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| 10/13/2012 12:00:00 AM

La vuelta al mundo en 80 días

A pesar de que varias personas han muerto en el intento, un grupo de aventureros está a punto de emprender uno de los recorridos más peligrosos del planeta: darle la vuelta al globo solos, a bordo de un velero, sin escalas ni ayuda.

“En cubierta siempre uso un chaleco salvavidas y me amarro al velero. Si te caes del barco en una competencia, estás muerto”, asegura Alex Thomson, un navegante británico que participará en Vendée Globe, la regata en solitario más exigente y peligrosa del mundo, que se realiza cada cuatro años. Su comentario parece exagerado, pero la verdad es que más de un competidor ha muerto tratando de alcanzar el primer puesto de la carrera que le da la vuelta al mundo en embarcaciones de vela. Aún así, esas historias lo tienen sin cuidado y en la séptima edición del certamen, él y los británicos Mike Golding y Samantha Davies están resueltos a quitarles a los franceses su hegemonía en la competencia.

Podría ser un ameno paseo de Francia a África, Australia y Sur América, pero la carrera se recrudece por las reglas que estipulan que los participantes deben viajar solos, no pueden acercarse a las costas y tampoco recibir ayuda externa. Por eso, deben ser navegantes tan experimentados como Thomson, Golding y Davies, quienes ya han participado. Si bien no han podido ganar, esperan que eso cambie en noviembre cuando se inicie la carrera en la costa francesa.

Desde hace meses entrenan, simulan las condiciones extremas que enfrentarán en los cerca de 80 días de viaje y organizan las provisiones y equipos. “Instalar un sanitario en el barco lo vuelve muy pesado”, explica Thomson, así que utilizará bolsas biodegradables que se descomponen en el mar. Otro estricto régimen es el de la vigilia, necesaria cuando empiezan a navegar cerca de las heladas aguas de la Antártida, pues a pesar de que la competencia se realiza durante el verano austral, la posibilidad de chocar con un iceberg es enorme. Por eso, Golding planea dormir en una hamaca un total de cinco horas diarias en lapsos de 45 minutos.

Pero tal vez la mayor preocupación de los competidores es qué hacer en caso de emergencia, pues siempre están lejos de alguien que los pueda socorrer. En la tercera edición, el velero del inglés Tony Bullimore se volcó y cuando fue rescatado cinco días después, estaba deshidratado y había perdido un dedo por el frío. Otro caso desafortunado fue el del francés Yann Eliès quien se fracturó el fémur en la carrera de 2008 y tuvo que esperar 48 horas antes de que alguien lo ubicara. Incluso, en 1993, a Bertrand de Broc, quien competirá esta vez, se le cayó parte de la lengua y él mismo tuvo que cosérsela. Por eso los botiquines de los participantes ahora no solo tienen curitas y agua oxigenada, sino que cargan desde yeso, hilo quirúrgico y agujas, hasta morfina.

Con todo y eso, Bullimore, Eliés y De Broc contaron con más suerte que el canadiense Gerry Roufs en 1996. Cuando sus equipos dejaron de transmitir la señal de su ubicación, se inició un gran operativo de búsqueda, pero su bote solo fue encontrado cinco meses después cerca de Chile sin rastros de su cuerpo. El británico Nigel Burgess también desapareció en la carrera de 1992: cuando encontraron su velero, descubrieron que se había ahogado.

Los riesgos de la carrera son muchos. No en vano solo terminan aproximadamente la mitad de los participantes que empiezan. Aunque el objetivo siempre es obtener los 160.000 euros del primer lugar, la mayoría lo único que anhela es sobrevivir. Como explica Thomson: “Hablamos de ganar, pero lo más importante es poder regresar a casa sanos y salvos”.
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