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| 3/27/2010 12:00:00 AM

La pulga atómica

Pese a su corta edad, en la prensa internacional ya se empieza a debatir si Lionel Messi será mejor que Maradona y Pelé.

Después del segundo de los tres goles que el fenómeno Lionel Messi le marcó la semana pasada al Zaragoza, Josep Guardiola, director técnico del Barcelona, se volteó a la tribuna y le dijo a un hincha del equipo contrario en un acto casi inconsciente: "Si no fuera por Messi, estaría entrenando en segunda". Y no era para menos. El argentino acababa de anotar una verdadera joya: había ganado a pura garra un balón en la mitad de la cancha, engañando con un par de gambetas rapidísimas a dos jugadores que quedaron en el suelo, y luego definió con tal facilidad, que quien no haya jugado fútbol pensaría que cualquiera puede hacerlo.

'La Pulga' cerraba así una semana monumental en la que anotó ocho goles en tres partidos, que le hicieron merecedor de un sinnúmero de adjetivos de la prensa. El diario deportivo italiano La Gazzetta dello Sport lo calificó de "extraterrestre", L'Équipe francés dijo que "Dios juega en el Barcelona" y el español Marca, que los niños deberían estudiar sus movimientos en el colegio como materia obligatoria. Todas las publicaciones coincidían en que el jugador de apenas 22 años ya formaba parte del Olimpo del fútbol junto al brasileño Pelé, el holandés Cruyff, el alemán Beckenbauer y su compatriota e ídolo de infancia, Diego Armando Maradona. Algunos incluso se atrevieron a decir que Messi será sin lugar a dudas el mejor de la historia, por encima de Pelé y del Diego, quien es su entrenador en la selección argentina. Una afirmación que resulta antipática para algunos, sobre todo para los argentinos.

Para otros es completamente razonable, no sólo porque ver jugar a Leo es "como ver dibujos animados", pues "hace cosas que nadie ha hecho nunca", como declaró alguna vez su ex compañero en el Barça Samuel Eto'o, sino porque a los 22 años Maradona no había conseguido ni la mitad de lo que ha conseguido Messi: más de 120 goles, dos Ligas de Campeones de Europa, un mundial juvenil, otro de clubes, un oro olímpico, tres ligas de España, los reconocimientos de la Fifa y la revista France Football como el mejor del planeta en 2009... Es cierto que a esa edad 'el Pelusa' había sido tres veces goleador y una vez rey del Campeonato Metropolitano argentino, que había ganado una copa del mundo juvenil y que se perfilaba como uno de los más grandes, pero también lo es que ya había tenido un paso insulso por el Barcelona (del que Leo es ídolo) y un fracaso en el Mundial de España 82. Messi, como Maradona entonces, tiene muchos años por delante para consolidar o arruinar su presente.

Ni Cruyff ni Beckenbauer, ni Di Stéfano, ni Zidane, ni otros futbolistas excepcionales lograron llegar tan alto a tan corta edad. Tal vez el único que antes de cumplir los 23 tenía un puesto asegurado en la gloria era 'el Rey' Pelé, quien ya era bicampeón del mundo. Es por eso que Tostão, quien compartió selección con él en México 70, asegura que Leo no puede ser el más grande porque no le llega a los tobillos: "Hay una distancia grande. Puede compararse con Maradona, no con Pelé, que era esplendoroso y más fuerte".

Santiago Segurola, uno de los cronistas deportivos más respetados de España y director adjunto del diario Marca, sostiene que el debate es absurdo. "Cada época tiene sus grandes. ¿Acaso puedes comparar a Galileo con Newton o con Einstein?" -declaró a SEMANA- Hay que tener respeto por el pasado pero no hay que vivir de él. Para mí Messi es mejor que Maradona porque Messi es Maradona todos los días y Maradona era Maradona de vez en cuando, era un genio con largos periodos de descanso. Quizás no produzca el placer estético que producía Diego, pero tiene todo lo de él y más gol".

Ese Leo fuera de serie, de quien el ex futbolista, entrenador y hoy coordinador de las selecciones argentinas Carlos Salvador Bilardo dijo que si le hicieran una radiografía le saldría "un objeto redondo, un balón, pegado al pie", estuvo a punto de quedarse por fuera de las canchas por su corta estatura. La primera fue a los 4 años, cuando su abuela, fanática del fútbol y de Maradona, tuvo que rogar al entrenador del equipo infantil Grandoli, de su natal Rosario, para que lo dejara jugar con niños dos años mayores y varias cabezas más altos que él. Una vez vio que mientras más patadas recibía más pedía el balón, una característica que sigue intacta hoy, el D.T. no lo dejó ir.

De ahí pasó a las inferiores de Newell's Old Boys, donde logró en cinco años un promedio de 100 goles por temporada, una marca sorprendente hasta en divisiones menores. Fue entonces cuando intentó pasar a River Plate, pero el equipo "millonario" no quiso quedarse con él pues le habían diagnosticado una insuficiencia hormonal que no lo dejaba crecer como a otros chicos de su edad. Podría pasar el metro con 65 si le hacían un tratamiento, pero la medicina que debían inyectarle era demasiado costosa para River y más aún para Jorge, su padre, quien trabajaba en una siderúrgica.

Jorge viajó a Barcelona cuando el diminuto crack tenía 13 años, para conseguir un mejor trabajo y ver de una vez si algún equipo español se interesaba en él. El resto de su familia se quedó en Argentina. El niño se probaba una tarde en el Barça con jugadores mayores, como de costumbre, cuando el técnico del equipo profesional Carles Rexach lo vio por casualidad. "¿Quién es ese?", preguntó. Alguien le respondió que era un "chaval" tan menudo que parecía un muñeco de futbolín. "Pues tráeme a todos los jugadores de futbolín porque los quiero en mi equipo". El Barcelona le pagó su tratamiento desde ese momento.

En 2005 el italiano Fabio Capello, entonces técnico de la Juventus, dijo después de un amistoso que Messi era un "pequeño diablo". Y Leo no ha parado de hacer 'diabluras'. Quienes lo conocen aseguran que su éxito se debe a una mezcla de talento natural y personalidad. "Se distingue de Maradona y de otros en que es más humilde, más de equipo, más sensato... Hace cosas imposibles pero nunca absurdas", dijo a SEMANA Enric González, periodista catalán del diario El País, que ha seguido de cerca su carrera. Compañeros y amigos coinciden en que la clave está en que se divierte con el balón y cuando juega parece un niño en un potrero de Rosario. "Quiere jugar siempre. Ama su deporte, que es su trabajo", suele decir Guardiola.

Y esa humildad es la misma fuera de la cancha: es un chico tímido, de familia, que no usa ropa de marca y, aunque es el jugador que más dinero gana según France Football (unos 45 millones de dólares en 2009 entre sueldo y contratos publicitarios), prefiere manejar una 4x4 que un Ferrari, características que no sólo lo diferencian de Maradona, sino también del portugués del Real Madrid Cristiano Ronaldo, un excelente jugador y figura de la jet set que adora las cámaras y los piropos, y con quien tienden a compararlo por ser los dos jugadores más destacados del momento.

Messi todavía no ha logrado, sin embargo, que lo quieran tanto en Argentina como en España. El argumento que repiten los periódicos y columnistas gauchos es que le falta brillar con la selección. Mientras los resultados de una encuesta de Marca indican que el 70 por ciento de sus lectores piensan que Messi es mejor que Maradona, el argentino Clarín arroja resultados opuestos. "Maradona en Argentina es un mito casi intocable, y hay resistencia de origen para admitir que uno de los suyos, que además nunca ha jugado en su liga, está a la altura de él. Que quede claro: la selección no juega mal por Messi, juega mal por otros motivos. Con él y un poco más podría ganar el mundial", opina Segurola.

Muchos creen que nunca igualará al Diego, quien ha superado obstáculos tan difíciles como su adicción a las drogas y lo ganó todo con un equipo chico, el Nápoles italiano. Opinan que Leo es figura en el Barcelona en parte porque tiene un equipo de lujo. Pero lo que realmente le piden para llamarlo 'Dios' es que guíe a su selección a un título en Sudáfrica 2010, como lo hizo Maradona en México 86. Sólo entonces podrán pensar que Lionel Messi es el mejor del mundo, quizás el mejor de todos los tiempos. Y él lo sabe: "Hay que estar tranquilo porque recién tengo 22 años y todo está pasando muy rápido... Para ser una leyenda hay que ganar un mundial".
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