Sábado, 10 de diciembre de 2016

| 1999/03/01 00:00

A LA TERCERA VA LA VENCIDA

Luego de un polémico divorcio y una viudez de nueve años Carolina de Mónaco le apuesta <BR>nuevamente al matrimonio.

A LA TERCERA VA LA VENCIDA

El pasado 23 de enero la princesa Carolina festejó por partida doble. Ese día la primera dama
del principado de Mónaco no sólo celebró su cumpleaños número 42 sino que le dio el sí definitivo a su
novio, el príncipe Ernst de Hannover. En una ceremonia estrictamente familiar, y lejos de la mirada indiscreta
de los medios de comunicación, la feliz pareja hizo votos de amor eterno frente al presidente del Consejo
de Estado, Patrice Davost. Si bien el noble origen de los contrayentes habría sido excusa suficiente para
convocar a todas las casas reales de Europa, lo cierto es que al enlace sólo asistieron ocho personas, entre
las que se encontraban los tres hijos de Carolina y los dos de Ernst. La nota disonante corrió por cuenta
de la rebelde Estefanía, quien decidió a última hora no asistir a la boda para irse a esquiar a los Alpes. Con
este gesto la menor de los Grimaldi quiso sacarse la espinita con Carolina, pues es bien sabido que la
princesa nunca estuvo de acuerdo con el tercer embarazo de Estefanía.El sigilo con el que se llevó a cabo la
ceremonia y el hecho de que los novios no salieran a saludar desde el balcón ha despertado todo tipo de
especulaciones. Los expertos en realeza aseguran que el príncipe Rainiero prohibió hacer una gran fiesta
debido a que la opinión pública aún recuerda que lo que hizo Carolina fue quitarle el marido a una de sus
mejores amigas. Los más morbosos, entretanto, se inclinan por la versión amarillista según la cual la boda
pretendió remediar un posible embarazo de Carolina. Lo que nadie puede negar es que con este nuevo
matrimonio la princesa se juega el todo por el todo ya que sus pasadas experiencias amorosas han sido
desastrosas. Su primera decepción vino de la mano de Philippe Junot, el playboy francés del que se divorció
luego de dos años de tormentosa convivencia. Como si esto fuera poco su segundo marido, el italiano
Stefano Casiraghi, murió trágicamente en 1990 cuando la lancha deportiva que conducía se accidentó.Hoy el
amor ha vuelto a hacer de las suyas y Carolina espera haber encontrado por fin a su alma gemela : el
príncipe Ernst de Hannover.Jefe de una de las casas reales más antiguas de Europa, Ernst es biznieto del
kaiser Guillermo II, descendiente directo del rey Jorge III de Inglaterra y primo de las reinas Isabel II de
Inglaterra y Sofía de España. La aceptación que tiene su nombre en el entorno del jet set internacional es tan
alta que ya en los años 80 la princesa Grace lo veía como el mejor partido para casar a Carolina. Pero en ese
entonces la pareja tenía otros intereses y mientras Carolina festejaba su divorcio de Junot con varios
amantes, Ernst llevaba al altar a Chantal Hochuli, una bella aristócrata suiza. Fiel a las normas del protocolo,
Chantal comenzó a frecuentar las amistades de Ernst, entre las que se encontraba, como era lógico,
Carolina. Las dos mujeres establecieron un vínculo tan especial que Chantal fue una de las personas que
estuvo más cerca de Carolina cuando sobrevino la muerte de Stefano.Ante una relación tan estrecha y
fraternal nadie pensaría que en el fondo se estuviera gestando un tórrido romance. Los primeros indicios se
dieron en 1994 luego de que la princesa terminara su relación con el actor Vincent Lindon. Como es habitual
entre amigos, Carolina buscó el consuelo de Ernst, que ni corto ni perezoso se convirtió en su paño de
lágrimas. Gracias a esta jugada del destino el sueño de la princesa Grace comenzó a hacerse realidad.
Secreto a voces
La señal de alerta se presentó en febrero de 1995 cuando unos fotógrafos pescaron in fraganti a la pareja
en un viaje por el Lejano Oriente. Al verse descubiertos los intrépidos amantes negaron cualquier romance y
para evitarse problemas trataron de guardar las apariencias. A pesar de que la relación era un secreto a
voces, Chantal aseguraba que su marido sólo estaba consolando a su gran amiga Carolina, quien en esos
momentos estaba muy afectada por su repentina pérdida de cabello. Pero las pruebas eran contundentes:
Ernst y Carolina se besaban en público, se iban de vacaciones, asistían a fiestas y se juraban amor
eterno. Incapaz de mantener la farsa un minuto más Chantal mandó al traste la dichosa amistad, pidió el
divorcio y optó por guardar silencio.Aunque en primera instancia la ganadora es Carolina, los expertos en
realeza no están tan seguros de eso pues lo cierto es que hasta ahora ningún matrimonio Grimaldi ha
tenido un final feliz.

¿Tiene algo que decir? Comente

Para comentar este artículo usted debe ser un usuario registrado.