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| 10/16/1989 12:00:00 AM

Las mil y una noches de Amparo

Desde jeques arabes hasta ministros colombianos en las memorias íntimas de la Grisales.

La época no pudo ser peor. De no haber sido porque coincidió con un momento en que en Colombia sólo se habla de bombas y atentados, probablemente la única bomba de que estuvieran hablando los colombianos serían las explosivas confidencias de Amparo Grisales publicadas en la revista Mia. En los primeros números de la nueva publicación, la Grisales se destapa, aunque no en el sentido tradicional sino a la manera que se desnudan los personajes de la farándula internacional: revelando indiscretas intimidades por jugosas sumas de dinero.
Aunque Amparo no aceptó revelar la suma que recibió por contar sus aventuras amorosas, si admitió que " fue algo más que para pagar un sobregiro" y no negó que la cifra pueda estar cercana al medio millón de pesos por capítulo.
Además de la jugosa suma, no cabe duda que la actriz accedió a relatar sus aventuras amorosas por tratarse de una publicación respaldada por RTI, que la edita en consorcio con Editora Cinco, programadora con la que Amparo Grisales ha trabajado en forma exclusiva en los últimos años. Ella fue la protagonista de la serie "Los pecados de Inés de Hinojosa" y será la de "Maten al León", que se filma actualmente en Barranquilla.
Mía es una revista femenina de 40 páginas, que es promocionada como "toda útil", ha resuelto implantar en Colombia una modalidad de periodismo que ha hecho carrera en España, donde los personajes de la farándula y también los de la aristocracia convirtieron su vida privada y sus escándalos en un rentable "modus vivendi". En cada ejemplar de la nueva publicación, junto a los consejos para colgar una repisa o las explicaciones acerca de las propiedades nutritivas del banano, un personaje nacional revela aspectos de su vida que "nunca antes contó".
Lo que nadie esperaba, ni siquiera los mismos editores de la revista, es que las revelaciones de la actriz Amparo Grisales fueran tan picantes. La verdad es que su relato nada tiene que envidiar a las infidentes páginas del diario de Andy Warhol.
Los editores pidieron a la actriz que contara "algo distinto" a los cientos de reportajes que se han publicado sobre su vida. Y Amparo, experta en el manejo de su propia imagen, seleccionó picantes y osados episodios que fueron transcritos por encargo de la revista, al pie de la letra por un periodista español, ya que ella en ese momento se encontraba en Madrid. En el primer capítulo la Grisales cuenta, sin reato ni recato, cómo en un "verano loco" a bordo del lujoso yate de Adan Kashoggi, la mujer del magnate -hoy en desgracia- intentó seducirla. Amparo se encontraba allí como protagonista que será, al lado de Robert De Niro y Christopher Lambert, de la película "La conquista", en la cual interpretará el papel de Malinche, la indígena mexicana que sedujo a Hernán Cortés.
Los dos capítulos siguientes parecen extractados de Las Mil y Una Noches. En ellos la actriz cuenta, en detalle, su osado romance con un apuesto jeque árabe. En uno de los apartes, señala que a bordo de su avión privado, rumbo a Marbella, a la hora de la cena hicieron el amor "sobre una colcha de mariscos, frutas tropicales y vinos espumosos". Luego de siete días de permanencia en un palacio, Amparo y su amiga Martine Callandry, experta en millonarios del jet-set, se dieron cuenta de que no se encontraban en Marbella sino en el mismísimo Marruecos y eran ya parte del harem de su millonario y enigmático amigo Abu Abd, de quien huyeron a lomo de camello por el desierto.
La última aventura que cuenta la Grisales en la revista no tuvo los exóticos escenarios de las tres experiencias anteriores. Fue en el despacho de un ministro colombiano, adonde llegó vestida discretamente para solicitar una recomendación "y posiblemente un cargo político" y salió descompuesta "con la medias rotas y roja de la ira", luego de un forcejeo para escapar al asedio sexual del político. A pesar del osado contenido de las primeras entregas, fue sólo el último el que levantó ampolla y comentarios picantes. Aparte del paradero de Pablo Escobar y Rodríguez Gacha, en las últimas semanas la pregunta del millón es ¿quién es el lanzado y atrevido ministro?
"Nunca lo diré -responde enfática la Grisales-. Y no quiero hablar más de ello", ha dicho a la prensa. "Sólo quise contar algo divertido y un tanto osado, por lo cual me pagaron muy bien.
Conté cuatro anécdotas de mi vida personal y pedí que no me cambiaran nada. Pero eso dio pie para que se desatara una jauría en busca de una presa... A los colombianos les encanta leer las intimidades de los artistas de Hollywood y les aguantan todo, pero apenas uno cuenta algo parecido, quienes tienen una doble moral lo cuestionan y se escandalizan. Yo no le estoy haciendo una maldad a nadie ni me imaginé que causara tanto revuelo. Lo único que sé es que ya no vuelvo a contar nada. Quizás en mi vejez escriba un libro con mis memorias... A nadie le importó mi danza de los siete velos sino el ministro que, de pronto, ni existe", concluye divertida.
Y mientras Amparo señala que la historia del ministro es un capítulo cerrado, algunos artistas han llamado a la revista Mía pidiendo turno para contar sus intimidades. Los editores señalan que después de Delfina Guido seguirán los actores Juan Pablo Shuck y el veterano Carlos Muñoz. Sin embargo, aparte de las aventuras amorosas de la Grisales con jeques árabes y ministros, no existe otro personaje en el país cuyas picantes intimidades interesen tanto al lector. Habrá que ver si la fórmula española impuesta en Colombia tiene con los otros personajes el impacto de bomba que tuvo la Grisales.-

LO QUE LA DIVA CONTO
"Sólo sé que Martine me dijo que se trataba de un apuesto árabe de unos 40 años, que se había deslumbrado con migo y nos rogaba que aceptáramos, en su avión privado volando hacia Marbella.
Ahí comenzó algo que a mí me pareció un sueño. Para empezar, e] avión era digno de una película de ciencia ficción. Tenía varias habitaciones, sala de cine, una biblioteca con miles de libros, jacuzzi en los baños, alfombras persas, candelabros sujetos a mesas castellanas de principios de siglo... No lo podía creer y no podía creer que aquel gigantesco aparato fuera piloteado por una mujer de tez oscura y ojos mustios que no hablaba ni una palabra. Ninguna de las mujeres de su séquito -no había ningún hombre- hablaba una palabra. Eran tan sobrias, bonitas y distantes que parecían formar parte de la pinacoteca de nuestro amigo.
Pero dejen que les cuente cómo era mi suite, mi camarote, mi cabina, como quieran llamarle. Era circular y la cama estaba construída en una concha marina abierta, de dos metros de altura.
De modo que yo soy la perla -pensé con cierta ironia. Tenía video, televisión, teléfono y un armario con un vestuario digno de una princesa. Todo estaba hecho a mi medida. Me probé tres o cuatro trajes y, vestida con una túnica plateada y un vaporoso vestido de seda que dejaba traslucir mis pechos, salí en su búsqueda. Hasta entonces no había podido verlo y me moría de ganas de conocerlo. Quería deslumbrarlo.
No tuve que esperar mucho. Lo encontre en la biblioteca: gafas con montura de oro, leyendo envuelto en un aroma de sándalo y una bata tan suave como su mirada, zapatillas color turquesa que brillaban como si estuvieran cubiertas de piedras preciosas. Un encanto. Si hubiera tenido un perro a sus pies, un vaso de whisky en las manos y una humeante chimenea al fondo, lo hubiera confundido con un señor feudal en su castillo escocés. Pero aquel castillo echaba fuego por las turbinas y viajaba a mil kilómetros por hora sobre un colchón de nubes.

Me gustaría contarles todo lo que pasó en ese momento, pero me temo que no haya espacio. Sólo les dire que su español era correcto y que su voz tenía un timbre embriagador y susurrante.

Tenía las maneras de un dandy y unas manos que eran un alarde de virilidad. En cuanto reparé en ellas deseé que se posaran en mí. Sí, caí automáticamente en sus redes, y ustedes, en mi lugar, también hubieran caido.
Y eso que al comienzo traté de zafarme de sus ojos negros y su imborrable sonrisa. Pero mi lucha por ocultar lo que sentía duró justo el prólogo que dio paso a la cena. En la mesa, los candelabros y el perfume de las rosas rojas que inundaban la sala, terminaron por turbar mis sentidos. ¿Serian 70 los deliciosos licores que me ofreció su enigmática y silenciosa servidumbre? Ni lo sé ni me importa; el caso es que la atmósfera que se creó entre los dos obligó a Martine a hacer mutis por el foro y desaparecer camino a su suite, mientras Abu Abd--asi se llamaba y debe seguir llamándose--y yo haciamos el amor sobre una colcha de mariscos, frutas tropicales y vinos espumosos".
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