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| 1/8/1996 12:00:00 AM

LA REVANCHA

Diez años después de haber sido sacado de Apple, la compañía que él fundó, Steven Jobs se gana 1.000 millones de dólares por cuenta de 'Toy Story'.

EN UN SOLO DIA, Steven Jobs ingresó a la lista de los billonarios en la industria de la tecnología. La compañía que adquirió en 1986 por 60 millones de dólares vale hoy 1.200 millones de dólares. Y fue gracias a Walt Disney que el 'padre del computador personal' pudo renacer de las cenizas.
Después del éxito de taquilla de la película Toy Story, Jobs, quien fue su creador, puso por primera vez en venta al público acciones de su compañía. En pocas horas las acciones que fueron ofrecidas a 22 dólares llegaron a costar 50. Esta no es sólo la recompensa a su trabajo de nueve años. También constituye la revancha más famosa en el mundo de los computadores. Hace 10 años Jobs fue sacado de Apple Computers, la compañía que él fundó y de la cual era el mayor accionista. Hoy, su empresa Pixar Animation Studios vale más que su participación en Apple durante los ocho años que la dirigió.
A los 40 años, Jobs es considerado una leyenda en el mundo de los negocios y la tecnología. A pesar de ello, ha sido siempre un hombre de bajo perfil quien, antes que vivir en un penthouse en Manhattan prefiere una casa de campo en Palo Alto, California, donde reside con su esposa Laurene y sus tres hijos. Esto obedece sin duda a que conoce tanto las mieles del éxito como las amarguras del fracaso.
Su ingreso al mundo de los computadores ocurrió en 1976, cuando tenía 20 años y decidió, junto con su amigo Stephen Wozniak, fundar en el garaje de su casa una empresa para construir computadores baratos y accesibles a la gente. Como capital aportaron 500 dólares. Diez años después, sus productos Macintosh y Apple II habían revolucionado el concepto de tecnología tanto en las oficinas como en los hogares estadounidenses y las ventas de la compañía ascendían a 2.000 millones de dólares.
Sin embargo, en 1985, Jobs tuvo que dejar la empresa de la cual era el mayor accionista, luego de una agria batalla de poder con el hombre que había llevado a dirigir Apple, John Sculley (quien coincidencialmente vino a Bogotá la semana pasada a dictar un seminario). Relegado por la junta directiva a una oficina arrendada, a donde no le llegaban ni siquiera los reportes de su compañía, Jobs finalmente renunció. Su salida produjo conmoción no sólo en Silicon Valley -la capital de la industria de los computadores en Estados Unidos- sino también en Wall Street. El episodio tuvo además el desconcertante ingrediente de que Jobs fue demandado por su propia compañía por "conspirar y apropiarse de secretos", al anunciar que se retiraba para fundar una nueva empresa.

VOLVER A EMPEZAR
A los 30 años, Jobs vendió todas sus acciones de Apple -menos una- y con los 120 millones de dólares que obtuvo inició una nueva empresa, Next, con el propósito -a la larga fallido- de revolucionar el mundo del computador. Pero además adquirió, en 1986, una compañía de computación gráfica, Pixar, que más que un negocio prometedor era un refugio de científicos que trabajaban en proyectos idealistas. Esos soñadores encontraron en Jobs su alma gemela.
Además de los 10 millones de dólares que pagó por la empresa, invirtió 50 millones de dólares más en la compra de los costosos equipos para poder hacer las películas de animación computarizada. Varias veces, en los últimos nueve años, Jobs tuvo que posponer su meta para poner a los tecno-artistas de Pixar a desarrollar productos que pudieran venderse.
El primero y más exitoso fue RenderMan, un software que fue utilizado para crear la piel y los dientes de los dinosaurios de Jurassic Park y que durante muchos años fue su principal fuente de ganancias. Luego empezó a hacer comerciales animados digitalmente, que si bien tuvieron mucho éxito no compensaban los gastos. Cuando estaba contemplando la idea de vender acciones de la empresa se aparecio en su camino Walt Disney.

FANTASIA Y TECNOLOGIA
Durante cuatro años los animadores gráficos de Pixar y los de Disney trabajaron en la elaboración y producción de Toy Story. Y el resultado no es sólo la primera película íntegramente animada por computador sino la creación de una nueva y revolucionaria tecnología. La animación tridimensional para dibujos animados de Pixar marca el inicio de una nueva época.
Al igual que 20 años atrás en Apple, la destreza de Steven Jobs para aprovechar las tecnologías subutilizadas lo ha puesto de nuevo en la cima. Esta vez Jobs no creó una nueva supercomputadora ni un revolucionario software. Creó el cine digital. Logró la unión del arte y la tecnología o -como dicen los entendidos- la convergencia entre Hollywood y Silicon Valley.
Y mientras su película sigue rompiendo récords de taquilla, su empresa ya ha comenzado nuevos proyectos. Su contrato con Disney incluye dos filmes más y, antes de eso, lanzará al mercado el CD-Rom de Toy Story. Por segunda vez en la vida Steven Jobs ha confirmado que puede convertir en oro todo lo que toca.
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