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| 3/2/1992 12:00:00 AM

LA SHERLOCK HOLMES CRIOLLA

Una mujer, Olga Lucía Gaitán, experta en criminología, tiene sobre sus hombros las más complejas investigaciones de la Procuraduría.

LAS CIRCUNSTANCIAS EN LAS QUE PERdió la vida Diana Turbay fue la primera investigación grande que tuvo entre sus manos. Recien nombrada directora de la Oficina de Investigaciones Especiales de la Procuraduría General de la Nación, Olga Lucía Gaitán estuvo a la cabeza de un equipo interdisciplinario de profesionales, que ató todos los cabos sueltos de uno de los insucesos más sentidos por el país en los últimos tiempos. Un año después, el fallo de la Procuraduría sobre el caso -sustentado en una investigación que brilló por su contundencia, acopio de pruebas y rigor profesional- parece erigirse como una luz al final del inmenso túnel de impunidad que se tomó al país en los últimos años.
Detrás de este proceso está Olga Lucía, una especie de Sherlock Holmes criolla que tiene por lupa a su agudo olfato y quien, especializada en criminología, se ha convertido en la mano derecha del procurador Carlos Gustavo Arrieta. Desde la oficina de Investigaciones Especiales esta bogotana treintañera, dirige la unidad de apoyo más grande de la Procuraduría, en la que trabajan 113 investigadores. De ellos, 95 son profesionales en diferentes disciplinas: ingenieros, abogados, médicos, contadores, expertos en balística, médicos legistas y demás especialidades necesarias en la reconstrucción de un crimen.
Los crímenes que investigan, por su parte, no son cualquier cosa. Esta oficina -creada para seguirle los pasos a denuncias por enriquecimiento ílicito y por violación de derechos humanos- tiene a su cargo la investigación de las masacres de Fusagasugá y Segovia, los asesinatos de los periodistas Henry Rojas de El Tiempo y Sylvia Dusán de la BBC, la reciente masacre de índigenas en Caloto y las irregularidades denunciadas en la Caja Nacional de Prevision, entre otras. En total trabajan hoy sobre mil expedientes que, según lo tiene proyectado Olga Lucia, deben dar a luz en abril un número igual de investigaciones terminadas.
Lo interesante del caso es que tanto la investigación del caso Diana Turbay como el gran número de pesquisas que éstan en curso, ponen a prueba una serie de transformaciones que Olga Lucía Gaitán introdujo en la oficina que dirige y que tienen como norte la idea de que "si las diferentes modalidades de crímenes alcanzan cada día un mayor nivel de sofisticación, en la misma medida deben sofisticarse los procesos de investigación".
En ese orden de ideas, la doctora -así le dicen en la oficina- reorganizó su gente en grupos de profesionales por áreas, disenó metodologías y procesos, computarizó toda la operación y mandó a comprar diccionarios. Una vez hubo realizado una "operación de limpieza" de expedientes en busca de los que realmente ameritaran investigación, estableció prioridades y puso en acción a su equipo.
¿Qué hace que una persona -y especialmente una mujer- se interese por el crimen, como tema y como actividad profesional? Tiene en la sangre mezcla del Tolima y del Valle, pero nació en Bogotá en donde fue educada por las monjas de la Presentación. Mientras estudiaba Derecho en la Universidad de Los Andes le resultaron dos cosas que había estado buscando: una boda con el hombre al que quería y una beca en la Universidad de Lovaina en Bélgica. Convencida de que el cáncer de cualquier Estado de Derecho es la impunidad y atraída por la idea de acercarse al crimen desde un punto de vista científico, eligió licenciarse en criminologia y entró al mundo de los "sabuesos" que con su olfato, agudeza sicológica, conocimientos técnicos y sensibilidad social, persiguen el rastro que deja el delito.
Una vez terminada la licenciatura decidió volver a Colombia a terminar Abogacía. Alli conoció al entonces decano de la Facultad de Derecho, Carlos Gustavo Arrieta, del que poco después se convirtió en colega, cuando entró al mundo de la docencia tanto en Los Andes como en la Nacional.
Pero si bien la teoría estaba toda en la cabeza, faltaba la contundencia de la realidad que no se encuentra en el mundo académico. Entró entonces a trabajar en la división de justicia de Planeación Nacional, que era donde estaba, cuando Arrieta fue nombrado Procurador y al otro dia la llamó para ofrecerle el cargo en la dirección de investigaciones. La mamá lloró varios días cuando supo que ella había dado el si. Segura de su formación profesional, convencida de que hay que meterle el hombro a las cosas, y decidida a darle una mano a su viejo amigo, Olga Lucía Gaitán se sometió a las innumerables -grandes y pequeñas- transformaciones que su nuevo cargo infringirían en su vida personal.
Una vieja oficina situada en el corazón de Bogotá, un puñado de guardaespaldas, un carro blindado, la reducción de movilidad y el aumento de horas de trabajo, se convirtieron en su vida cotidiana. Se involucró tanto en su trabajo que ha llegado a sonarse con respuestas a incógnitas indescifrables en alguna investigación y, sin darse cuenta, terminó adoptando el hábito de sentarse en la cama, prender la televisión, abrir un libro y darle una y mil vueltas a algun nudo gordiano de cualquier pesquisa en curso.
Olga Lucía Gaitán sabe que tiene en sus manos los más calientes chicharrones que ha dejado la ola de violencia, y las mas intrincadas investigaciones de corrupción administrativa. No sólo eso. Tiene sobre sus hombros la expectativa de todo un país que quiere creer que la impunidad encontrara un tatequieto. Ella cree que la única manera de ponerle coto a esa situación es entregando resultados y a ello le dedica prácticamente todo el tiempo que esta despierta.
Tiene tantas ganas de obtener resultados, que a veces se sorprende ella misma calificando de "linda" una investi gación de homicidio múltiple... El contacto permanente con el crimen, dice, irónicamente, sensibiliza. "Detrás de todo crimen hay una persona y, aunque todo el mundo me ve como una fiscal mayor, mi oficio es aplicar todo el rigor de mis conocimientos profesionales para encontrar, no sólo culpables sino también inocentes.
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