Domingo, 11 de diciembre de 2016

| 1998/02/16 00:00

LA VERDADERA PELICULA

LA VERDADERA PELICULA

Al contrario de lo que muestra la película, la historia de la princesa rusa no fue ningún cuento de hadas. Casi 80 años después de que los Romanov fueran asesinados su legado aún se mantiene vivo gracias a la leyenda de Anastasia, una de las cuatro hijas de Nicolás II, el último zar de Rusia. Esa historia ha inspirado libros, documentales, películas y, recientemente, la primera producción de dibujos animados de la cadena Fox. La cinta, que se proyecta actualmente en Colombia, cuenta la vida de una princesa cuyos padres y hermanos mueren en la revolución rusa. No obstante ella logra escapar y en la huida tiene un accidente que le hace perder la memoria. Después de vivir como una huérfana pobre decide ir a París, donde descubre que hace parte de la familia real de Rusia. La versión de dibujos animados desarrolla paralelamente una historia de amor con final feliz como cualquier cuento de hadas. Sin embargo la vida de la verdadera Anastasia está enmarcada más por la tragedia y el misterio que por la fantasía. Aunque era linda y simpática, su desgraciada existencia bien puede haber comenzado el día de su nacimiento. Después de tener tres hijas, Olga, Tatiana y María, el zar estaba esperando con ansiedad la llegada del heredero. El desencanto no pudo ser mayor cuando se enteró que el recién nacido era otra niña. El y su esposa, la zarina Alexandra, una duquesa alemana nieta de la reina Victoria de Inglaterra, solo consiguieron el primer hijo varón tres años después cuando nació Alexei, un hermoso niño que sufría de hemofilia. La vida de Anastasia se proyectaba como la de una hermosa princesa que seguramente habría vivido un romance de película con su propio príncipe azul de no haber existido los bolcheviques. Pero para cuando ella tenía 15 años las semillas de la revolución empezaban a germinar y las revueltas en San Petersburgo eran cada vez mayores. Después de tres años de luchas, en 1917 el zar tuvo que abdicar al trono, con lo que terminó el reinado de 300 años de la dinastía Romanov. Los bolcheviques hicieron prisioneros a los miembros de esta familia, primero en su palacio de verano y más tarde en una mansión en Tobolsk, donde vivían bajo estricta vigilancia. En abril de 1918 la familia fue trasladada a una cabaña en los montes Urales, donde las condiciones del cautiverio empeoraron aún más. La familia padecía hambre y frío. Dos meses después llegaron varios soldados a la casa con el pretexto de llevar a los prisioneros a otro lugar. Pero en realidad la visita obedecía a una orden de los bolcheviques de liquidar a la familia. Esa noche 11 guardias llevaron al zar, a la zarina y a sus cinco hijos a un oscuro sótano, donde los asesinaron a tiros de revólver. Las mujeres habrían sido las últimas en morir porque fueron protegidas por las joyas que habían guardado bajo sus vestidos. De acuerdo con la versión oficial ninguno de los Romanov sobrevivió. Los cuerpos fueron descuartizados, quemados, cubiertos con ácido y enterrados en una fosa común. Las versiones extraoficiales de la ejecución hicieron que este histórico episodio comenzara a tener visos de leyenda. En 1920 se esparció por toda Europa el rumor de que la princesa Anastasia habría sobrevivido a la ejecución. Esto generó un desfile de mujeres que declaraban ser la princesa perdida pero ninguna logró convencer a los expertos en el tema. En 1922 Franziska Schanzkowska, una mujer polaca que trabajaba en Alemania, trató de suicidarse. La policía la rescató pero no logró identificarla porque sufría de amnesia. Cuando se recuperó dijo que era Anastasia Romanov. La mujer recordaba que iba a ser asesinada pero que un soldado la ayudó a escapar. Su gran parecido físico con Anastasia, sus elegantes modales y su relato _tejido con una serie de detalles que solo la princesa rusa podía saber_ hizo que varios miembros de la familia la aceptaran como Romanov. No obstante, otros la rechazaron por un simple detalle: la polaca no hablaba bien el ruso. En 1929, se estableció en Estados Unidos donde se le conoció como Anna Anderson y, aunque nunca fue reconocida oficialmente, logró ser aceptada en los más exclusivos círculos sociales y pasar como la gran duquesa hasta el fin de su existencia, en 1984. Incluso consiguió ser enterrada en la cripta de los parientes de los Romanov en Alemania. En 1991 los restos del zar y su familia fueron exhumados. Para comprobar que los huesos pertenecían a los Romanov fue necesario hacer varias pruebas de ADN, comparando la sangre de la zarina Alexandra con la del príncipe Felipe de Edimburgo, quien era pariente de la madre de Anastasia. Una vez confirmaron su autenticidad los científicos enfrentaron otro problema: dos cuerpos faltaban, el del pequeño zar y el de una de las niñas, presumiblemente Anastasia. Esta falta hizo que la versión del escape de Anastasia tomara fuerza nuevamente. Una misión de científicos exhumó el cadáver de Anna Anderson para hacer una prueba de ADN que despejara todas las dudas sobre su autenticidad, la cual descartó de plano la posibilidad de que Frank fuera una Romanov y los científicos concluyeron por primera vez que nadie pudo haber escapado de la masacre. La ausencia de los dos cadáveres tendría su explicación en el intento de los bolcheviques por ocultar toda evidencia del atroz asesinato. La película Anastasia no ha sido el único factor que ha revivido la historia de los Romanov. A finales del año pasado el gobierno ruso estableció una comisión para examinar la autenticidad de los huesos y determinar el lugar donde deberían ser sepultados. Incluso la Iglesia Ortodoxa rusa está estudiando canonizar a la familia, por lo cual Anastasia alcanzaría el rango de santa. La comisión terminará su estudio la próxima semana y solo entonces se sabrá si el zar y su familia por fin podrán descansar en paz.

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