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| 9/13/2014 10:00:00 PM

La venganza de la ex de Hollande

El libro que la periodista Valérie Trierweiler acaba de publicar sobre su ruptura con el presidente francés François Hollande es una pequeña revancha que no habla muy bien de ella.

“Lo sentimos, ya no tenemos el libro de Valérie Trierweiler, pero todavía quedan novelas de Balzac y Dumas”. Con ese tipo de frases irónicas algunas librerías francesas protestaron contra el éxito de la obra de la exprimera dama sobre su ruptura con el presidente François Hollande, cuya infidelidad se dio a conocer a comienzos del año. La frialdad de los comentarios de los libreros contrastó con el terremoto mediático que causó su publicación y con los 170.000 ejemplares que se vendieron en tan solo seis días.

Merci pour ce moment (Gracias por ese momento) es una represalia dramática y cruel de Trierweiler contra Hollande, a quien dibuja como una persona fría, cínica, y mentirosa. “Se presenta como el hombre que no ama a los ricos. En realidad, el presidente no ama a los pobres. Él, el hombre de izquierda, dice en privado: ‘los sin dientes’, muy orgulloso de su broma”, escribe. También narra con un tono rosa detalles de sus primeros encuentros y con desencanto y rabia la infidelidad del mandatario. “En materia de cobardía, todos los hombres infieles se parecen”, sentencia.

El libro sale casi ocho meses después de conocerse las fotos de la revista Closer en las que el mandatario aparece bajándose de una moto y entrando con casco al edificio donde vive la actriz Julie Gayet, a solo 140 metros del Palacio del Elíseo. La revelación provocó la ruptura del presidente con Trierweiler, la misma mujer por la que había dejado a Ségolène Royal, excandidata presidencial socialista y madre de sus hijos.

La obra no solo traza un retrato poco halagüeño del presidente, sino de la propia Trierweiler, que hubiera podido posar como una heroína víctima de la infidelidad, pero que prefirió mostrarse como una mujer colérica e impulsiva. Se trata de una confirmación de los rumores de la prensa sobre su temperamento. Trierweiler confiesa que se descompuso de celos durante la celebración de la victoria de los socialistas en mayo de 2012, cuando Hollande le dio un inocente beso en la mejilla a Ségolène Royal. Asegura además que también por celos envió un tweet de apoyo a un rival de Royal durante las elecciones legislativas de junio de 2012.

Pero lo más inesperado de su narración son los detalles de sus intentos de suicidio. Poco después de la publicación de Closer, se supo que Trierweiler estaba hospitalizada: “François me sigue al baño. Intenta quitarme la bolsa. Corro a la habitación. Él coge el saco y se rompe. Pastillas se esparcen en la cama y en el piso. Logro recuperar algunas. Me trago lo que puedo”, cuenta.

No era la primera vez que Trierweiler intentaba quitarse la vida. En diciembre de 2013, ante los rumores de la infidelidad de Hollande, ella le exigió explicaciones y, al no obtenerlas, explotó de rabia: “Pastilla tras pastilla me tomo una plaqueta de somníferos. Deben quedar ocho. Regreso y me los tomo delante de él. No sé si esa historia es real, en el fondo no lo creo, pero no entiendo su actitud. Él se ha vuelto muy duro y tan diferente, indiferente, y tengo el sentimiento que ya no me ama. Me intenta arrastrar para ir a vomitar. Caigo sin fuerzas sobre el canapé. No siento mi cuerpo, no logro hablar pero escucho, comatosa”.

Luego de la ruptura, Hollande habría intentado recuperarla. Durante los primeros meses de separación, el presidente no dejó de mandarle rosas blancas y rosadas, sus preferidas. También le hacía declaraciones apasionadas, le escribía que no veía a Gayet desde enero y llegaba a enviarle más de 20 textos al día. “Le respondo que él me echó al piso y no ha hecho nada para levantarme”.

Los intentos del mandatario fueron en vano: si Trierweiler lo hubiera perdonado, ella no habría decidido hacerle la vida imposible. Como la oposición, los ministros inconformes y el 87 por ciento de franceses que ven en él a un incompetente mentiroso.
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