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| 10/6/2011 7:00:00 PM

La revolución tecnológica de Steve Jobs

El éxito de Steve Jobs radicaba en que le decía al mundo lo que necesitaba antes de que lo supiera. Su muerte es el fin de una era.

Steve Jobs solía lanzar un aparato tras otro haciendo parecer que se trataba de cualquier cosa, pero lejos de los reflectores, Jobs era un negociador duro que elogiaba y reprendía por igual a sus socios para lograr su siguiente paso.
 
El influyente cofundador de Apple Inc., que murió el miércoles a los 56 años, combinaba persuasión y poder para amoldar el contenido a sus aparatos. Sacudió los modelos de negocios existentes y se convirtió en un verdadero dolor de cabeza para los ejecutivos en otras compañías.
 
Pero los consumidores lo amaban por eso.
 
En la actualidad los iPods, los iPhones y los iPads son aparatos geniales para escuchar música, ver videos, jugar y leer contenidos comprados en la tienda digital iTunes. Los aparatos son todavía lo más importante para las ganancias de Apple, pero lo que va dentro de ellos: canciones, novelas, revistas y películas, requirió el sello de Jobs para llegar ahí.
 
Anne Sweeney, presidente de Disney-ABC, recuerda cuando Jobs la deslumbró hace años con el que entonces era su más reciente aparato, el iPod video, con el fin de convencerla de que otorgara los permisos para reproducir programas de ABC en la pequeña pantalla del iPod.
 
Jobs viajó a Burbank, California, con un equipo de su empresa y convenció a los directores de ABC con un episodio del exitoso programa de la cadena "Lost". Esto fue mucho antes de que Jobs se convirtiera en un megamillonario, cuando The Walt Disney Co. le compro la compañía de animación Pixar en 2006.
 
Sweeney estaba tan maravillada con el aparato que se le olvidó preguntar cómo había obtenido una copia del programa. "Pensé: 'él es Steve Jobs, puede hacer lo que sea'''.
 
Sabía lo que el consumidor necesitaba
 
Steve Jobs vio el futuro y guió al mundo hacia él. Trasladó la tecnología de las cocheras a los bolsillos, llevó el espectáculo de los discos a los bytes y convirtió los artefactos en extensiones de las personas que los utilizan.
 
Jobs nos dijo lo que necesitábamos antes de que nosotros lo supiéramos.
 
Al cultivar la sensibilidad contracultural de Apple y la ética del diseño minimalista, Jobs lanzó un producto sensacional tras otro, incluso ante la cara de la recesión de finales de la década del año 2000 y ante su propia fallida salud.
 
En 2001, lanzó el iPod, que ofreció "1.000 canciones en tu bolsillo". En los siguientes 10 años, con sus auriculares blancos y control digital este aparato parecía más omnipresente que el reloj de pulso. En 2007 llegó el iPhone con pantalla táctil. Y en 2010, presentó el iPad.
 
Jobs Ayudó a convertir las computadoras de un pasatiempo de los obsesivos de la informática a una necesidad de la vida moderna en la casa en la oficina, y en el proceso puso de cabeza no sólo la tecnología personal, sino también a las industrias de la telefonía celular y la musical.
 
El espíritu personal de Jobs, un amante de los alimentos naturales que adoptó una filosofía del budismo y New Age, estuvo íntimamente ligado a la persona pública que dio forma para Apple. Apple en sí misma se convirtió en una declaratoria contra la mercantilización de la tecnología: un punto de vista clínico, para ser precisos, de una empresa cuyas computadoras pueden costar tres o más veces que otras de sus rivales.
 
Para los amantes de la tecnología, comprar productos de Apple significaba entrar a un club exclusivo. Por encima estaba una complicada y contradictoria figura que era infinitamente fascinante: incluso para sus detractores, de los cuales Jobs tenía muchos. Jobs era un héroe para los techno-geeks y un villano para los socios a los que intimidó y para aquellos empleados cuyos proyectos bruscamente mató o reclamó como propios.
 
Solía subir al escenario en las ferias y eventos de Apple en jeans, zapatos deportivos y suéteres negros, hechizando a la audiencia con sus más recientes innovaciones y concluyendo siempre con una presentación final precedida con la frase: "Hay un asunto más".
 
Para algunas personas, es como Elvis Presley o John Lennon, es un cambio en nuestro tiempo. Su muerte, sin duda, es el fin de una era.
 
Agencia de noticias AP.
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