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| 11/30/1998 12:00:00 AM

LA VIUDA NEGRA

La ex esposa de Maurizio Gucci, el último descendiente de la dinastía propietaria de la casa de modas Gucci, podría ser condenada a cadena perpetua por el asesinato de su marido.

El asesinato de Maurizio Gucci, descendiente de una de las familias más destacadas del mundo de la moda, tiene todos los ribetes de una película de suspenso. No sólo por los móviles que desataron la tragedia sino porque detrás de ella parecen confirmarse los perversos intereses de su ex esposa, Patrizia Reggiani Gucci. Tanto que la semana pasada y luego de tres años de investigaciones, durante los cuales Patrizia fue detenida como principal sospechosa del crimen, el fiscal acusador en el caso pidió para ella la máxima pena de la legislación italiana: cadena perpetua. Carlo Nocerino, el abogado acusador, también solicitó la misma pena, bajo el cargo de homicidio premeditado, para otras cuatro personas implicadas en el hecho: una pitonisa, el portero de un hotel, el sicario y el cómplice de este último que manejaba el carro en el que el asesino abandonó la escena del crimen. Maurizio Gucci fue asesinado el 27 de marzo de 1995, a la edad de 46 años, en una céntrica calle de Milán. Según la policía italiana, un hombre de edad madura y bien vestido llamado Benedetto Ceraulo le disparó por la espalda tres tiros a la altura de la nuca y se alejó en un Renault Clio de color verde que era conducido por su cómplice, Orazio Cicala. El cadáver del que fuera el último Gucci con asiento en el consejo directivo de la famosa compañía productora de artículos en cuero quedó frente a la entrada del edificio donde tenía su oficina, desde la cual dirigía el emporio que había creado bajo el nombre de Vierse.En un principio se creyó que su muerte era el resultado de un ajuste de cuentas relacionado por deudas sin pagar. Pero el hilo conductor de la investigación llevó a la policía a poner en prisión, dos años después, a Patrizia Reggiani Gucci, madre de las hijas del empresario, Alessandra, de 22 años, y Allegra, de 17.La semana pasada las dos asistieron por primera vez al juicio que se le sigue a su madre. Según la agencia de noticias Ansa están convencidas de que ella es inocente: "Miren a mamá: parece un pollito. No puede ser la 'dark lady' que han descrito aquí. Es la víctima de un complot", dijeron.
La ira desenfrenada
A pesar de estas conmovedoras declaraciones la verdad es que existe evidencia suficiente para afirmar que Patrizia sentía un odio enorme por su ex esposo desde su separación. Esta se produjo un buen día, cuando el mayordomo de la familia se le acercó para comunicarle que el señor Gucci se había ido de la casa y no regresaría más. Los testigos afirman que en ese mismo instante Patrizia lanzó un grito, pero de guerra, y que en repetidas ocasiones dijo que su mayor deseo era ver muerto a su esposo. Aunque Maurizio le había asignado una pensión de 860.000 dólares anuales para su manutención, la ambición de la hoy llamada 'Viuda Negra' iba más allá. Su mayor preocupación era, efectivamente, que Gucci pudiera derrochar su fortuna en inversiones riesgosas y lujos innecesarios. También la desvelaba el temor de que otra mujer pudiera llevar su apellido. Por eso se oponía a que él se casara con su novia, Paola Franchi, quien aportó diversos testimonios en su contra durante el desarrollo del caso.Todo esto llevó a Patrizia a buscar consuelo y ayuda en su pitonisa de cabecera, Pina Auriemma, de quien se ha dicho en el juicio que se adelanta en un tribunal de Milán que fue la encargada de contactar a Ivano Savioni, el portero del Hotel Adry, para que le colaborara en el plan homicida. Savioni fue el primero en confesar toda la verdad y en acusar a Pina de haberle pedido que contratara un sicario. En un principio los abogados de Patrizia, Giovanni Maria De Tola y Gaetano Pecorella, argumentaron que ella padecía trastornos mentales como resultado de una cirugía en la que le extirparon un tumor cerebral en 1992. Según ellos, las posibles secuelas de esta operación la incapacitaban para ingeniarse un delito. Sin embargo el pasado 14 de octubre los resultados de las pruebas sicológicas practicadas a la ex mujer de Gucci tumbaron ese argumento al concluir que nunca había perdido sus facultades mentales. La defensa expuso que la viuda de Gucci era una víctima de Pina Auriemma, quien no solo la chantajeaba sino que había llegado a someter su voluntad por medio de sus poderes paranormales. De Tola y Pecorella la acusaron de ser la verdadera mente siniestra del famoso homicidio. "Ella conocía el deseo de Patrizia de ver muerto a su ex esposo; por eso lo mandó matar, porque abía que una vez se cometiera el homicidio la podía chantajear".
La estocada final
El fiscal Carlo Nocerin, quien está convencido de que en el crimen hay cinco implicados, tiene pruebas contundentes contra la señora Reggiani. La primera es el propio testimonio de la mamá de Patrizia, Silvana Barbieri, que en pleno juicio dijo que "desafortunadamente no detuve a tiempo a Patrizia cuando decía que quería matar a su marido". La segunda es un depósito por 150 millones de liras (90.000 dólares) en favor de Pina girado en 1994 y considerado como el anticipo del crimen. La defensa dice que esta suma corresponde a un préstamo que la ex esposa de Gucci le había hecho a su pitonisa. Añade también que cuando en 1996 Pina volvió a pedirle dinero a Patrizia, ésta se puso en contacto con el abogado de aquélla para decirle que no se lo daría porque aún no le había pagado la suma anterior. Según los abogados, si la fuerte suma fuera el anticipo para un crimen Patrizia nunca se habría puesto en contacto con el abogado de la señora Pina Auriemma. A pesar de todo el fiscal insiste en su hipótesis de que, salvo Patrizia, ninguno de los otros implicados quería en verdad ejecutar el crimen. Según Nocerino, lo único que querían era tomar el dinero, pero Patrizia presionó con insistencia hasta lograr su objetivo. Quizás por eso, al pedir la cadena perpetua para la 'Viuda Negra', el fiscal Carlo Nocerino concluyó: "Patrizia Reggiani es la autora intelectual, Pina Auriemma e Ivanno Savioni los organizadores, y Orazio Cicala y Benedetto Ceraulo, los ejecutores materiales". Así las cosas ninguno de ellos está exento de la responsabilidad penal y civil que les cae por este delito.
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