Domingo, 11 de diciembre de 2016

| 1998/12/14 00:00

LA PRIMERA EVIDENCIA

Una pulsera hallada en el fondo del océano arroja luces sobre la desaparición del escritor francés Antoine de Saint-Exupéry.

LA PRIMERA EVIDENCIA

A principios de septiembre un barco pesquero francés recogió la pulsera de Antoine de Saint-Exupéry, perdida en el fondo del mar desde hacía 54 años. La noticia salió a la luz hace unos días y sirvió para abrir de nuevo en la mente de miles de adultos una ventana hacia la infancia, hacia el Planeta B612 y hacia su único habitante, el Principito. Para la mayoría de los nacidos después de los años 50 Saint-Exupéry es sólo el autor de uno de los libros más conmovedores de la literatura francesa del siglo XX: El Principito. Sin embargo, para los nacidos antes o durante la Segunda Guerra Mundial, fue también un piloto de leyenda con características de héroe. En las clases de historia de esa época no se hablaba de otra cosa que no fuera de los comienzos de la aviación militar, del correo aéreo o de la travesía del Atlántico-Sur sin escalas. Entre 1918 y 1939 los sueños de muchos niños estaban poblados de aviones, de países desconocidos y de tribus enemigas, sueños que Saint-Exupéry arrancó de la imaginación para convertirlos en realidad a lo largo de su vida. Por eso cuando Jean-Claude Bianco, capitán del Horizon, encontró entre sus redes una pulsera marcada con el nombre de Antoine de Saint-Exupéry, comprendió la trascendencia de su descubrimiento. El conocido escritor había desaparecido el 31 de julio de 1944 durante una misión de reconocimiento aéreo sobre la región de Grenoble y se pensaba que su avión había caído al mar. El capitán Bianco se puso en contacto con dos importantes empresarios de la región, quienes habían ya manifestado su interés por encontrar el avión de Saint-Exupéry. La búsquedaPierre Becker, presidente de una empresa de ingeniería marina, había trabajado con Philippe Castellano, historiador experto en aviones de la Segunda Guerra Mundial, en la búsqueda del avión de Saint-Exupéry. Hace unos años habían descubierto, cerca de las costas de La Ciotat, un Lightning P-38 similar al avión en el cual desapareció el escritor. Como los expertos creían que él había caído en el mar a varios kilómetros de esa zona llegaron a la conclusión de que el avión encontrado era el de un estadounidense desaparecido a principios de 1944. Becker y Castellano habían rescatado varios pedazos de la aeronave, pero tenían ciertas dudas ya que daba la impresión de que el avión no estaba equipado para combate, como sí lo debía estar el del norteamericano. Además, algunas de las piezas habían sido reparadas con poco esmero, y Castellano sostenía que los norteamericanos, quienes disponían de considerables medios técnicos, se habrían negado a volar en un avión en semejante estado. Todo esto los condujo a pensar que el piloto era, probablemente, un francés. La pulsera permitió localizar con más exactitud la zona del accidente de Saint-Exupéry y reforzar esta tesis.Sin embargo nada está demostrado y sería necesario encontrar la placa del avión o algún objeto personal para poder asegurar que era el del escritor. Mientras tanto la posibilidad de explicar la muerte de Saint-Exupéry ha despertado sentimientos opuestos en muchos de sus admiradores. Por un lado hay quienes sienten que explicar su muerte, destruyendo la idea romántica de la desaparición en vuelo, humaniza al héroe y le quita magia a la leyenda. Por el otro están aquellos que quieren demostrar que la idea del suicido es absurda y que Saint-Exupéry murió probablemente a manos del enemigo sobre el cual escribió tanto. Para ellos esa es la muerte más digna que él habría podido tener. Un piloto de antologíaLa vida de Saint-Exupéry giró siempre alrededor de la literatura y la aviación. Nacido en 1900, comenzó como piloto en 1921 en Marruecos, en donde prestaba su servicio militar. En 1926 entró a la compañía Latécoère, que pronto se convertiría en L'Aéropostale, una empresa privada encargada de distribuir el correo en Africa Occidental y en América del Sur. En una época en la cual la mayoría de aviones disponibles tenían un techo de vuelo de 4.000 ó 5.000 metros y un radio de vuelo máximo de 2.000 a 3.000 kilómetros, los pilotos de L'Aéropostale atravesaban el Atlántico Sur y los Andes semanalmente con el fin de unir París a Santiago de Chile. Más de 300 capitanes, aventureros, cazafortunas o soñadores fueron empleados de L'Aéropostale. Cien de ellos perdieron la vida en medio de estas travesías, que constituyeron una de las más grandes aventuras aéreas del siglo. Los más afortunados y talentosos, entre ellos Jean Mermoz, Henri Guillaumet y Saint-Exupéry, lograron fama y renombre. Es por esto que es imposible comprender la obra del escritor sin haber conocido la vida del piloto. En 1929, cuando era director de la filial Aeropostal Argentina, publicó su primer libro, Correo del sur, y dos años más tarde su volumen Vuelo de noche fue galardonado con el premio Femina, uno de los más importantes de la literatura francesa. A mediados de los años 30 la empresa quebró y la aventura de L'Aéropostale se vino abajo. Saint-Exupéry vivió entonces los años más difíciles de su vida como piloto comercial de Air France. Durante un tiempo abandonó los aviones y se dedicó al periodismo. Sin embargo, en 1939, regresó a la literatura y publicó Tierra de hombres, con el cual obtuvo el Gran Premio de la Academia Francesa. Con la Segunda Guerra Mundial el escritor volvió a volar, actividad que no le impidió publicar sus dos últimos libros: El Principito y Piloto de guerra. El 31 de julio de 1944 Saint-Exupéry salió de Córcega, para llevar a cabo su última misión de reconocimiento para el escuadrón 233, y nunca regresó. Ahora que los adultos, precisamente porque son adultos y aman las cifras, olvidaron el pelo dorado, la capa azul y la sonrisa maravillosa del Principito y sólo se acuerdan de él como el habitante del Planeta B612, tal vez haya llegado la hora de que Saint-Exupéry regrese desde el fondo del océano a recuperar su historia.

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