Viernes, 9 de diciembre de 2016

| 2006/02/12 00:00

La parábola de Pambelé

El cronista Alberto Salcedo Ramos dedicó tres años a la investigación de la vida de su héroe de infancia: el campeón mundial de boxeo 'Kid Pambelé'. Este es el 'detrás de páginas' de cómo se escribió esta historia.

'Kid Pambelé' se convirtió en el Campeón Mundial de peso walter junior el 28 de octubre de 1972. Perdió su título en 1980, a los 35 años, ante su rival Aaron Pryor quien era 10 años menor que él.

El 23 de diciembre, Antonio Cervantes, más conocido como 'Kid Pambelé', el mejor boxeador de la historia colombiana, cumplirá 60 años. Que haya llegado a esa edad será para muchos un misterio, sobre todo porque lleva al menos 25 dedicado a los excesos, convencido de que aún es el campeón mundial de boxeo en la categoría walter junior. Pero no delira todo el tiempo con su grandeza. Sólo lo hace después de fumarse un basuco o beber hasta donde le aguanta el cuerpo. "Entonces deja de lado su pudor, para echar puños al aire y gritar su nombre, mientras recuerda los encuentros en el 'ring' cuando aún era el campeón", dijo a SEMANA el cronista colombiano Alberto Salcedo Ramos, quien lanzará el 17 de diciembre el libro El oro y la oscuridad. La gloriosa y trágica historia de Kid Pambelé. "Cuando está sobrio mantiene su sentido del ridículo", agrega. La idea nació en una comida hace tres años, cuando el subdirector de la revista El Malpensante, Mario Jursich, le propuso a Salcedo Ramos hacer un perfil literario del "Gardel del boxeo". El ganador del Premio Internacional de Periodismo Rey de España comenzó a investigar. Sabía que debía tratar de recolectar la mayor cantidad posible de voces para contar la historia. En la tradición de las grandes plumas del periodismo literario, como Truman Capote o Tom Wolfe, se 'sumergió' a profundidad en el tema. Viajó a Palenque -pueblo natal de Cervantes-, a Cartagena -la ciudad donde creció- y a muchos otros lugares de la geografía nacional. Pero encontrarlo fue más difícil de lo que pensó. Durante meses llegaba a pueblos y ciudades para descubrir que todos lo habían visto hacía poco y tenían historias para contar. Como escribe en su crónica, "estaba en todas partes pero no estaba en ninguna" y "parecía haber adquirido el don de la ubicuidad". Después vendrían los múltiples encuentros, 'Pambelé' lo visitó en su casa en Bogotá, Salcedo Ramos fue a ver al boxeador en Cartagena. Durante más de dos años se encontraron, se hablaron y compartieron historias. Así surgió una crónica de 42 páginas que fue publicada en la revista SoHo y gracias a la cual ganó uno de los tres Premios Simón Bolívar que ha recibido en su carrera. Luego Sergio Dahbar, subdirector del periódico El Nacional de Caracas y director de la colección de periodismo de la editorial Random House Mondadori , le propuso ampliar aquella crónica para convertirla en libro y, para ello, Salcedo Ramos viajó a Venezuela -el país donde 'Pambelé' se hizo grande como boxeador- y Cuba -la isla donde trató de espantar su locura durante un par de meses en 1994-, para ampliar su perspectiva con los testimonios de quienes lo conocieron, lo trataron y, a la larga, lo soportaron. La fascinación de Salcedo Ramos por el boxeador era antigua. "Yo pertenezco a una generación que idolatró a 'Pambelé'. Mi abuelo Alberto Ramos me despertaba para que viéramos las peleas juntos. Tanto es así, que mi memoria en esa época está ligada a las peleas de él, cuando en 1976 ganó de nuevo el título mundial yo andaba tragado de una niña que se llamaba Delia Esther. En el 72, cuando ganó el título por primera vez, yo estaba aprendiendo a jugar monopolio con mi hermana", contó a SEMANA. Es más, él cree firmemente en que el personaje al que dedicó tanto tiempo hubiera fascinado al mismo Fedor Dostoievski. Asegura que el literato ruso había sentido la necesidad de escribir un gran reportaje sobre la vida de este símbolo del deporte, porque es un personaje duro, trágico, amoroso y de una sicología compleja. Un personaje que se hizo a pulso y fue devorado por su propio talento. En las calles dicen que la fama y la droga enloquecieron a 'Pambelé'. Pero su enfermedad es genética y heredada de su madre Ceferina Reyes, como diagnosticó su siquiatra Christian Ayola. Él sufre de trastorno bipolar afectivo, lo que lo hace pasar de la histeria y el júbilo excesivo a las más profundas tristeza y desolación. Y su vida ha tenido esas fluctuaciones de altos y bajos. Cuando estuvo en la cima como un excelente deportista, nadie logró ser tan disciplinado y entregado como él. Tanto, que enseñó a los colombianos a ganar, como decía el periodista Juan Gossaín. "Era el colombiano que necesitábamos, el que no se queda solo en la palabra. Un caballero", asegura Salcedo Ramos. Pero desde que dejó de boxear en el año 83, a sus 38 años, cayó en la desgracia y nunca logró dejar los vicios que exacerbaban su enfermedad. Se volvió mentiroso y manipulador. Perdió toda la riqueza que acumuló durante su gloria. Sólo conserva la casa-finca en Turbaco, en donde viven su compañera oficial, Carlina Orozco, con sus hijos, y la pensión de un millón y medio de pesos que le paga el Estado por haber sido símbolo del deporte nacional. Los mismos pesos que gasta sin remordimiento en la parranda, los viajes y la droga. También le quedaron 11 hijos con sus cuatro compañeras, que viven en Colombia y Venezuela. Alberto Salcedo Ramos dice con cariño que este es el más personal de sus libros. Llegó a conocer a su personaje profundamente y en todas sus facetas. La última vez que lo vio, en septiembre de este año, ya no se encontró con el palenquero que se convirtió en leyenda y tenía mil historias que contar. Por el contrario, conoció al Pambelé violento y agresivo del cual había oído hablar siempre por medio de las voces que ayudaron a construir su historia. Alberto se encontraba en Cartagena, trabajando en otra crónica, y lo vio borracho entre el público de una pelea de boxeo. Decidió ir a saludarlo a sabiendas de que estaba alterado, pero ahora reconoce que fue una imprudencia, pues el boxeador, como en sus tiempos de gloria, estuvo a punto de noquearlo. Cinco hombres fueron necesarios para frenar al campeón enceguecido por la ira. "Sentí que era el personaje que se rebelaba contra mí". El cronista tiene claro que a partir de las vida de sus personajes va contando su vida propia. Por eso siente un gran cariño por su héroe de infancia, a quien sabe que no puede salvar y cuyo camino probablemente no será enderezado por nadie. Pero no pierde la esperanza, así sea remota, de que a sus 60 años alguien logre descubrir la clave para que Antonio Cervantes recobre la tranquilidad de cuando era un sencillo palenquero con sueños de gloria.

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