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| 12/17/2011 12:00:00 AM

La tentación de los poderosos

En 2011 creció la lista de hombres que en la cima de sus carreras arriesgaron su prestigio y su futuro político por una aventura sexual.

Alguna vez Dominique Strauss-Kahn (DSK) dijo en una entrevista que los únicos obstáculos que su candidatura a la Presidencia de Francia en 2012 podría encontrar serían el dinero, su judaísmo y las mujeres. En esto último tenía razón. El candidato socialista renunció a sus aspiraciones políticas por cuenta de una "relación sexual estúpida y consentida", como la definió, con Nafissatou Diallo, una mucama del Hotel Sofitel de Nueva York. Este desliz le costó una denuncia por violación ante una corte de Estados Unidos, tres meses de casa por cárcel, su puesto de director del Fondo Monetario Internacional y el final de su brillante carrera hacia el Elíseo.

DSK ingresó a la lista de hombres que en la cúspide lo arriesgaron todo para satisfacer sus apetitos, pero no fue el único. Este año se unió a un grupo integrado por Silvio Berlusconi, con su juicio por prostitución de menores; Arnold Schwarzenegger, con la revelación de su hijo extramatrimonial; el congresista Anthony Weiner, con su infidelidad en línea, y el candidato republicano Herman Caine, con su amante de más de una década. Todos tienen en común su debilidad por el poder y el sexo, una combinación peligrosa que a más de uno le significó su muerte política y hasta la cárcel.

Según dijo a SEMANA Katherine Hertlein, PhD en Psicología y autora del Manual para el tratamiento clínico de la infidelidad, con el poder aumentan las posibilidades de los encuentros sexuales y la confianza, pero también se debilitan los mecanismos de autocontrol. "Estos hombres en posiciones privilegiadas no están acostumbrados a escuchar la palabra 'no', tienden a tomar más riesgos y, como buenos narcisistas, llegan a creer que las reglas normales no se les aplican, así que dan rienda suelta a su libido".

Recientemente, Strauss-Kahn admitió tener "una vida sexual libre", pero aclaró que en la política y en los negocios ese comportamiento no es extraño ni ilegal. Sin embargo, su postura parece ir en contra de un sector de la sociedad francesa que se escandalizó al conocer los mensajes de texto que lo vinculaban a una red de prostitución de lujo. DSK, que ya había sido absuelto de la denuncia de Diallo y de otra que tenía en Francia por agredir sexualmente a una periodista, volvió a ser el centro de la polémica.

Los diarios amarillistas inundaron sus páginas con fotografías y declaraciones de sus compañeras de cama, que decían haber participado en orgías en los hoteles más exclusivos y hablaban de sus citas eróticas en las oficinas del FMI. Según él, no sabía que esas mujeres fueran trabajadoras sexuales. Periodistas de renombre como su biógrafo Michel Taubmann y el avezado reportero Edward J. Epstein también lo defendieron y pusieron sobre la mesa la idea de una conspiración de la derecha francesa. Pero ni su esposa ni el electorado le perdonaron haber sacrificado su matrimonio y el futuro del socialismo en Francia por siete minutos de placer.

El sátiro italiano

Con sus bacanales, DSK parecía seguir los pasos del primer ministro italiano, Silvio Berlusconi, célebre por sus fiestas nudistas en Villa Certosa, en Cerdeña, y en el palacio Grazioli, en Roma. Hasta este año Il Cavaliere había esquivado los ataques de los medios y la oposición y seguía aferrado al poder. Sin embargo, la crisis económica y más de dos décadas de excesos y corrupción lo hicieron abandonar su cargo en noviembre. Su costumbre de incluir jovencitas en su 'bunga-bunga' terminó por enlodar su imagen. Perdió fuerza el mito de que era un semental, y los periódicos lo llamaron 'viejo verde'.

En abril empezó el juicio en su contra por haberle pagado a la marroquí Karima el Mahroug, una joven de 17 años apodada Ruby Robacorazones, a cambio de sexo y usar sus influencias para cubrir el delito. De ser encontrado culpable por el 'Rubygate', como bautizó la prensa italiana el escándalo, Berlusconi quedaría impedido de por vida para ejercer un cargo público y podría ser condenado a 15 años de cárcel.

En Estados Unidos

Y si en Europa Strauss-Kahn y Berlusconi fueron la comidilla de los medios sensacionalistas en 2011, al otro lado del Atlántico los demócratas y republicanos también dieron de qué hablar en Estados Unidos. Tres días después de que las autoridades detuvieron a DSK, Arnold Schwarzenegger, el exgobernador de California y estrella de Hollywood, confesó a la revista Time que había tenido un hijo con una empleada de servicio que trabajó en su casa durante 20 años.

Desde hace tiempo se decía que Terminator aprovechaba cualquier oportunidad para manosear a sus compañeras de set. Cuando sus rivales de campaña filtraron estos rumores para desprestigiarlo, Maria Shriver, su esposa y sobrina del asesinado presidente John F. Kennedy, lo defendió a capa y espada. Esta vez le dio la espalda. Tan pronto se enteró del engaño, le exigió el divorcio y le reclamó la mitad de su fortuna.

Schwarzenegger reconoció su aventura extramarital poco después de dejar su cargo, pero otros políticos tuvieron que dimitir en pleno auge de su carrera. El congresista demócrata Anthony Weiner, un firme candidato a la Alcaldía de Nueva York, renunció a su escaño en junio tras aceptar que había enviado a través de Twitter una foto donde posaba semidesnudo en el gimnasio del Capitolio. Su esposa, Huma Abedin, en estado de embarazo, no lo acompañó cuando ofreció excusas públicas.

En cambio, la esposa del precandidato Herman Cain, Gloria, estuvo presente el 3 de diciembre, cuando el Obama republicano, abrumado por los señalamientos por acoso sexual e infidelidad, anunció su retiro de la contienda para las presidenciales de 2012. El pintoresco exempresario pizzero, favorito en las primarias de su partido, vio descender dramáticamente su popularidad  cuando cuatro mujeres declararon que les había hecho propuestas indecentes siendo presidente de la Asociación Nacional de Restaurantes. Ginger White, una instructora de gimnasio de 46 años, dio la estocada final cuando aseguró que había tenido un romance con Cain durante más de 13 años.

Estos políticos no son los primeros ni serán los últimos en mezclar sábanas y poder. La historia lo ha demostrado. Desde las célebres amantes de John F. Kennedy hasta Bill Clinton y su affaire con Mónica Lewinsky, el sexo siempre ha sido la debilidad de los poderosos. Lo único que ha cambiado es que por la inmediatez de los medios ahora es más fácil agarrarlos con los pantalones abajo. Ya no existe la barrera tradicional entre la alcoba y el atril.

No sería raro que el próximo año nuevas revelaciones de este tipo sigan ocupando las primeras páginas de los periódicos y los electores sigan viendo en televisión, con distintos rostros, el ya tradicional acto de contrición de los políticos infieles: primero lo niegan todo, luego ofrecen disculpas y, por último, se justifican diciendo que fue un momento de debilidad.

El último mea culpa de este año fue el de Strauss Kahn y tuvo un récord de audiencia de más de 12 millones de espectadores. "La relación no autorizada con la camarera fue una falta moral contra mi mujer, mis hijos, mis amigos y los franceses que habían puesto en mí sus esperanzas de cambio -dijo, acongojado, el exdirector del FMI-. Entiendo que lo sucedido haya sido chocante; yo lo pagué caro y lo sigo pagando".
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