gente ve su tierra ocupada. No es Alemania, no es Polonia...". No contento con eso, el rabino le preguntó a dónde deberían irse los judíos, y ella contestó que "a su casa". "¿Dónde está la casa?", señaló el rabino, y Helen Thomas concluyó: "En Polonia, en Alemania, en Estados Unidos, en cualquier parte".

A las pocas horas, Nesenoff colgó en su página web RabbiLIVE.com las imágenes del diálogo, lo que levantó una gigantesca ola de indignación contra la periodista. Cercada por las críticas, Helen Thomas no tuvo más remedio que manifestar en su portal de Internet que lamentaba "profundamente" sus declaraciones y asegura que no tenían nada que ver con su punto de vista sobre la situación de Oriente Medio.

El mea culpa no fue suficiente. Nine Speakers Inc., la agencia literaria que la representaba, le canceló el contrato. Craig Crawford, un periodista con quien Thomas escribió uno de sus tres libros, anunció que no volvería a trabajar con ella. Un grupo de estudiantes del colegio Walt Whitman, en el exclusivo suburbio de Bethesda, la forzó a través de Facebook a que renunciara a pronunciar el discurso central en la ceremonia del grado de bachilleres. Y la cadena de diarios Hearst le canceló el contrato. Total, un desastre.

Aunque Helen Thomas haya terminado saliendo por la puerta de atrás, hay méritos que no se le pueden quitar. Nacida el 4 de agosto de 1920 en Winchester, en el estado de Kentucky, Helen Thomas era hija de una pareja de inmigrantes libaneses. Tras estudiar en la Universidad de Wayne, en 1943 fue contratada por la United Press Internacional (UPI) y poco después se convirtió en la primera mujer en entrar al Club Nacional de Prensa.

El año 1960 le partió la vida en dos. En noviembre la UPI le encargó la cobertura del presidente electo John F. Kennedy, a quien admiraba, y en enero le asignó la corresponsalía ante la Casa Blanca, un lugar del que no volvió a salir jamás pues cubrió a los nueve sucesores del líder demócrata asesinado en Dallas. Diez años después, fue la única mujer de prensa escrita que acompañó al presidente Richard Nixon en su histórico viaje a la China. Y luego criticó ferozmente a George W. Bush, a quien consideraba "el peor presidente de la historia" por haber invadido a Irak. "Saddam Hussein puede ser un tirano, pero Estados Unidos está matando mujeres y niños inocentes", le dijo. Pero no solo eso. También le censuró haber permitido que Israel destruyera el Líbano. La cosa se calentó tanto que Tony Show, portavoz presidencial, llegó a decir que ella pensaba como el grupo prosirio Hezbolá.

Para entonces, Helen Thomas ya había sido catalogada por el Almanaque Mundial como una de las 25 mujeres más influyentes de Estados Unidos, y se había hecho famosa por sus preguntas mordaces y porque en la sala de prensa de la Casa Blanca se le había asignado la silla central de la primera fila, donde también toman asiento los corresponsales de la CNN y la ABC. Eso le había dado el derecho a formular la primera pregunta en cada comparecencia del Presidente o sus portavoces. Y ahora los 42 medios restantes acreditados se están peleando a cuchillada limpia la silla de esta reportera que en 2000 renunció a la UPI, cuando la agencia fue adquirida por grupos cristianos.

No es un secreto que Helen Thomas, a quien muchos llamaban "la primera dama de la prensa" y que no se iba a la cama sin haberse tomado un whisky doble, tenía puntos de vista liberales. Pero en este caso cometió un error imperdonable en Estados Unidos, donde nadie queda impune si hace comentarios políticamente incorrectos y menos sobre los judíos. Allá, como en otros países, hay cosas que se pueden pensar pero que no se pueden decir. Ya lo advierte el refrán: 'El hombre es esclavo de sus palabras y dueño de sus silencios'. Helen Thomas no acató este mandamiento y lo pagó muy caro.
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