Domingo, 19 de octubre de 2014

| 2013/08/31 02:00

La revolución cubana no se puede heredar

Raúl Castro, quien recibió de su hermano el poder en Cuba, no tiene un familiar a quien dejárselo cuando llegue su retiro, en 2018.

Después de 50 años como líder máximo de Cuba, Fidel Castro entregó el poder a su hermano Raúl en 2008.

Cuando el presidente Fidel Castro se retiró hace cinco años, afectado por una grave enfermedad, le dejó el cargo a su hermano Raúl, su compañero desde el comienzo de su lucha, a principios de los años cincuenta. Al hacerlo, el líder de la Revolución cubana puso su país a la altura de los regímenes personalistas que, desde las más variadas ideologías, se convierten en dinastías familiares. 


Los muchos casos, como los Somoza de Nicaragua, los Kim de Corea del Norte o los Assad de Siria, no son propiamente presentables, pero pusieron a mucha gente a preguntarse cuando salga Raúl, quién en su familia lo podría reemplazar. La respuesta es nadie. 


Con sus emotivos discursos televisados y sus marchas por el malecón de La Habana, el rostro de Fidel Castro se convirtió en un paradigma de la revolución en el mundo. Su familia, en cambio, ha permanecido casi invisible a las cámaras (ver infografía). 


De hecho, Dalia Soto del Valle, su esposa desde hace 30 años, rara vez aparece con él en público y las fotos de ella y sus hijos son escasas y difíciles de encontrar. Al respecto, la revista francesa L’Express publicó hace poco un reportaje que analiza el futuro político de Cuba y sus posibles protagonistas. 


Su primogénito, Fidel Ángel Castro, nació en 1949, hijo de Mirta Díaz-Balart, la primera esposa de Fidel. Curiosamente, Mirta pertenecía a la alta burguesía cubana como hija de un político cercano al gobierno de Batista. Fidelito, como lo llaman, estudió Física Nuclear en la Unión Soviética con una identidad falsa y volvió a la isla a dirigir la Comisión de Energía Atómica de Cuba. 


Pero su desempeño fue tan pobre que su padre lo destituyó unos años después. Por mucho tiempo Fidel dejó de hablarle a su hijo, porque este derrochaba dinero y se daba lujos que el comandante no permite ni siquiera a su familia. Aunque con los años Fidelito logró acercarse de nuevo a su padre, sus acciones lo sacaron, probablemente para siempre, del círculo de poder.

 

‘Los 5 A’ son los hijos de Fidel con Dalia Soto del Valle: Alexis, Alexander, Alejandro, Antonio y Angelito. Los primeros tres deben su nombre a la fascinación de Fidel con Alejandro Magno. Y el más pequeño se llama Ángel, como su abuelo paterno. Alexis y Alejandro son ingenieros informáticos y Alexander, alias el Gordito, trabajó como camarógrafo de TV Cubana y es fotógrafo aficionado. De hecho, recientemente expuso en México una serie de retratos de su padre. El menor nunca fue a la universidad, es un aficionado de los carros y trabaja para la Mercedes-Benz.

 

Antonio es el hijo de esta camada que más cobertura mediática ha tenido. En abril ganó la Copa Montecristo, un torneo de golf que se celebra en Varadero. Muchos diarios lo mostraron, con su polo azul y pantalones blancos, jugando el deporte que su padre prohibió en la isla en 1960 por considerarlo imperialista y burgués. 


Ahora, Antonio lo promueve como una manera de atraer turistas. También le apasiona el béisbol y se desempeña como presidente de la Federación Cubana de esa disciplina. Además de deportista, Antonio es cirujano ortopédico y tiene fama de ser bien plantado, inteligente y simpático. Pero al príncipe de La Habana, como le dicen, le falta la vena política. De hecho, hace poco protagonizó un escándalo con una supuesta amante cibernética colombiana, que resultó ser un disidente cubano que le escribía desde Miami con la intención de ridiculizarlo. 


La fidelidad no es una de las virtudes del comandante. De sus amoríos con Naty Revuelta, conocida en los años cincuenta como la mujer más bella de La Habana y una apasionada revolucionaria, tuvo una hija, Alina. Hasta los 10 años no supo quién era su verdadero padre, y a pesar de crecer entre amantes de la revolución, Alina se convirtió en disidente. En 1993 huyó de Cuba haciéndose pasar por turista española con un pasaporte falso. Ahora vive en Miami, donde ha hecho carrera como una de las mayores críticas de su padre.


El clan de Raúl 


A diferencia de Fidel, Raúl ha sido un hombre de familia. Solo se casó una vez, con Vilma Espín, y con ella tuvo cuatro hijos. En contraste con los de Fidel, los descendientes de Raúl están mucho más ligados con el gobierno de su padre y han llevado vidas más públicas.

 

La primogénita, Deborah, estudió química y ahora trabaja como consejera del Ministerio de Educación. Estuvo casada con Luis Alberto Rodríguez López-Callejas, un militar de la alta cúpula del poder. Aunque se divorciaron hace poco, tras rumores de que la golpeaba y le era infiel, la ruptura no parece haber afectado la posición de Rodríguez en el gobierno. A uno de sus hijos, Raúl Guillermo, le dicen Cangrejo, porque tiene un sexto dedo. Cangrejo dirige a los escoltas de su abuelo y parece que nunca se separa del presidente. 


Mariela es la segunda hija de Raúl y trabaja de cerca con su padre, aunque parece tener ideas más liberales. Es sexóloga, dirige el Centro de Educación Sexual de Cuba y es una gran defensora de los derechos de la comunidad LGBTI, por lo que viaja constantemente a conferencias en el exterior.


Mariela tiene una cuenta de Twitter, escribe un blog y es directora de la revista Sexología y Sociedad. Dirige también la Federación de Mujeres Cubanas y es diputada del Parlamento. 

El único hijo varón de la pareja es el coronel Alejandro Castro. Combatió en la guerra de Angola, donde perdió un ojo. El Tuerto, como lo llama la disidencia, es ingeniero y tiene un máster en Relaciones Interna-cionales. 


Además, Alejandro dirige la campaña contra la corrupción creada por su padre hace varios años. Se dice que es implacable, tanto así que no dudó en poner preso al novio de su hermana Nilsa por una investigación de su cargo. Aunque algunos lo ven como un probable sucesor, Alejandro no tiene carisma y es poco elocuente, por lo que no se ha ganado la confianza ni el cariño del resto de la cúpula. 


Desde que llegó al poder, Fidel Castro se empeñó en separar a su entorno familiar de la vida pública. Ahora que su primer sucesor se prepara para entregar el gobierno, parece que esa decisión de apartarlos de la política no fue la más acertada, pues ninguno tiene la capacidad para gobernar.


Los descendientes de Raúl están más cerca del trono pero tampoco se perfilan como herederos de la revolución. Miguel Díaz-Canel, el vicepresidente del Consejo de Estado, es el único que podría asumir el poder ante la ausencia de Raúl (ver recuadro). 


De hecho, a pesar de todo los observadores no quieren descartar que otro Castro herede el poder. Pero, ante su poca vena política, es inevitable preguntarse lo mismo que Fidel, en aquel icónico enero de 1959: “¿Sería justo que la ambición o los personalismos viniesen aquí a poner en peligro el destino de la revolución?”.



El posible sucesor  


Miguel Díaz-Canel es el vicepresidente del Consejo de Estado cubano. No pertenece a la generación de la Sierra Maestra, pues nació en 1960. A los 53 años, es el vicepresidente más joven que ha tenido Cuba en décadas. Pero su posición no es tan importante como sugiere su título. 


En Cuba, la máxima autoridad no es el gobierno, sino el Partido Comunista, que encabeza Raúl Castro y cuyo segundo secretario es José Ramón Machado Ventura, un castrista de línea dura. Pero Díaz-Canel es relevante porque, si Raúl muere antes de 2018, él sería el nuevo  presidente del Consejo de Estado de Cuba. 

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