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| 11/26/2012 12:00:00 AM

Las frías memorias de un presidente

Un adelanto del libro de José María Aznar confirma que el expresidente es tan pragmático que las emociones no parecen figurar en ninguna de sus agendas.

Quizás lo menos frío de las memorias del expresidente del gobierno español José María Aznar sea la foto de la portada de su libro (Planeta). En ella aparece en un gesto menos adusto del que se siempre lleva consigo, aunque tampoco alcance el grado de afabilidad que quisiese un ciudadano que tope con él en alguna calle de Madrid.
 
El portal Huffington Post entrega un avance sobre la obra que se lanzará el próximo 27 de noviembre y los apartes que deja ver, ratifican que Aznar está hecho de un material que, para sus simpatizantes, le da altura de estadista; mientras que para sus detractores confirma un chiste callejero que ya todo el mundo conoce: “Es como Aznar (le dice un contertulio a otro sobre un apartamento en las afueras de la capital Madrid): pequeño, oscuro y lejos del centro”.
 
Aquí, unos breves fragmentos:
 
Sobre los detalles del día del triunfo en las primeras elecciones: era una noche típica de primeros de marzo en Madrid y todos acabamos tiritando”.
 
En torno al asesinato por parte de ETA del concejal del pueblecito de Ermua, en el país vasco: “Le ingresaron en el hospital de San Sebastián. Unas horas después murió”,
Y sobre el mismo hecho: “El asesinato de Miguel Ángel Blanco causó una profunda conmoción política y social en España, y provocó reacciones en el resto del mundo”.
Pero el asunto, no el problema, parece pertenecer a todas las órbitas, no solo a la política. Asi fue su faena para pedirle la mano a su mujer:
 
“Lo nuestro fue lo que cualquiera llamaría un flechazo: nos conocimos en el vuelo de Estambul a Atenas, y en Atenas nos hicimos inseparables. Dos días después, ya de regreso en Madrid, le propuse que se casara conmigo. Me dijo que sí. Tardé sólo dos días en pedírselo y siempre he pensado que con un día habría bastado”.
 
Aunque esa forma de proceder no le era, ni mucho menos, ajena. Por ejemplo, ahí están los recuerdos del atentado que sufrió el 19 de junio de 1995, y en el que lo salvó el blindaje del carro en que se movilizaba: “Salí del coche por mi propio pie y pregunté inmediatamente por mis escoltas. Estaban en la calle, aturdidos y chamuscados, pero enteros, pistola en mano. Les dije “Guarden eso: los que han hecho esto ya no están por aquí”.
 
Su esposa llegó: “Ana estaba muy impresionada y lloraba. Le dije que estaba bien y le pedí que se ocupara de los niños (…) Recuerdo ver llegar a Ana. Estaban haciéndome una de las muchas pruebas a las que me sometieron y la vi detrás del cristal de la habitación. Le dije: “No te preocupes, creo que envejeceremos juntos”.
 
¿Qué vendrá después de estas Memorias I? La mejor respuesta la daría el propio Aznar: “Las memorias II”, en las que, a diferencia de las primeras en donde el tema principal es la política interna, vendrán, ojalá revelaciones sobre cómo fue el contacto y los pulsos con los diferentes gobernantes mundiales de su época, entre ellos uno que ni él ni los españoles olvidan con facilidad: George W Bush.
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