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| 2/20/2005 12:00:00 AM

La peor de las malas

Un nuevo libro y una ópera han puesto de moda en Europa a la condesa Báthory, la mujer más sanguinaria de la historia.

Erzébet Báthory (1560-1614) torturó y asesinó a más de 700 niñas vírgenes y se bañó con esta sangre inocente con la creencia de que así recuperaría la juventud y aseguraría la inmortalidad. Su fascinación por la sangre la llevó a los máximos extremos de la crueldad y la convirtió en un mito siniestro que se extendió por toda Europa a partir del siglo XVII.

Según algunos historiadores, la condesa Erzsébet fue el verdadero origen de la leyenda de Drácula, recogida en el famoso libro del mismo nombre por el escritor irlandés Bram Stoker, quien influenciado por el machismo del siglo XIX decidió ponerle al protagonista cara de hombre, para lo cual acudió al príncipe Vlad Tepes de Rumania, 'el Empalador', al que rebajó al rango de conde, el mismo título de Erzsébet.

El libro Ella, Drácula del escritor español Javier García y publicado recientemente en España, ha avivado las discusiones sobre la condesa Erzsébet. La novela muestra la transformación que ella tuvo desde niña hasta convertirse en un monstruo ávido de sangre. "Sabemos más de Drácula, un personaje ficticio, que de esta condesa Báthory tan real y sangrienta, a cuyo lado Vlad El empalador sería algo así como un santo. Lo de la condesa es una auténtica matanza con torturas sofisticadas y crueldad sin límites. Su historia nos sacude las entrañas: al principio se untaba la cara de sangre, luego comenzó a bañarse en sangre, después se la bebía... y acabó masticando corazones humanos", comentó García a SEMANA.

La condesa Erzsébet, pariente directa de los reyes de Transilvania y Polonia, fue obligada a casarse a los 15 años, tuvo tres hijos de los cuales se separó rápidamente enviándolos a vivir con otros familiares, pero su verdadera carrera criminal comenzó a sus 40 años, cuando enviudó. Para entonces ya llevaba más de 15 años practicando la tortura a su servidumbre, había matado a varias criadas y se había iniciado en la magia negra bajo la instrucción de la bruja Darvulia, quien la convenció de que la sangre de doncella virgen impedía el envejecimiento. A partir de ahí, con anotaciones breves y sepulcrales como "Janna. Rubia y alta", la condesa llevó una fría contabilidad de sus víctimas en su diario. Tras varios lustros de asesinatos, en 1611 cayó en manos de la justicia, sus cómplices fueron condenados a la pena de muerte y a Erzsébet se le perdonó la vida por su rango pero fue emparedada en su propia cámara de tortura del castillo de Cséjthe (noroeste de Hungría), donde murió cuatro años después. Jamás se arrepintió de sus crímenes y siempre se justificó ante los jueces con una frase típica de señora feudal: "Eran mis tierras, eran mis gentes".

En los últimos meses, la ópera Erzsébet, del compositor húngaro Dennis Báthory-Kitsz, descendiente directo de la condesa, ha desatado una polémica en Hungría. Muchos aseguran que Dennis, quien quiere presentar su obra en las ruinas del castillo de Cséjthe, sólo busca beneficiarse económicamente de la leyenda negra de su antepasada sin manifestar el menor respeto por las víctimas. Dennis, que ahora vive en Vermont, Estados Unidos, alega que no siente ningún orgullo por su parentesco con la condesa y enfatiza en que "ella fue una mujer enferma con mucho poder, y la gente con poder da miedo incluso hoy; hay muchas personas de ese tipo en Estados Unidos".

La condesa sangrienta, el libro sobre Báthory publicado en 1971 por la escritora argentina Alejandra Pizarnik, no generó tanto alboroto como ahora lo hacen la novela Ella, Drácula y la ópera, cuya página web bathory.org se ha convertido en una de las más visitadas en Europa en las últimas semanas. Dennis Báthory lamenta que muchos de sus visitantes sean miembros de grupos satánicos: "Creo que están buscando un modelo de poder que no tienen en sus vidas. Cuatrocientos años después de su muerte, ella sigue viva gracias a la imaginación de estas personas, pero preferiría que Erzsébet no fuera ningún ejemplo para nadie en el mundo".
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